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Opinión

Cualquier noche de guerra, Tina Modotti. Por Higinio Polo

En el número 89 de la via Pracchiuso de Udine, una pequeña ciudad del Friuli-Venezia Giulia, se ve un sencillo edificio de dos plantas, de arquitectura popular, remodelado con la fachada llena de palabras, arañadas en el cemento, como un esgrafiado donde caben voces inconexas, retazos de versos, frases en apariencia incomprensibles, en italiano, en inglés y en castellano, en derecho y al reverso; “como si tú pudieras”; “alhaja”, escrita al revés como si quisiera recordar el alfabeto cirílico; verbos de espuma, acero y polen. Al lado, en el 91, aparece una placa con los versos de Pablo Neruda: en esa calle, en los oscuros años finiseculares de Humberto I y en el inicio del reinado de su hijo Vittorio Emanuele, vivió su infancia una niña pobre llamada Tina Modotti, aquella chica que emigró después a América y, años más tarde, fue acusada de pertenecer a los servicios secretos soviéticos, y vivió en Moscú y en Berlín, en esos vertiginosos años treinta que marcaron el destino del mundo, antes de llegar a las noches de guerra de la República española que recuerdan l os versos de Rafael Alberti:

Yo sabía de ti, Tina Modotti,

de tu precioso nombre, de tu gracia,

de tu fina y dulcísima presencia,

mucho antes de verte, de encontrarte

cualquier noche de guerra, una mañana madrileña de sol, en esos días

en que se alzaba el Quinto Regimiento

como el inmenso brote de una espiga

que se abriera cubriendo los campos de batalla.  

Desde Diego Rivera, que la pintó junto a Frida Kahlo repartiendo armas al pueblo en su obra El arsenal, hasta Vittorio Vidali, pasando por Neruda y Alberti, que le dedicaron poemas, además de sus biógrafas Elena Poniatowska y Christiane Barckhausen-Canale, la figura de Modotti ha cautivado a muchos, tanto por sus fotografías como por su trayectoria política: hasta el final de su vida fue una militante comunista, en tiempos convulsos, que lo dio todo por la revolución y el socialismo, y que acudió a la llamada de solidaridad con España durante los años de la guerra civil, donde fue conocida como María. Vittorio Vidali, el comandante Carlos del V Regimiento durante la guerra civil española, italiano como ella, fue compañero de Modotti, que nunca pudo tener hijos.

Tina Modotti, la camarada María del Socorro Rojo Internacional, era una mujer que había nacido a finales del siglo XIX en esa pequeña localidad del norte de Italia, Udine, en el seno de una familia obrera, y, como tantos niños de la época, tuvo que trabajar extenuantes jornadas de doce horas en las fábricas textiles. Empezó a fotografiar de la mano de Edward Weston, un fotógrafo que se había iniciado en el pictorialismo norteamericano y en la fotografía comercial y que evolucionó hacia la vanguardia, convirtiéndose en impulsor de la fotografía directa, como Alfred Stieglitz, Paul Strand, August Sander y Eugène Atget, en el México que habían captado fotógrafos como Hugo Brehme, Guillermo Kahlo, Agustín Víctor Casasola. Modotti aprendió con él, y después tomó su propio camino. En apenas seis años, entre 1924 y 1930, realizó la mayoría de sus fotografías; algunas, eran retratos donde concentra su pasión y su solidaridad, como las que hizo a Weston, Vidali o Julio Antonio Mella, o como en las imágenes de niños campesinos. Su mirada se centró en obreros y campesinos, en el trabajo que realizaban, en la vital función social que desempeñaban; y en la pobreza mexicana, en la miseria moral del capitalismo, donde los trabajadores luchan en huelgas y manifestaciones, en mítines o en asambleas, a quienes Modotti capta revestidos con la sencillez y modestia obreras y con la dignidad de quienes luchan por sus hijos, como muestran tantas de sus imágenes de las reuniones campesinas o su excepcional Mujer con bandera negra anarcosindicalista (tal vez fuera Benita Galeana, una escritora y feminista mexicana que, en 1927, se incorporó al Partido Comunista Mexicano). Muchas de sus fotografías están próximas al estridentismo, un movimiento vanguardista que bebía de la cultura popular y de la herencia de la revolución mexicana, impulsado por Manuel Maples Arce, y, también, al constructivismo de Ródchenko gestado durante la revolución bolchevique. Para conseguir fondos para sus publicaciones, los comunistas mexicanos vendían retratos de Marx, Lenin, Emiliano Zapata, Carrillo Puerto, aunque no lo hicieron con las imágenes de composiciones revolucionarias que creó también Modotti, compuestas en su estudio, recurso que le permitía jugar con diversos objetos (la hoz, el martillo, una canana, la mazorca, la guitarra, un sombrero), porque la mayoría de sus fotografías de esos años tenían una precisa función: documentar la lucha obrera para las publicaciones comunistas mexicanas; además, la fotografía era para Modotti un instrumento para cambiar el destino de los pobres, para trabajar por la revolución: cargada con la voluminosa cámara Graflex de la compañía norteamericana Folmer Graflex Corporation , recorría los suburbios de Ciudad de México y las haciendas agrarias donde vivían los trabajadores.

