Con este título, “La enormidad de Cuba”, Roberto Fernández Retamar escribió en 1995 un penetrante ensayo sobre el destino de nuestra nación. ¿Cómo es posible referirse así a una diminuta isla del Caribe?, pudiera preguntarse cualquiera, sorprendido. Pero enseguida Roberto nos explica que se inspiró en La enormidad de España de Unamuno y en su tesis de que “enorme es lo que se sale de la norma”.

Desde 1959 Cuba “se salió de la norma”. Ya no aceptó jamás “la normalidad” colonial, capitalista y dependiente que según la geopolítica yanqui le estaba fatalmente reservada. El largo castigo recibido por la Isla rebelde ha incluido, como sabemos, las modalidades más variadas y perversas: invasiones, atentados terroristas, hostigamiento mediático, guerra biológica, un bloqueo más y más despiadado y todo tipo de agresiones.

Aparte de su portentosa resistencia, señala Roberto, Cuba ha prestado ayuda con sus médicos a los países del Sur y acogido gratuitamente a miles de becarios de esos mismos países:

“Cuba contribuyó además a preservar la independencia de Angola y a obtener la de Namibia, y a la erradicación del apartheid (esto último lo reconoció noblemente Nelson Mandela); ha defendido en muchos campos la soberanía y la dignidad de los pueblos de Nuestra América.”

Esta vocación generosa e internacionalista no es en lo absoluto “normal”, según los patrones imperiales. El MINREX acaba de denunciar las ofensivas declaraciones del Departamento de Estado de EEUU, como parte de “la campaña de descrédito y mentiras contra la cooperación médica internacional que brinda Cuba”. En una circunstancia en la que el mundo requiere con urgencia de un frente unido, integral, ante la pandemia, basado en la cooperación, el Gobierno de Trump sigue convirtiendo a nuestros médicos en blanco de su capacidad ilimitada para embestir contra todo lo que vale la pena.

Una ex funcionaria de Macri, al propio tiempo, llamó “espías” y “comisarios” a los profesionales cubanos que podrían apoyar a las instituciones de salud de la provincia de Buenos Aires en su estrategia para frenar la pandemia del coronavirus. «No voy a polemizar, estamos trabajando”, replicó el gobernador bonaerense Axel Kicillof, según el diario Página 12.

En menos de dos semanas, once brigadas médicas cubanas se han trasladado a Venezuela, Nicaragua, Surinam, Italia, Granada, Jamaica, Belice, Antigua y Barbuda, San Vicente y Las Granadinas, Dominica y Santa Lucía. Próximamente partirá otra hacia Angola.

De Córdoba, Andalucía, nos llega el análisis de Pedro García Jiménez sobre cómo médicos y enfermeros de Cuba han venido colaborando con las naciones del Sur, desde hace al menos cincuenta años, cada vez que ha habido una tragedia, en Pakistán, en Haití, en la lucha contra el ébola en África, en todas partes. Y agrega: “Seguramente jamás habréis visto ni una sola noticia en ningún medio de comunicación europeo sobre esta circunstancia, ¿casualidad? Seguro que no.”

Tiene razón. En la agenda de los medios hegemónicos nunca ha sido una prioridad ofrecer una imagen objetiva de la Cuba revolucionaria. Aparte de eso, la “anormalidad”, la “rareza”, de llevar ayuda solidaria a los desamparados contrasta demasiado con la filosofía neoliberal que concibe como un negocio la industria farmacéutica y los servicios de salud.

“Hoy (afirma García Jiménez) será difícil ocultar para los medios de comunicación occidentales la llegada de la brigada a Italia, era mucho más fácil cuando iban a cualquier país pobre del mundo, pero hoy los médicos y el personal sanitario cubano llega a una de las regiones más ricas del mundo, la Lombardía italiana. (…) Cuba va a compartir lo poco que tiene, en uno de los mayores actos de solidaridad y colaboración de la historia reciente. Lo realmente sorprendente, es que este hecho no es nada nuevo para ellos y ellas, sin embargo, es tan novedoso para nosotros…”

Patricia Zapata, desde México, comenta el significado de la misión cubana en Italia:

“Con esta acción, el pueblo y el gobierno de Cuba dan una lección al mundo gracias a una conciencia solidaria que sólo un régimen socialista pudo construir. Este tipo de acciones, surgidas desde la izquierda internacionalista y no desde el capitalismo neoliberal, son las que pueden enfrentar de mejor manera esta pandemia.”

Y describe otros “actos humanos y solidarios” nacidos de una “isla tercermundista bloqueada”: la Operación Milagro, la atención a los niños de Chernóbil, las misiones de la Brigada Henry Reeve, y el más reciente, asociado al crucero británico MS Braemar.

Sandra Russo le dirige desde Argentina “Una breve carta de amor a Cuba” bajo el título “Cuba es el ejemplo de lo que son esos valores que el mundo perdió”:

“Hoy veo tus médicos llegando a Italia y escucho los aplausos que los reciben. (…) Tus médicos siempre están donde se los necesita. En paz, en guerra, en pandemia. Cuba, mi amada isla orgullosa, quería decirte hoy, que todos tenemos miedo, que el amor que te tenemos es porque desde hace más de medio siglo sos la gema que se refleja en los arroyos tranquilos del alma. Mientras afuera ruge el mal.”

Más lejos, desde la India, Ben Burgis publica el artículo “La respuesta del coronavirus en Cuba está avergonzando a otros países”, donde recuerda que la Isla ofreció enviar asistencia médica a los EEUU tras el paso del huracán Katrina (propuesta que Bush rechazó) y expone otras pruebas del “espíritu internacionalista” de Cuba. Y destaca “el enfoque admirablemente humano y solidario” que ha mostrado ante la pandemia actual.

Lula, por su parte, hizo llegar una hermosa carta al Presidente Díaz-Canel:
“Escribo para hablar sobre la emoción que sentí al ver la imagen de los médicos cubanos llegando a Italia, para ayudar a socorrer las víctimas de la pandemia de coronavirus en aquel país. Una vez más el Gobierno y el pueblo de Cuba dan al mundo un ejemplo de solidaridad, venciendo todas las barreras…”

En este texto se refiere de algún modo a “la enormidad de Cuba”: “Es en los momentos de crisis (dice Lula) cuando conocemos a los verdaderamente grandes. Y en estas horas el pueblo de esa isla siempre se agiganta ante el mundo.”

Aunque apenas he citado a unas pocas, son muchas, muchísimas, las personas honestas, que no toleran por principios la mentira, genuinamente conmovidas por vislumbrar una anticipación de la utopía en medio de tanta vileza.

Hay que releer el ensayo “La enormidad de Cuba”, que cumplirá 25 años en diciembre, y utilizarlo para revisitar el combate recreado por Martí entre el monstruo colosal y bárbaro, en apariencia invencible, y el pequeñísimo David, armado solo por una honda y su grandeza moral, agigantado, “enorme”.

Fuente: Blog de Abel Prieto

Por REDH-Cuba

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