En los hospitales de Nueva York, California y Florida, donde los casos de Covid-19 se han disparado, los trabajadores sanitarios apenas disponen de medios de protección personal, mucho menos existen kits de diagnóstico ni ventiladores suficientes para satisfacer la demanda de atención. Se trata del país cuyo presidente estuvo minimizando durante semanas la amenaza y la letalidad de la enfermedad. El dato es importante, pues no obstante su riqueza y su desarrollo científico y técnico, Estados Unidos ha mercantilizado a tal punto los servicios de atención sanitaria que no dispone ya, hablando con propiedad, de un verdadero sistema de salud pública, como sí tienen, en sus distintas realidades, México, Argentina, Costa Rica, Venezuela, o Cuba. En los dos primeros países, ahora muy repotenciados por gobiernos antineoliberales.

Pero Trump parecía sentirse muy seguro de la capacidad de la superpotencia ante una eventual emergencia sanitaria, o así lo indicaban muchos de sus tuits de este periodo. Posiblemente no recuerde la tragedia ocurrida con el huracán Katrina en Nueva Orleans y no quiera recordar la ocasionada por el ciclón María, en Puerto Rico, ya durante su administración y con su personal injerencia.

En todo caso, estos son algunos de sus dichos en la red Twitter. 22 de enero: Todo va a ir bien. Lo tenemos todo bajo control. 30 de enero: Lo tenemos todo bajo control. 7 de febrero: Cuando el tiempo sea más caluroso, esperemos que el virus se haga más débil y finalmente desaparezca. 24 de febrero: El coronavirus está muy controlado en Estados Unidos. Me parece que la Bolsa empieza a tener buen aspecto. 25 de febrero: Pueden preguntar por el coronavirus, que está perfectamente bajo control en nuestro país. Unas pocas personas lo tienen. Estamos muy cerca de conseguir una vacuna. 26 de febrero (hace un mes): Gracias a todo lo que hemos hecho el riesgo para el pueblo estadunidense continúa siendo muy bajo. Los 15 casos (de contagios) que hay hasta ahora van a bajar a cerca de cero. Muy pronto serán cinco personas y podrían ser una o dos en muy poco tiempo. 28 de febrero. Va a desaparecer (el coronavirus). Algún día será como un milagro y habrá desaparecido. 12 de marzo: “Va a desaparecer… gracias a lo que yo hice y a lo que la administración hizo con China. Tenemos sólo 32 fallecidos”. Sin embargo, cuatro días después el magnate parecía tomar cierta conciencia de grave amenaza que la pandemia comporta y anunciaba solemnemente la cancelación durante un mes de todos los vuelos procedentes de Europa, mientras la fuerza de tarea de la Casa Blanca sobre el coronavirus, encabezada por el vicepresidente Mike Pence, tuiteaba que debían evitarse las reuniones sociales de más de 10 personas. No sin fundamento, se ha mencionado como causa de esa supuesta toma de conciencia la llegada a manos de la mencionada fuerza de tarea y, por consiguiente, a Trump, de un informe del reputado Imperial College de Londres que pronosticaba hasta 2.2 millones de fallecidos en Estados Unidos, a menos que se tomaran medidas drásticas. Tal vez el cálculo electoral, la relección que tanto obsesiona a Trump, lo habría hecho cambiar su postura cuasi negacionista de la enfermedad, se inclinaba a pensar este analista. Entonces los contagiados sumaban 120 mil en el mundo. Han pasado poco más de cinco semanas. Hoy sólo en Estados Unidos el número de enfermos confirmados llega a 51 mil 914, con 673 fallecidos, mientras a escala mundial existen 416 mil 689 contagiados y confirmados con prueba, según la Organización Mundial de la Salud.

Está claro que a Trump no le interesa el destino de los más de 320 millones de estadunidenses, pues en los últimos días, luego de la supuesta toma de conciencia, viró a la negación. Le molesta la cuarentena, de la que ha dicho que el remedio puede ser peor que la enfermedadnuestro país no está diseñado para cerrar, que sería magnífico que la gente estuviera de regreso al trabajo para Pascua. Que basta con que se laven las manos más veces y no se las estrechen a otros. En suma, Trump ha calculado, y hay evidencia de que lo ha hecho animado por jerarcas de Wall Street, que la economía (la de ellos, no la del pueblo) puede perjudicarse –y también su relección– si continúan las (bastante laxas) medidas de distanciamiento social. Sin embargo, cuando termino de escribir estas líneas llega la noticia de que el gobierno de la ciudad de Washington, o sea del Distrito de Columbia –que no es lo mismo que el federal–, decide el cierre de todos los negocios que no sean esenciales e insta a los ciudadanos a quedarse en casa a partir del miércoles 25 de marzo a las 10 de la noche, hasta el 24 de abril. ¡Un mes! ¡Mucho más que hasta Pascua! Pues Washington hará igual que Cuba y Venezuela, países a los que Trump bloquea sin piedad en medio de la pandemia. Bribón el Trump, obsesionado con su relección, acaba de entregar a los multimillonarios el más grande rescate de la historia contemporánea. Un robo gigante a los contribuyentes.

Por REDH-Cuba

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