Una historia repetida

El de la localidad de Duma no fue el primer ‘ataque químico’ atribuido por las potencias imperiales y su maquinaria de propaganda al gobierno de Bashar al Assad. En varios momentos “convenientes” de la triste historia de esta guerra, Estados Unidos ha utilizado el tema para influir en el curso de los acontecimientos y, sobre todo, evitar la liquidación de los grupos terroristas que ellos financian para el “juego sucio” contra el gobierno sirio.

Hace un año, el 4 de abril de 2017 se produjo un supuesto ataque químico en la localidad siria de Jan Sheijun (provincia de Idlib) con gas sarín durante los combates entre el ejército sirio y la oposición armada, que controlaba la ciudad. La acción, decían los medios, se cobró 80 muertos y 200 heridos, entre ellos muchos niños. Nadie recordó en aquellos “reportes periodísticos” que 3 años antes Siria se había deshecho de su arsenal químico con supervisión internacional. Varios expertos pusieron en tela de juicio el ataque.

https://actualidad.rt.com/actualidad/235992-demostrar-falsedad-informe-ataque-quimico-sirio

También en aquella ocasión, la fuente informativa principal sobre el alegado ataque fueron los llamados Cascos Blancos, quienes distribuyeron en las redes
dos videos supuestamente grabados en el lugar de los hechos, momentos después del hecho. A diferentes investigadores les llamó la atención que los Cascos Blancos que estaban en el lugar del supuesto ataque y sin protección no resultaran envenenados con el gas sarín.

En respuesta, Washington acusó sin pruebas a Damasco de usar armas químicas y decidió realizar su primer ataque militar contra Siria como ‘castigo’ , sin el amparo del Consejo de Seguridad. El 7 de abril de 2017, 59 misiles Tomahawk fueron lanzados desde los destructores USS Ross y USS Porter contra la base de las tropas gubernamentales sirias en Shairat, provincia de Homs, . Mientras el presidente Trump decía disfrutar de una tarta de chocolate.

En una escena que hizo recordar otros montajes estadounidenses en la ONU, la embajadora Nikki Haley muestra foto de las supuestas víctimas del ataque químico de abril de 2017.

Medios de Guerra

En la confrontación ideológica y militar de la globalización, los medios de comunicación y las redes sociales digitales actúan como fuerza política y arma de combate. Se utilizan convenientemente para la fabricación de escenarios, la provocación, la exaltación y el ablandamiento en las situaciones de conflicto.

Ya parece lejana aquella orden de William Randolph Hearst a su fotógrafo en La Habana del 1898: “Usted ponga las imágenes que yo pondré la guerra”, le dijo, en los días de la voladura del Maine y el inicio de la guerra hispano-cubana-norteamericana. La primera guerra imperial tuvo un innegable montaje mediático.

Pero la era iniciada con la década del 90 del pasado siglo, en la que el imperio estadounidense se erigió como poder incontestable tras las desaparición del URSS, nos trajo de vuelta a los medios y la manipulación mediática como armas avanzadas de preparación de pretextos y escenarios de guerra.

Una compañía de publicidad, la American Hill & Knowlton (Grupo WPP), fue contratada en Washington en 1991, en los tiempos de Bush padre, para organizar el testimonio ante el Congreso estadounidense de una adolescente kuwaití de 15 años, de nombre Nayirah Nasir Al-Sabah. Entre estremecedores sollozos aquella jovencita se dirigíó a un comité de congresistas de EE.UU. para narrar una barbarie inhumana de la que decía haber sido testigo con sus propios ojos. Ante las cámaras de todos los medios que estaban en el Capitolio, con voz entrecortada por el llanto medio reprimido, Nayirah desvelaba al mundo la muerte de 312 bebés, en el hospital Al-Addan de Kuwait donde decía que trabajaba, que los malvados soldados iraquíes habían dejado morir de frío y hambre.

“Cuando estuve allí, vi a unos soldados iraquíes con sus pistolas en la sala dónde estaban los bebés en sus incubadoras. Sacaron los bebés de las incubadoras, se llevaron las incubadoras y dejaron a los bebés en el suelo frío para que muriesen”.

Amnistía Internacional validaba la veracidad de los hechos narrados. El mundo no necesitaba más pruebas del carácter malvado y sanguinario de Sadam Huseim.

La actriz principal de aquella farsa, que fue ampliamente difundida en los medios occidentales, era la hija del embajador kuwaití en Estados Unidos, que no estaba en Kuwait cuando ella decía haber sido testigo de la barbarie, ni había trabajado jamás en un hospital. Pero su testimonio se vendió en los medios de comunicación como el rostro de la tragedia. La Casa Blanca tenía el pretexto perfecto para lanzar su primera guerra como potencia incontestable, que sería televisada al mundo desde la CNN

Tampoco se puede olvidar como The New York Times y The Washington Post fueron utilizados convenientemente para justificar la invasión a Irak de marzo de 2003. En el diario de la urbe neoyorkina, por aquellos días, podían leerse titulares como: “Arsenal secreto: en busca de las bacterias de guerra” o “Un iraquí habla de los nuevos emplazamientos de armas químicas y nucleares”. Aquellos artículos los firmaba la periodista estrella del Times Judith Miller, quien reconoció que recibía la información del llamado Congreso Nacional Iraquí, organización con sede en Washington y financiada por la CIA. Los servicios secretos intoxicaban la información para atemorizar al público estadounidense y propiciar el escenario de guerra.