* * *

A poco de nacer Tina Modotti, su padre llevó a toda la familia a Ferlach y, después, a la vecina Klagenfurt, justo en el punto donde hoy confluyen Italia, Austria y Eslovenia, y que, a finales del XIX, era territorio del imperio austrohúngaro. El padre, Giuseppe Modotti, era socialista, y llevaba a sus hijos a las manifestaciones del 1º de Mayo, en años en que la familia vive en la pobreza más extrema. En 1905, Giuseppe, llevando con él a su hija mayor, embarca hacia los Estados Unidos, para ganarse la vida, con la esperanza de ahorrar lo necesario para poder pagar después el pasaje en barco al resto de la familia, y volver a reunirse. Mientras viven en San Francisco, su mujer y los otros cinco hijos permanecen en Italia, en la pobreza más absoluta, puesto que el padre no siempre podía enviar dinero desde América: ni siquiera podían tener una sencilla estufa, y, según el testimonio de una de las hermanas Modotti, combatían el frío “abrazándonos para calentarnos”, y, a veces, ni siquiera tenían comida. En Italia habían quedado la madre y cinco hermanos, incluida Tina, que empezó a trabajar en una fábrica textil en 1909, con trece años: doce horas diarias, hasta caer rendida.

Hasta ocho años después, en 1913, Giuseppe Modotti no pudo ahorrar el dinero suficiente para comprar el pasaje de Tina: era una chica de diecisiete años que embarcó en Génova hacia Nueva York, dos semanas en la sentina agobiante de un vapor alemán, como viajaban los pobres. Llegó a la isla Ellis, donde examinaban a los inmigrantes, y subió a un tren para llegar a San Francisco. Cinco años después, Tina Modotti es actriz, durante su tiempo libre, en el teatro italiano de la ciudad: trabaja en varias sastrerías, y participa de la efervescencia del mundo sindical, donde los obreros padecen la explotación, la arbitrariedad e incluso los asesinatos de trabajadores que destacan por su voluntad de lucha, organizados por policías y patrones. Es entonces cuando tienen lugar en Estados Unidos las infames “redadas Palmer” o Palmer Raids , denominadas así por A. Mitchell Palmer, fiscal general, quien en compañía del siniestro J. Edgar Hoover, allana las sedes del Partido Comunista en todo el país, deteniendo a miles de militantes comunistas y de izquierda, muchos de los cuales fueron incluso exhibidos por la policía en las calles como trofeo, mientras el ejército atacaba las marchas del 1º de Mayo y la huelga de los obreros del acero terminaba con el asesinato de dieciocho huelguistas a manos del ejército y de la policía. En 1919, habían fundado en Nueva York el Joint Legislative Committee to Investigate Seditious Activities , o comité Lusk, para perseguir a los sospechosos de “sedición”: los comunistas y la izquierda. Esos son los Estados Unidos que conoce Tina Modotti en su juventud.

