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Opinión

Un héroe anduvo entre nosotros. Por Gustavo Espinoza

En días pasados visitó nuestro país Gerardo Hernández Nordelo, una de las más emblemáticas figuras de a Cuba de hoy. Arribó en compañía de Elier Ramírez compañero de funciones en el Parlamento Cubano.

Gerardo, actual Vice Director de la Academia Diplomática “Raúl Roa García” y miembro de la Asamblea Nacional electo el pasado 18 de abril en representación de La Habana, estuvo entre nosotros- Nadie podría descubrir que, al mismo tiempo, es un Héroe Nacional de su país condecorado con las más altas órdenes del Estado, por los altos servicios prestados a la Patria en los más duros años vividos por su pueblo.

Cuando se desplomó la Unión Soviética y el socialismo desapareció de los países de Europa del Este, hubo quienes pensaron que Cuba caería como una fruta madura. Se frotaron las manos y cantaron victoria sobre todo dos segmentos que confluían en el vecino del norte: los funcionarios de la Casa Blanca y sus adláteres de diversas entidades norteamericanas, y los núcleos más activos de la contra revolución radicados en Miami y que virtualmente desde inicios de 1959 trabajaban febrilmente por derribar al gobierno instaurado en la Patria de Martí luego de la gesta guerrillera de la Sierra Maestra. Como el hecho no se produjo, unos y otros se empeñaron en provocar hechos que, a su juicio, “acelerarían” las cosas.

Una ola de atentados terroristas fueron ejecutados en Cuba por acción de individuos que arribaron a La Habana procedentes de diversos países. Ellos fueron “armados” con cargas explosivas que dejaron en hoteles y otros lugares, para provocar muerte y destrucción. Aunque los daños consumados fueron altos y generaron incluso la muerte de un joven italiano que se hallaba en el lobby de un hotel; la situación fue controlada. Muchos planes fueron detectados y detenidas personas que fueron capturadas. La escalada, sin embargo, no se detuvo porque los enemigos de Cuba querían alcanzar la victoria a cualquier precio.

Con documentos en mano y evidencias notables, las autoridades cubanas entregaron al gobierno de los Estados Unidos información precisa referida a estos actos terroristas conviniendo una acción común para evitar daños mayores. La administración Clinton no sólo no tomó en cuenta las denuncias sino que, por el contrario, encargó a sus servicios secretos -el FBI- que detectara cómo habían sido obtenidas estas evidencias. El corolario ocurrió en septiembre de 1998. El 12 de dicho mes, fueron detenidos los integrantes de una denominada “Red Avispa” que actuaba en territorio norteamericano infiltrada en los grupos terroristas que operaban en Miami y cuya tarea era detectar acciones de este corte contra su país para neutralizarlos o informarlos a las autoridades de la isla. Gracias al trabajo silencioso de estos agentes, fue posible salvar vidas y evitar inmensos daños materiales en diversos lugares de Cuba.

Los detenidos -Gerardo Hernández Nordelo, Fernando Gonzales Llort, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodriguez y René Gonzales Sehwerert- operaban en los Estados Unidos con otra identidad, y sin conocimiento de las autoridades. Desde su captura, fueron conminados por las autoridades norteamericanas para que reconocieran ser “espías” y haber sido enviados por el gobierno de Cuba para ejecutar actos hostiles contra los Estados Unidos.

Espías no eran, por cuanto no se habían infiltrado en las estructuras del gobierno del gobierno de los Estados Unidos. No actuaban en la NASA, ni el Congreso, ni en el FBI, ni en la CIA. Actuaban como si fueran “disidentes” cubanos en los grupos terroristas que operaban en Miami y que preparaban y ejecutaban acciones contra Cuba. Por lo demás, no cometieron crimen alguno, y más bien salvaron vidas de ciudadanos cubanos, norteamericanos y de otros países, susceptibles de ataques por parte de bandas terroristas dirigidas por gentes como Luis Posada Carriles, Orlando Bosh y otros reconocidos asesinos.

