Los periodistas cubanos, orgullosos herederos de quienes en 1959 abrieron con la Operación Verdad el camino de la defensa argumentada y comprometida de la Revolución, nos sumamos a la condena del ridículo acto anexionista celebrado el viernes 16 de junio en Miami.

Una patética minoría, nostálgica de la Guerra Fría, volvió a secuestrar ese día la política de esa ciudad del sur de la Florida, en un intento por devolverla a la triste misión de ser nido de los “insectos dañinos que le roen el hueso a la Patria”, definición martiana para quienes prefieren el protectorado imperial a la soberanía.

Viendo sonreír, detrás del discurso contra su país de origen, a los “desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte…”, tal cual los predibujó Martí en “Nuestra América”, recordamos su pregunta fundamental: “Pues el Washington que les hizo esta tierra, ¿se fue a vivir con los ingleses… en los años en que los veía venir contra su tierra propia?”

En estas jornadas de indignación nacional, hemos tenido el privilegio de abrir nuestros micrófonos, cámaras, páginas, sitios web y redes sociales a la brava y original voz de la sabiduría popular. Y nos creció el amor y el orgullo por lo que somos, por la terca, bella e irreductible identidad cubana.

Por respeto a la Patria de Lincoln y de tantos estadounidenses que han luchado junto a los cubanos dignos por el entendimiento definitivo de nuestras naciones vecinas, sin cortapisas perversas ante diferencias de sistemas y credos políticos, compartimos la madura y soberana decisión del gobierno revolucionario, de mantener abiertas todas las puertas al diálogo, sin concesiones.

No es un compromiso de coyunturas. Es una deuda con lo mejor de la historia compartida, desde los tiempos de Henry Reeve en la manigua cubana, hasta los días que corren, marcados por la impronta de Fidel y de su generación, vencedores del odio con actos de solidaridad bajo el principio martiano de que “Patria es Humanidad”.

Pobres los que incapaces de innovar se refugian en políticas fracasadas, se cuelgan de la bandera de las barras y las estrellas y deliran con un triunfo que no atisban ni sus propios medios de prensa ni la mayoría en Estados Unidos. Frente al aullido huero y desequilibrado del enemigo, los cubanos optamos por la razón, la fidelidad y la firmeza del pensamiento revolucionario, y mantenemos levantada, con Bonifacio Byrne, la bandera que “orgullosa lució en la pelea, sin pueril ni romántico alarde”. La historia y la verdad del pueblo de Cuba constituyen un ensalmo inspirador e invencible.

Presidencia Nacional de la UPEC

21 de junio de 2017

Año 59 de la Revolución

 

Por REDH-Cuba

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