En 1918, Tina se casa con el poeta canadiense Roubaix de l’Abrie Richey, Robo, a quien había conocido tres años atrás, y se trasladan a Los Ángeles. En Hollywood, trabaja en 1920 en la película muda de Roy Clements, The Tiger’s Coat; y, al año siguiente en películas de acción de bajo presupuesto como Riding with Death, deJacques Jaccard; y todavía, en 1922, en I Can Explain, de George Duane Baker, donde Tina hará el papel secundario de Carmencita Gárdez. Cuatro años después de la boda, muere su marido. Robo, que había viajado a Ciudad de México, muere mientras Tina iba en tren a su encuentro. Como si el destino se empeñara en llevarle la desgracia, apenas desaparecido su marido, le llega la noticia de que su padre había muerto en San Francisco, en 1922. Se conserva una foto de ambos, de Tina y Robo, trabajando en su casa en el Hollywood de 1921, donde se reunían con otros poetas, fotógrafos o pintores, y donde iban llegando noticias de la Rusia de los sóviets. En ese año, 1922, Tina conoce a Edward Weston, con quien inicia una relación amorosa, y se trasladan a México. Entonces descubre a Diego Rivera, y será también en su casa donde conocerá a Rafael Carrillo, que será secretario general del Partido Comunista Mexicano. Se relaciona también con Ella Goldberg Wolfe y con su marido Bert Wolfe, un comunista norteamericano que había sido comisionado a México. Los Wolfe habían sido amigos de John Reed y conocieron a Stalin en Moscú, pero acabaron mal: Wolfe, tras la Segunda Guerra Mundial, fue reclutado por la CIA para trabajar en Radio Liberty, y Ella, que llegó a vivir 103 años, acabó apoyando a Ronald Reagan muchas décadas después.

La pobreza que Modotti veía en México era la misma que ella había padecido en Italia. Es hacia 1924, cuando empieza a hacer sus primeras fotografías, influida por Weston, y frecuenta entonces a Siqueiros, Rivera, Orozco: los muralistas mexicanos educan su mirada. Comparte estudio con Weston, en diferentes barrios de la Ciudad de México, como Lucerna o Tacubaya. En 1925, Modotti conoce a Mayakovski, que realiza un viaje que le lleva a Cuba y México, tras pasar por España, para acabar en Nueva York y Chicago. Tina regresa a Estados Unidos, donde vive durante meses para atender a su madre enferma, y, cuando vuelve a México, vive de nuevo con Weston, pero, a finales de 1926, su relación termina. Por esas fechas, conoce a John Dos Passos, y también a Aleksandra Kolontái (que llega a México para sustituir como embajadora del país de los sóviets a Stanislav Pestkovski, en un momento en que Estados Unidos presionaba al gobierno mexicano para que limitase las actividades de la embajada soviética ), que encuentra gran afinidad con Modotti. Kolontái era una personalidad arrolladora, que había llamado la atención del mundo cuando, en 1922, se convirtió en la primera mujer embajadora del planeta, representado a la Unión Soviética en Noruega. Mientras, Modotti sigue fotografiando el mundo campesino, colaborando con el Partido Comunista Mexicano, e impulsando la solidaridad con los anarquistas Sacco y Vanzetti, quienes, pese a la campaña mundial, fueron asesinados en la silla eléctrica en agosto de 1927. En esos años, sus fotografías recogen los emblemas revolucionarios, como la hoz y el martillo, o la canana que remite a Emiliano Zapata o Pancho Villa. Será también entonces presidenta de la Liga Antifascista mexicana.

La vida en la Ciudad de México le lleva a conocer a muchos intelectuales y artistas, desde Frida Kahlo, Diego Rivera, José Clemente Orozco, Jean Carlot y Máximo Pacheco, hasta Germán Cueto, Antonieta Rivas, Ana Brenner, Ricardo Gómez Robelo, o Manuel Maples, y sus fotografías son publicadas en distintos medios, tanto mexicanos como europeos. Hacia 1925, Modotti había dejado de colaborar con Weston, que persigue la abstracción, mientras ella vincula sus imágenes a la intervención política, a su militancia comunista: la fotografía tiene una función revolucionaria, como las instantáneas que toma en el mísero suburbio de La Bola, mientras abomina de las imágenes que captan otros fotógrafos de un México costumbrista lleno de iglesias coloniales, de charros y exotismo de pobres. Fotografía entonces las obras murales de Diego Rivera, Orozco, Máximo Pacheco y Jean Charlot.

