La guerra cultural practicada por los distintos gobiernos de los Estados Unidos contra la Revolución Cubana ha tenido también como uno de sus componentes fundamentales la batalla en el terreno del lenguaje y los conceptos. “Democracia”, “derechos humanos”, “libertad” y “sociedad civil”, han formado parte, una y otra de vez, de la retórica hostil de las diversas administraciones  norteamericanas contra la Isla, con el propósito de distorsionar la realidad cubana ante los ojos del pueblo estadounidense y del mundo, así como de los propios ciudadanos cubanos.

Por supuesto, no solo la Mayor de la Antillas ha sido víctima de esas campañas, Washington posee una experiencia de más de dos siglos en el uso del discurso político y mediático en la construcción y satanización del  “enemigo”.  En especial, de ese “enemigo” que ha representado un desafío para los intereses de la clase dominante de ese país. Contra la URSS y los países ex socialistas se practicó la misma estrategia discursiva. Hoy observamos líneas de mensajes similares contra los procesos progresistas de América Latina y el Caribe.

Ante tal desafío, nuestra respuesta no puede ser jamás rechazar esos conceptos o tenerles miedo por ser parte de las campañas enemigas. “Uno de los grandes errores del socialismo que desapareció –advirtió Armando Hart- fue renunciar a las palabras. Tenían miedo a las palabras derechos humanos, democracia, libertad, cuando en realidad esos son palabras nuestras, de revolucionarios, y son además, parte de la herencia cultural de la humanidad”.

El debate sobre sociedad civil en Cuba

Desde que fuera utilizada por primera vez en los clásicos del liberalismo del siglo XVII –aunque algunos autores ubican el origen del término en el Medioevo, incluso en la Antigüedad-, la categoría sociedad civil ha tenido las más diversas interpretaciones y usos en el discurso político, desde el más amplio arcoíris de tendencias. Ha estado presente tanto en el pensamiento liberal –clásico y contemporáneo- como marxista, aunque desde concepciones distintas. No obstante, en no pocas ocasiones, las deformaciones del marxismo llevaron a que el manejo del término tributara al propio liberalismo y el positivismo.

En Cuba, el debate sobre el término sociedad civil comenzó a inicios de los 90 en el campo cultural, estimulado por el uso que el gobierno de los Estados Unidos hizo de esta categoría en su estrategia subversiva contra la Isla. Téngase en cuenta que, como destaca Jorge Luis Acanda: “En el discurso político de la derecha internacional, “sociedad civil”, es un término asociado a las políticas neoliberales, a la negación de las funciones económicas y redistributivas del Estado, y a la lucha contra el socialismo. La retórica política del gobierno norteamericano y los círculos más reaccionarios de los Estados Unidos sobre Cuba insistió (e insiste), en la inexistencia de una sociedad civil en nuestro país, debido a la presencia de un Estado totalitario que, supuestamente, impide la existencia de asociaciones libres, y coloca como elemento clave, para la derrota de la Revolución, la creación de una sociedad civil cubana que identifica con la proliferación de organizaciones no solo “no gubernamentales”, sino sobre todo antigubernamentales, que a la larga –siguiendo el ejemplo de Polonia y el Sindicato “Solidaridad” –darían al traste con el socialismo cubano”.  Es decir, el concepto llegó a nuestro país “trayendo una carga semántica no solo reaccionaria, sino contrarrevolucionaria”.

Las principales interpretaciones sobre el término se dividían en tres grupos: 1) Rechazo total por considerar que el concepto partía del lenguaje del enemigo 2) los que reproducían la visión liberal contemporánea del término, entendiendo la sociedad civil como el reino de lo privado y la antítesis del estado 3) los que aceptaban la utilización del término pero lo reducían solamente a las organizaciones políticas y de masas 4) los que reivindicaban el concepto desde las fuentes teóricas del marxismo crítico, en especial, desde los aportes de Antonio Gramsci en los Cuadernos de la Cárcel.

Una resolución aprobada por el V Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en marzo de 1996, marcó un hito histórico, al ser el primer partido comunista en el poder que reconocía la existencia de la sociedad civil, la cual definía como: “(…) nuestras potentes organizaciones de masas (CTC, CDR, FMC, ANAP, FEU, FEEM  e incluso los pioneros), las sociales, que como es sabido agrupan entre otros a los combatientes de la Revolución, a economistas, juristas, periodistas, artistas y escritores, etc; así como otras ONGs que actúan dentro de la legalidad y no pretenden socavar el sistema económico, político y social libremente escogido por nuestro pueblo, a la vez que aun cuando tienen su personalidad propia e incluso su lenguaje específico, junto al Estado revolucionario persiguen el objetivo común de construir el socialismo”.

