Todos se asombran del lawfare y la evidente persecución contra Lula da Silva, Cristina Fernández o Rafael Correa, pues los estudiosos de los procesos progresistas conocen bien sus circunstancias y no se dejan convencer por las simples opiniones ni por las interesadas y escandalosas noticias de aquella prensa diaria, comprometida con el combate al progresismo latinoamericano.


Escribo desde México, donde participo en varias actividades, con motivo de la presentación de la revista Nexos (www.nexos.com.mx), que hizo un planteamiento sugestivo: “Qué (no) hacer. Lecciones de los gobiernos latinoamericanos de izquierda”, en referencia a las experiencias de los diversos gobiernos del ciclo progresista latinoamericano, que mucho pueden aportar al futuro gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), cuyo mandato se iniciará el 1 de diciembre (2018).

Han participado invitados de varios países que han tenido gobiernos progresistas. Pudimos exponer en conversatorios auspiciados por la Fundación Friedrich Ebert y la Open Society Foundation, y de hacerlo igualmente ante personas que pertenecen a la prensa e incluso al mundo político, incluyendo dos reuniones con miembros del Congreso de la República de México, vinculados con AMLO. Además, junto con los colegas de los otros países, he formado parte de los invitados especiales de la Universidad de Guadalajara a la mundialmente reconocida Feria Internacional del Libro de esta ciudad, en la que hemos intervenido con nuestras conferencias. Por cierto, esa Feria es impresionante y allí recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances la poetiza uruguaya Ida Vitale, quien acaba de recibir otro premio: el Cervantes.

Sin duda, en estos ambientes intelectuales y también políticos, se reconoce que los gobiernos progresistas lograron importantes avances económicos favorecidos por los precios internacionales de los commodities. Fueron mucho más importantes los cambios sociales, que lograron ampliar derechos, disminuir la pobreza, redistribuir la riqueza, potenciar a las clases medias, impulsar la participación social, beneficiar a la población con obras y sobre todo servicios públicos en educación, salud, medicina y pensiones. Desde luego, con la pérdida de la dinamia comercial de los commodities, varios de los gobiernos progresistas sufrieron impactantes desequilibrios fiscales que afectaron las previsiones de las políticas económicas.

Pero son los gobiernos que les siguieron, identificados con la derecha económica y política, los que desmontaron los logros de casi veinte años del progresismo latinoamericano, cuyo ciclo parecía cerrarse definitivamente, hasta que el triunfo de AMLO ha despertado una nueva esperanza, pues marca el inicio de un gobierno progresista y de izquierda en México, que rompe con un pasado de décadas políticas bajo la hegemonía del partidismo tradicional de este país, y que contrasta con lo ocurrido en Brasil, donde se iniciará un gobierno de extrema derecha, con anticipados pronunciamientos fascistas.

El progresismo latinoamericano ha marcado una época inédita en la historia contemporánea de la región. Sus logros prevalecen sobre sus errores y limitaciones y eso es lo que se reconoce en el exterior. Igualmente, en estos ambientes académicos, intelectuales y políticos no deja de sorprender y llamar la atención los casos de corrupción que han sido fatales para la imagen de los gobiernos progresistas. Pero también está perfectamente claro que ha existido una magnificación mediática y una manipulación jurídica para construir responsabilidades allí donde no existen y para atribuirlas directamente a los presidentes de la nueva izquierda. Todos se asombran del lawfare y la evidente persecución contra Lula da Silva, Cristina Fernández o Rafael Correa, pues los estudiosos de los procesos progresistas conocen bien sus circunstancias y no se dejan convencer por las simples opiniones ni por las interesadas y escandalosas noticias de aquella prensa diaria, comprometida con el combate al progresismo latinoamericano.

Hay enorme expectativa sobre el futuro gobierno de AMLO. México tiene realidades distintas a las de los otros países de América Latina. Al mismo tiempo inquieta el avance derechista en la región, que ha provocado retrocesos económicos y sociales, para beneficiar a poderosas elites, bajo los falsos supuestos teóricos de la ideología neoliberal.

El Director de Nexos cree que López Obrador se parece mucho a Rafael Correa. Pero también en el exterior hay asombro por lo que ha sucedido en Ecuador, pues nadie se explica qué es lo que pasó con Lenín Moreno para haber dado el giro derechista del que todos los estudiosos del progresismo latinoamericano están conscientes. Incluso un colega argentino sostuvo que de levantarse un monumento a la traición en América Latina habría que retratar lo ocurrido en Ecuador. Sinceramente creo que es vergonzoso para los ecuatorianos que así haya quedado la imagen del país en ámbitos internacionales.