La idea urdida por la CIA era presentarlos, en efecto, como “terroristas y espías” cubanos enviados por Fidel Castro para “atentar” con los Estados Unidos y sus autoridades-.  Y justificar así nuevas acciones punitivas contra Cuba. Los 5 -como los llamaría la historia- resistieron estoicamente las presiones más salvajes. Sometidos a confinamiento bárbaro en celdas de castigo -“el hueco” lo llaman- estuvieron aislados en los primeros 17 meses de su caída y finalmente, en diciembre del 2001 fueron condenados a penas inicuas. Gerardo Hernández -considerado el “Jefe” del Grupo- recibió 2 cadenas perpetuas, más 15 años de cárcel.

Al dar cuenta a su pueblo, en Cuba, Fidel Castro admitió que se había creado una situación muy difícil para ellos y sus familiares; y que la pelea por su retorno a la Patria demoraría años y resultaría compleja. Aun así, con enigmática clarividencia, aseguró a todos: “¡Volverán!. Y así habría de ocurrir, sólo que 16 años más tarde. El 17 de diciembre del 2014, en efecto, Gerardo, Ramón y Antonio -los 3 que quedaban dado que Fernando y René habían sido liberados poco antes- arribaron a Cuba para júbilo del mundo.

¿Qué hizo posible ese milagro? En primer lugar el inmenso peso moral de Cuba en el mundo, la fuerza política de su gobierno y la habilidad de su trabajo en el plano exterior. En segundo, la enorme ola solidaria que se levantó en todos los países en los que la causa de los 5 fue conocida. El alud que brotó de todos los confines del planeta expresó la identificación de los pueblos y su gratitud hacia Cuba por su transparente conducta.

En el Perú, un Comité Nacional surgido en agosto del 2002 desarrolló numerosas acciones: Jornadas, marchas, mítines, plantones, eventos culturales, festivales, exposiciones pictóricas, recitales poéticos, presentaciones artísticas, desfiles, concentraciones sociales, piquetes ante la embajada de los Estados Unidos, recopilación y envío de firmas, conexión con organismos internacionales, participación en eventos de muy diverso índice.

Las calles de las ciudades, grandes avenidas, puentes, cerros en zonas urbanas y rurales asomaron con constantes expresiones de solidaridad. Hasta a Plaza de Armas de Lima y la Plaza San Martín conocieron la demanda.  También los desiertos de la costa, los ríos de la selva, los contrafuertes andinos, los valles ribereños; todo, fue lugar para que asomara siempre el apoyo nacional a esta causa. Machu Picchu y Ticlio vieron ondear la bandera de los 5 que en nuestra patria llegó hasta los 5 mil metros de altura en manos solidarias.

Aportaron a esa demanda hermosa, poetas, pintores, escritores, artistas, personalidades, dirigentes sociales, sindicales, políticos, instituciones del más variado signo. Actuaron todos con un solo propósito: aportar un granito de arena a la inmensa y universal playa de la solidaridad levantada. Y es que esta lucha, se libró en todos los confines del planeta.

Por eso la presencia de Gerardo Hernández -antes vino ya, el 2016, Fernando Gonzales- fue gratamente acogida. La Bienvenida en la sede del Sindicato Telefónico, el acto en la Casa del Maestro, la visita a la Casa Museo José Carlos Mariátegui, el encuentro con los estudiantes en la Universidad de San Marcos, las  entrevistas en la televisión, los programas radiales, y hasta las actividades de orden cultural como la visita al Centro Histórico de Lima, el encuentro con las autoridades oficiales de la Cancillería o su presencia en el restaurant típico “Brisas del Titicaca”; resultaron acontecimientos de primera importancia.

En todos ellos, Gerardo lució su sonrisa de vida. No hubo recelo en su mirada, ni un reflejo de sombra, o de distancia. Al contrario, fue notable en todo instante su luz de esperanza, su fe en la victoria de los pueblos, su identificación con la paz, la amistad y la solidaridad, principios verdaderos de los pobres.

En la medida que pasen los días más gente tomará conciencia de los hechos y comprenderá su esencia: un héroe anduvo entre nosotros y eso también fue un estímulo, un aliento para nuevas batallas

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