En ese momento, entra en su vida Vittorio Vidali, por mediación de Rafael Carrillo, el secretario comunista mexicano. Modotti vive entonces con Xavier Guerrero, un pintor que era también dirigente comunista, y quien, según el testimonio de la fotógrafa, fue quien le abrió los ojos para incorporarse a las filas comunistas; Guerrero es enviado a Moscú en 1927, para una larga estancia de formación en la universidad Lomonosov, y Modotti conoce entonces a un joven cubano de veinticinco años, llamado Julio Antonio Mella, que había participado en la fundación del Partido Comunista cubano, y que desde el exilio mexicano organizaba la insurrección contra el dictador Machado: ambos se enamoran y de esas fechas es la famosa fotografía de Modotti que capta la máquina de escribir de Mella, con un folio en el rodillo que contenía un texto de Trotski. Desconsolada, escribe a Guerrero a Moscú, explicándole la nueva situación, que éste recibe sin hacerle el menor reproche. Mella y Modotti viven juntos a partir de entonces, ocupados en la lucha contra el machadato, en el Socorro Rojo Internacional, en la elaboración de la revista El Machete, en la ayuda y acogida a los exiliados, mientras Tina fotografía los murales de Diego Rivera y toma escenas del mundo campesino, de los mítines y de actos relevantes del movimiento, como la inauguración de la escuela de Chiconcuac, donde las ligas campesinas consiguen que asistan el ex presidente de Hungría durante la revolución de 1919, Mihály Károlyi , y representantes del Socorro Rojo Internacional.

Su felicidad no durará mucho: el 10 de enero de 1929, un sicario de Machado dispara contra Mella y lo deja malherido cerca de su casa. Muere pocas horas después. Dirige la investigación del crimen un corrupto jefe policial, que facilita a la prensa amarilla documentos y detalles de la vida de Modotti, a quien acaban acusando de sospechosa del asesinato, en medio de una feroz operación anticomunista que alcanza a todo el país. Tina es puesta en arresto domiciliario, hasta que se impone su evidente inocencia. Pese a todo, desde entonces, y hasta hoy, siguen sembrándose sospechas sobre la implicación de Modotti en el crimen, y sobre el supuesto papel de Vittorio Vidali en el asesinato, en una vieja campaña anticomunista que añade la ignominia al crimen. Modotti tuvo la entereza suficiente para fotografiar el cadáver de Mella, y afrontar la represión y la difícil situación política: pocos meses después, comandos paramilitares armados asaltan el local del comité central del Partido Comunista, y, unas semanas más tarde, les incautan la imprenta enviada por obreros comunistas alemanes y la policía persigue a los militantes.

En diciembre de 1929 Modotti realiza la única exposición que hizo en México, en la biblioteca de la Universidad Autónoma, donde hace público su manifiesto Sobre la fotografía, y, al mes siguiente, conoce a Augusto Sandino. Un atentado contra Pascual Ortiz Rubio, el nuevo presidente mexicano, sirvió de pretexto para una nueva oleada de persecuciones contra los comunistas. El ataque había sido cometido por Daniel Flores, quien no tenía ninguna relación con el Partido Comunista, como sabía el gobierno; Flores fue condenado por ello a veinte años de prisión, y asesinado un año después en la cárcel. La represión alcanza a Modotti; es detenida, su casa confiscada, y, tras pasar dos semanas en prisión, expulsada de México. Empieza una nueva etapa de su vida, que le llevará a vivir en la Unión Soviética.

Así, el 24 de febrero de 1930, Tina Modotti sube en Veracruz a un buque de la compañía Holland America Lijn , el EDAM, con destino a Rotterdam. Vidali había conseguido embarcarse también con nombre falso, sin conocimiento de Modotti. Cuando llega a Rotterdam, el cónsul fascista italiano intenta que la policía holandesa la entregue para embarcarla en un barco con destino a Italia, pero las gestiones del Socorro Rojo Internacional evitan la deportación. Llega a Berlín y, puesto que la ley le permite permanecer seis meses en Alemania, se instala en una fonda cercana a la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche que utilizaban los mensajeros y delegados de la Internacional Comunista, donde vivirá varios meses y donde pudo hacer una exposición de sus fotografías en el estudio de Lotte Jacobi, que sería cerrado por Hitler en 1935: cinco años antes, cuando llega Modotti a Berlín, los nazis ya actuaban por las calles de las ciudades alemanas, pero nadie podía imaginar lo que estaba por llegar. Modotti trabaja durante esos meses para la revista Arbeiter-Illustrierte-Zeitung , AIZ, cercana al Partido Comunista Alemán, KPD, y colaboradora en los proyectos y campañas de Willi Münzenberg.