Ya para ese entonces, Armando Hart, miembro del Buró Político del PCC y Ministro de Cultura, había publicado varios artículos en la prensa[viii] utilizando esa categoría y expresando la importancia de su desarrollo para el proceso  revolucionario cubano.

Después del Pleno del CC PCC se abrió una etapa en “que la posición de rechazo al término sociedad civil, por considerarlo antimarxista y antisocialista, se ha deslegitimado por completo y ya no es mantenida prácticamente por nadie”. El choque de criterios comenzó a darse entonces sobre “el contenido del concepto de sociedad civil y sentido de la reconstrucción de la sociedad civil cubana”. Por lo tanto, se mantuvieron las últimas tres tendencias señaladas anteriormente en la manera de asumir el concepto sociedad civil.

En el 2002 se publicó la obra Sociedad Civil y Hegemonía, del destacado filósofo cubano Jorge Luis Acanda, a mi entender el más completo estudio realizado en la isla sobre el manejo de estos dos términos en el pensamiento gramsciano. Luego se complementaría con otro libro de gran importancia del propio autor: Traducir a Gramsci.

¿Que entender por sociedad civil?

El gran aporte de Gramsci estuvo en haber entendido que, en las sociedades burguesas la separación entre sociedad política y sociedad civil era solo metódica, no orgánica. Gramsci, continuando una línea de pensamiento iniciada por Marx –quien también utilizó el término en varias de sus obras como La Guerra Civil en Francia, El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, entre otras, -, logró trascender la dicotomía Estado-sociedad civil. Para el marxista italiano, el Estado burgués moderno se expande molecularmente hacia la sociedad civil, a través de un conjunto de relaciones, dinámicas, estructuras, tangibles o intangibles que legitiman o deslegitiman el orden social establecido, modernizando una y otra vez la dominación. La sociedad civil es el espacio por excelencia de producción y reproducción ideológica cultural, de normas, valores y conductas. El conjunto de todas las relaciones sociales productoras de sentido, donde se afianza la hegemonía cultural, pero también desde donde se le desafía.

“La sociedad civil–destaca Acanda- la conforma el conjunto de organismos vulgarmente considerados “privados”, que posibilitan la dirección intelectual y moral de la sociedad mediante la formación del consentimiento y la adhesión de las masas. La sociedad civil está articulada por múltiples organizaciones sociales, de carácter cultural, educativo, religioso, pero también político e incluso económico. Por mediación de ella se difunden la ideología, los intereses y los valores de la clase que domina al Estado, y se articula el consenso y la dirección moral e intelectual del conjunto social”.

De ahí que, ubicándonos en el contexto actual – muy diferente al que Gramsci vivió- una Revolución socialista no debe proponerse solo destruir las estructuras visibles del estado burgués, sino subvertir aquellas más ocultas que se ramifican y perviven en la sociedad civil luego de tomado el poder, incluso, en el llamado “sentido común”, contaminado por el viejo orden burgués y por las fuertes influencias del orden burgués dominante a nivel internacional. El estado es solo una trinchera de avanzada “detrás del la cual existe una robusta cadena de fortalezas y casamatas”, escribió Gramsci en los Cuadernos de la Cárcel. Entonces queda claro que una Revolución anticapitalista, solo es posible si logra ser una revolución cultural, que alcance a crear las condiciones para que las masas se apropien y produzcan un modo de pensar diferente al que predominó históricamente y al que aún globalmente predomina en el mundo.

En tanto la sociedad socialista aspira a una nueva hegemonía cultural liberadora, su gran originalidad –como señalara Armando Hart- debe seguirse expresando en la sociedad civil. La sociedad civil es la fuente legitimadora por excelencia de la Revolución y el Estado Socialista, así como garantía de la democracia. Mientras más diversa, activa y fuerte sea esa sociedad civil, más posibilidades de lograr un consenso que mantenga y consolide esa hegemonía. Ello no significa que para fortalecer la sociedad civil, sea necesario debilitar al estado o viceversa, pues se trata de una “relación simbiótica”.Mientras existan las clases sociales el ideal socialista debe descansar en la conversión del estado en un instrumento de todo el conjunto de la sociedad civil.