Así, el 5 de febrero de 2003, el Secretario de Estado Colin Powell le decía al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas “los hechos y el comportamiento de Irak muestran que Saddam Hussein y su régimen están incrementando sus esfuerzos en producir más armas de destrucción masiva.”​

Tras la frenética ofensiva mediática y política, el columnista del New York Times, Thomas Friedman, opinaba que “no hay ningún problema con una guerra por petróleo”. Mientras, el columnista del Washington Post, Richard Cohen, escribió que la teatralizada presentación de Colin Powell de “evidencia” fabricada de reservas de armas químicas iraquíes, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, fue “tan fuerte, tan convincente” que “no queda otra opción” más que ir a la guerra.

El 5 de febrero de 2003,el Secretario de Estado de los Estados Unidos Colin Powell sosteniendo un vial modelo de anthrax mientras daba una presentación en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Iraq

De manera similar lo han hecho después los poderes imperiales en las contiendas de Libia (con la ayuda de Al Jazeera y otros medios árabes) y Siria, o en la frenética ofensiva total contra la Revolución Bolivariana en Venezuela: inventar el escenario, generar la incertidumbre, promover el odio, atizar la violencia.

En video, la falsificación de la toma de Trípoli:

Todo está escrito

El rol de los medios de comunicación está en el centro mismo de la llamada Guerra No Convencional, entre otras razones, por su papel movilizativo y de manipulación de la realidad. Ellos preparan el terreno para la intervención de la insurgencia financiada o para la agresión directa, si fuera necesaria.

En el Manual del Ejército de EE.UU para la Guerra No Convencional de 2010 se define claramente la conexión medios – guerras: “El aspecto más importante de una insurgencia exitosa es la viabilidad del mensaje. Es esencial que el mensaje llegue a las personas y tenga un significado para su modo de vida. La insurgencia no puede ganar apoyo pasivo o activo sin alcanzar estas metas.”

También reafirma que “… la ideología como conjunto interrelacionado de creencias, valores y normas, es utilizada para manipular e influir en el comportamiento de los individuos dentro del grupo”.

El Manual define un escalamiento de acciones para llevar al quebrantamiento moral, la rendición o la derrota por las armas del gobierno enemigo. Entre ellas señala por orden de escalada:

– Creación de una atmósfera de amplio descontento mediante la propaganda y los esfuerzos políticos y sicológicos para desacreditar al gobierno.

– Agitación, crear opinión púbica favorable (evocando causa nacional), crear desconfianza en las instituciones establecidas.

– Intensificación de la propaganda, preparación sicológica de la población para la rebelión.

¿No se les parece esto demasiado a lo que ha ocurrido en la propia Siria?

Y por cierto, en el propio Manual del Ejército estadounidense se establece que uno de los primeros objetivos a aniquilar por la insurgencia (léase los aliados de Washington) son los medios de comunicación del adversario. En la Fase 6 de la estrategia se incluye como una de las operaciones a ejecutar: “Seleccionar como blancos la infraestructura del área de retaguardia, tales como almacenes de combustibles y municiones, patios de ferrocarriles, aeródromos, vías fluviales, plantas de generación de energía eléctrica, así como las instalaciones de radio, televisión y de otros medios masivos de comunicación”.

Estrategias de Laboratorio

No es casual que los llamados Cascos Blancos o las fuerzas terroristas financiadas por Washington y sus aliados en Siria tengan activa presencia en las redes sociales y el espacio público digital.

Allí se libran intensos y crecientes combates ideológicos, culturales, simbólicos. Allí se ha logrado, como en ningún otro escenario, propalar velozmente las mentiras, sembrar la duda, manipular los sentimientos.

Laboratorios mediáticos, ancladas en universidades o empresas privadas, trabajan incesantemente para construir imaginarios y fabricar “realidades”. Usan, como Cambridge Analityca, las herramientas de la psicometría, los fabulosos elementos que aporta el uso de la Big Data, apelan a la creciente conectividad para llegar a más audiencias y segmentar estas con mensajes particularizados, bien estudiados, que manipulan las emociones y los resortes subjetivos de los individuos.

Multimillonarias cifras se invierten en estos centros de investigación, desde donde se organizan campañas políticas y mediáticas. A ello se une la actuación de los servicios de inteligencia del imperio y otras potencias, el Comando Ciberespacial del Pentágono y los propios emporios de las telecomunicaciones, tan vinculados a las estrategias e intereses del gobierno estadounidense.

Lo ocurrido en Siria en estos años, refleja las técnicas diversas y las sofisticadas metodologías que hoy se usan para intervenir contra los procesos o gobiernos que no son del agrado imperial , basados fundamentalmente en el uso intensivo de las plataformas sociales, junto a la actuación manipuladora y perversa de los pulpos mediáticos tradicionales.

La estratagema de Duma no será la última que Estados Unidos usará para intentar acabar con el gobierno sirio y a la vez debilitar a Rusia, en la renovada Guerra Fría que en estos tiempos se libra. Probabilidad y peligrosidad se acrecientan ante la derechización amenazante de la actual administración estadounidense.

Para tales propósitos, alineados a la Casa Blanca y al financieramente vigorizado Pentágono, estarán disponibles los medios de comunicación del imperio y todo el “complejo militar-industrial-mediático de entretenimiento”, como lo denomina el reconocido profesor australiano James Der Derian. Tomemos nota para que no nos sorprenda.

Cubadebate

Por REDH-Cuba

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