En octubre de 1930, Modotti llega por fin a Leningrado y, después, a Moscú, donde trabaja en el Socorro Rojo Internacional que dirigía Elena Dmítrievna Stásova, una de las dirigentes bolcheviques desde antes de la revolución. Tina visita el Cáucaso en 1932, acompañando a delegados del Socorro Rojo, y, en abril de 1933, es enviada a España para crear la organización catalana del Socorro Rojo. Llega a Madrid el 19 de abril, y a Barcelona el 1º de mayo, donde permanece una semana. Cuando vuelve a Madrid es detenida por la policía, que la seguía desde Reus, y el 11 de mayo es expulsada de España por la frontera francesa. Permanece unos meses en Moscú, y, a finales de 1933, es enviada a París para trabajar clandestinamente en el Socorro Rojo que impulsaba muchas campañas desde la capital francesa: desde la denuncia de la situación de Georgi Dimitrov y Ernst Thälmann, que estaban encarcelados por los nazis en Alemania, y de Antonio Gramsci, gravemente enfermo y prisionero de Mussolini en la clínica de Formia, hasta la ayuda a las víctimas por los disturbios fascistas en París y a los perseguidos en Austria tras la matanza de socialdemócratas y comunistas de febrero de 1934 protagonizada por el ejército de Dollfus y los paramilitares fascistas de la Heimwehr austriaca. De nuevo en Moscú, Modotti organiza una campaña en solidaridad con los perseguidos políticos en España tras la revuelta de Asturias de octubre de 1934. No podía imaginarlo, pero ese será el nuevo destino de Modotti, que le marcará para siempre: el 25 de diciembre de 1935, parte hacia España.

Cuando llega, trabaja sin descanso con el Socorro Rojo en tareas de solidaridad; acompaña a la madre del dirigente comunista brasileño Luis Carlos Prestes, encarcelado en su país, en una gira por la península; ayuda a su madre enviándole dinero a Trieste siempre que puede, aunque ambas no volverán a encontrarse: la madre muere sin que Modotti pueda volver a verla. La rebelión fascista de julio de 1936 sorprende a Modotti en Córdoba, que cae en manos de las tropas sublevadas dirigidas por el africanista coronel Cascajo (que obedece a Queipo de Llano), un sanguinario militar que hizo asesinar en los meses posteriores a miles de cordobeses en un espeluznante baño de sangre. La ferocidad fascista convierte España en un matadero; Modotti consigue volver a Madrid, donde se incorpora al Quinto Regimiento en Cuatro Caminos, donde atiende a los milicianos, y, después, trabaja en el Hospital Obrero, con Juan Planelles Ripoll, Matilde Lanza y la cubana María Luisa Lafita. Durante la guerra civil conoce a Alberti, María Teresa León, Gerda Taro, Robert Capa, Miguel Hernández, Ilia Ehrenburg, Norman Bethune, Vladímir Antónov-Ovséyenko, Margarita Nelken, Dolores Ibárruri. Cuando se celebra el II Congreso internacional de escritores para la defensa de la cultura , en Valencia, en la primavera de 1937, para llamar al mundo a la solidaridad con España y a la lucha contra el fascismo, Tina Modotti está también allí.

Recorre los frentes y la retaguardia; Valencia, Andalucía, el frente de Aragón, Lleida, con decisión, trabajando sin descanso, abnegada. Organiza también la evacuación de los niños que están en peligro a la Unión Soviética. Cuando las tropas fascistas ocupan Málaga, en febrero de 1937, decenas de miles de personas, que temen la represión y los asesinatos indiscriminados, huyen por la carretera de Almería, mientras barcos, aviones y artillería del ejército franquista bombardean a las columnas de refugiados matando a más de cinco mil personas. El temor estaba justificado: en las semanas siguientes, los militares fascistas fusilarán a más de ocho mil personas en Málaga, arrojando sus cadáveres a fosas comunes. Tina Modotti, sobreponiéndose al espanto, trabaja entonces con los servicios del doctor Norman Bethune, que se esfuerzan por salvar vidas y acoger a los refugiados en Almería, quienes se ven forzados a dormir en las calles. La barbarie fascista no se detiene ante ninguna consideración humanitaria: aviones franquistas bombardean el centro de la ciudad, arrojando las bombas deliberadamente sobre las concentraciones de refugiados. Allí está también Tina Modotti, intentando paliar el horror, recogiendo niños, distribuyendo ayuda, acariciando las manos de quienes lo han perdido todo.