Evolución y caracterización de la sociedad civil cubana

El triunfo de la Revolución cubana en 1959 trajo consigo una expansión a gran escala y democratización de la sociedad civil, la cual asumió muchas funciones típicas del Estado-Gobierno. En la década del 60, grupos y sectores históricamente preteridos tuvieron la oportunidad por primera vez de incorporarse a la vida social y política. La Campaña de Alfabetización y todos los proyectos culturales desplegados por la revolución elevaron a la condición de ciudadanos a millones de personas. Numerosas organizaciones y asociaciones que nacieron en los años 60 pasaron a formar parte de la vigorosa sociedad civil cubana. Mas la gran eclosión de la sociedad civil se expresó “en el redimensionamiento de todo el sistema de instituciones encargadas de producir y difundir las nuevas formas ideológicas que cimentaban el nuevo bloque histórico (desarrollo del sistema educacional, conversión de los medios de difusión masiva en instrumentos de interés público, etc, y por la inserción activa en esa sociedad civil de amplios sectores sociales que antes jugaban un papel pasivo, o que, por su posición marginal, ni siquiera podían considerarse incluidos en ella. Fue a través de esta nueva sociedad civil que la Revolución logró la obtención de su hegemonía”.

Sin embargo, en las dos décadas siguientes ocurrió un proceso inverso y las instituciones estatales gubernamentales asumieron muchas funciones de la sociedad civil. La sociedad civil se limitó y comprimió considerablemente.

Los 90 marcan nuevamente un momento de expansión, aunque realmente ese proceso había comenzado desde mediados de los 80, con el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas. A partir de 1985, cuando se promulgó la Ley de Asociaciones, y de 1987, en que se aprobó el Código Civil, surgieron más de dos mil asociaciones y sociedades civiles de diverso carácter en el país, dentro de las cuales una gran mayoría comenzó a funcionar como organizaciones no gubernamentales.

En la actualidad, en Cuba existen más de 2 200 organizaciones, entre las que se destacan, las propias organizaciones políticas, sociales y de masas, u otras organizaciones o asociaciones, científicas o técnicas, religiosas, culturales y artísticas, deportivas, de amistad y cualesquiera otras que funcionan en virtud de lo establecido por la Ley de Asociaciones y su Reglamento, que establece los requisitos para su creación, registro y funcionamiento. Todas estas organizaciones, junto a las instituciones, medios de comunicación y todo aquello que, aunque no se puede corporeizar, produce sentido, normas y valores, conforman la sociedad civil cubana.

Las restricciones planteadas para el registro de organizaciones no gubernamentales en Cuba son las mismas que existen en la mayoría de los países del mundo, entre ellas:

-Tener un fin no lucrativo

-Sus finanzas deben ser transparentes y estar disponibles a la auditoría de la entidad gubernamental de vínculo.

-Tener un mínimo de 30 miembros

-Sus actividades no deben resultar lesivas al bienestar público o al de otros individuos y entidades privadas.

-Respetar el orden constitucional y la legalidad.

-No oponerse a los principios de humanismo, independencia, solidaridad, no discriminación, equidad y justicia social que rigen en la sociedad cubana.

Todas las organizaciones, asociaciones profesionales, sindicatos, asociaciones de empresas, organizaciones religiosas, asociaciones cooperativas, grupos juveniles, grupos de protección del medio ambiente y fundaciones de la sociedad civil cubana, tienen tareas definidas y constituyen a su vez, estructuras que actúan de forma diferente al Gobierno, como órgano ejecutivo del Estado. Poseen un carácter genuino y autóctono y amplía las posibilidades de participación directa en el debate, presentación de propuestas y adopción de decisiones sobre asuntos que atañen a la nación cubana.

La sociedad civil en Cuba existe como un complemento y no en contraposición del Estado. No requiere de la confrontación para expresar sus opiniones, propuestas y críticas, a los proyectos, medidas y acciones diseñadas y concebidas por las entidades gubernamentales, aunque el objetivo final sea el mismo, el socialismo, la independencia del país, y la identidad cultural. Ser una organización no gubernamental no significa ser antigubernamental. Esto, por supuesto, se convierte en un obstáculo para los intereses del gobierno de los Estados Unidos, que solo reconoce y aspira a que exista en Cuba una sociedad civil que se proponga destruir el socialismo y el resurgimiento de una burguesía a su servicio.

 ¿Dos sociedades civiles de Cuba en Panamá?