Tina Modotti vive entonces con Vittorio Vidali, aunque apenas se ven, por las obligaciones de la guerra. Trabaja en el frente recogiendo a los heridos, se juega la vida para salvar a algunos niños en un hospital infantil de la Sierra de Guadarrama, donde las tropas fascistas disparan contra los pequeños. La encontramos también en Barcelona en los días previos a la caída de la ciudad en manos franquistas, el 26 de enero de 1939. Cinco días antes, consigue un pasaporte español expedido a nombre de Carmen Ruiz: será su documentación a partir de ese momento. Tina Modotti estaba entre las columnas de refugiados que, en ese invierno triste y desolado de 1939, intentaban alcanzar la frontera francesa; arrastrando unas pocas pertenencias envueltas en un hatillo, a las que se aferran porque en ellas se resume sus vidas, las largas columnas de decenas de miles refugiados, son también bombardeadas por la aviación fascista, como en Almería.

Después, desde París, Modotti organiza la ayuda a los republicanos españoles, intenta salvar a los internados de los campos de concentración franceses de Argelès sur Mer, Saint-Cyprien, Rivesaltes, Vernet. La República española ha sucumbido ante el fascismo, pero, cuando estalle la Segunda Guerra Mundial, su resistencia servirá de ejemplo a los partisanos franceses e italianos, a los guerrilleros yugoslavos, a los soldados del Ejército Rojo. Finalmente, a principios de abril de 1939, Tina Modotti se embarca para Estados Unidos, para colaborar con las organizaciones antifascistas. Viaja en el trasatlántico británico Queen Mary desde Cherburgo a Nueva York, pero la policía norteamericana le prohíbe entrar en el país y se ve obligada a viajar a México. Tiene ya problemas con el corazón, pero sigue volcada en la lucha antifascista y en la ayuda a los refugiados españoles: en mayo de 1939, vuelve a Francia para participar en una reunión del Socorro Rojo Internacional. A la vuelta, consigue entrar en Estados Unidos con un pasaporte propiedad de una amiga cuáquera, y en Nueva York intenta organizar un nuevo centro de solidaridad con los republicanos españoles, aunque no lo consigue, y el Socorro Rojo la envía a México con Vittorio Vidali, donde la solidaridad del gobierno de Lázaro Cárdenas con la España republicana le permite a Modotti conseguir la anulación de su expulsión de México en 1930. Allí vive sus últimos años, retirada pero sin dejar de preocuparse por la lucha antifascista y la ayuda a los refugiados españoles, aunque apenas le quedaba ya vida por vivir.

El cinco de enero de 1942, Modotti va a una fiesta en casa del arquitecto suizo Hannes Meyer, que había sido director de la Bauhaus. Esa noche, Modotti se sintió mal y subió a un taxi. El corazón le fallaba. Cuando el automóvil llegó a su casa, había muerto. Era el seis de enero de 1942. Empezaron entonces en la prensa derechista las insidias, la maledicencia, los infundios y calumnias, que afirmaban que Tina Modotti había sido asesinada, por Vidali, o por orden de Moscú, aunque ninguna mentira podrá empañar el ejemplo de su vida, por la que Pablo Neruda escribe su poema, Un mundo marcha al sitio donde tú ibas, hermana. Aquella chica pobre de Udine se había convertido en una mujer que amparaba con su esfuerzo la fraternidad de los trabajadores; que había sido miembro del Partido Comunista Mexicano, del Comité Manos Fuera de Nicaragua , de la Liga Antifascista y del Socorro Rojo Internacional, que fotografiaba a los campesinos mexicanos con su cámara Graflex y ligaba las hoces y martillos proletarios con las cananas de la rebelión mexicana; que llegó a España para luchar contra el fascismo, y vivió en Madrid, y en Moscú, dedicando toda su vida a la revolución, al socialismo, a la búsqueda de una sonrisa que iluminase en la intemperie de la historia el esforzado camino de los pobres.

El Viejo Topo, núm. 354/355, julio/agosto.

Tomado de Rebelión

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