A raíz de la participación cubana por primera vez en la Cumbre de las Américas,  celebrada en Panamá en el mes de abril del 2015, el término sociedad civil volvió a ganar protagonismo en el discurso del gobierno de los Estados Unidos a la hora de referirse críticamente al modelo cubano. Para la administración Obama, la sociedad civil cubana se reduce a los asalariados de su política de cambio de régimen en la Isla.

Ya en uno de sus trabajos pioneros sobre sociedad civil, el intelectual cubano Rafael Hernández había expresado: “Para algunos, el concepto de sociedad civil se reduce a describir a los llamados “grupos de derechos humanos” u “organizaciones disidentes”. Estos se integran y subdividen de manera tal que es difícil referirse a ellos como un sector definido, y mucho menos encontrar su conexión con sectores de la sociedad civil cubana. Su rasgo más común parecería ser el contraste entre su notoriedad exterior y la falta de presencia real en la sociedad civil cubana misma. Aparte de estar “en contra”, sus agendas no revelan mucha identidad ideológica, ni relación orgánica con componentes sociales determinados de la sociedad civil”.

La administración Obama diseñó y financió la presencia en la cumbre de las Américas en Panamá de varios miembros de la mal llamada “disidencia cubana” para mostrarlos en ese evento como representantes de la “sociedad civil cubana”.

Presentar a mercenarios pagados como supuesta sociedad civil cubana y tratar de hacerlos compartir los espacios con la delegación cubana, integrada por legítimos actores de la sociedad civil cubana, fue realmente una afrenta no solo contra el pueblo cubano, sino contra el propio pueblo panameño y el resto de los participantes. ¿Cómo aceptar que víctimas del terrorismo, como la hija de uno de los pilotos –mártires de la patria- del avión de Barbados saboteado en 1976, se sentara precisamente junto a los que se relacionan sin pudor con los victimarios? Los cubanos que fueron representando a la sociedad civil cubana estaban listos para debatir y polemizar con la derecha del continente, como de hecho sucedió en la mayoría de los espacios, pero no para legitimar y establecer un “diálogo” con una ficticia “sociedad civil cubana” que realmente no defienden ideología alguna, más allá del dinero que reciben por sus servicios y la agenda que asumen de una potencia extranjera.

Hasta Jonathan D. Farrar, ex jefe de la sección de intereses de los Estados Unidos en La Habana, confirmó en uno de los cables que reveló Wikileaks que “están más preocupados por el dinero que en llevar sus propuestas a sectores más amplios de la sociedad”.

Jesús Arboleya ha hecho un análisis muy interesante en el cual señala que, como mismo reconoce que las organizaciones revolucionarias forman parte de la sociedad civil, no puede decir que los “opositores” no lo son. Pero advierte dos diferencias fundamentales, en primer lugar, que en Miami no tiene expresión la sociedad civil cubana, allí solo se puede hablar de sociedad civil estadounidense, y en segundo lugar, al referirnos a estos grupos mercenarios no podemos hablar de “organizaciones independientes del Estado”, como afirma la propaganda de los monopolios mediáticos, podrán serlo del Estado cubano, pero no del Estado norteamericano, que públicamente –para no recordar también en secreto- los dirige y financia desde hace medio siglo”.

No obstante, el gobierno de los Estados Unidos, a pesar del rotundo fracaso que sufrió en Panamá, al intentar legitimar a estos sectores impresentables como sociedad civil cubana, vuelve ahora a cometer el mismo dislate en Lima, Perú, en los foros paralelos a la Cumbre de las Américas. Una vez más entonces, triunfará la dignidad del pueblo cubano y su Revolución, y se abrirá paso contra todos los vientos la verdad y la justicia.

 (Con información del libro de Elier Ramírez Cañedo y Rodolfo Romero Reyes, 5 temas polémicos sobre Cuba, Editorial Ocean Sur, 2017)

 

Bibliografía

Jorge Luis Acanda, Sociedad Civil y Hegemonía, Centro de Investigación cultual y Desarrollo Juan Marinello, 2002.

Jorge Luis Acanda, Dinámicas de la sociedad civil en Cuba, Enfoques, Primera Quincena No 3, enero 2008.

Jorge Luis Acanda, Traducir a Gramsci, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007.

Rafael Hernández: Mirar a Cuba. Ensayos sobre cultura y sociedad civil, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1999.

Elvis R. Rodríguez, Manuel Lester-Handson Roché y Humberto Valdés Gutiérrez en: “La sociedad civil en Cuba: la manipulación del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, Cuba Socialista, julio 2006.

 

Por REDH-Cuba

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