El terrorismo de Estados Unidos contra Cuba, ya existía bajo el gobierno del dictador Fulgencio Batista, que sometió al pueblo cubano por el terror y era sostenido por Washington y sus mafias, lo que terminó con el triunfo de la Revolución Cubana a inicios de 1959  y la fuga de los cómplices o beneficiarios de esa dictadura a Miami, lo que facilitó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) el reclutamiento de sectores de los emigrados para accionar en principio contra la figura del líder cubano Fidel Castro Ruz.

En su libro “la Guerra Secreta Operación ZR/Rifle” el general cubano Fabián Escalante Font (Editorial Ciencias Sociales, Cuba 2006), hace un seguimiento de todos las operaciones y proyectos criminales (643 admitidos luego por la CIA) de Estados Unidos para asesinar a Fidel Castro entre 1958 y el año 2000, en una investigación con profusa documentación que nos lleva a entrar a los laberintos de un mundo -jamás imaginado- hasta la matriz del terrorismo que azotó a Cuba y lo sigue haciendo hasta hoy.

En el informe de la Comisión Church, del senado estadounidense, creada bajo la presidencia del senador Frank Church, quien investigó en 1975 los intentos de asesinato de la CIA contra líderes políticos extranjeros, figura el comandante Fidel Castro como el blanco número uno de los planes terroristas desde los años 60.

Sólo mencionaremos algunos datos asombrosos que figuran en ese informe con testimonios además de algunos  terroristas cubano-americanos, integrados a los organismos de inteligencia estadounidenses, conformando una serie de  organizaciones que desde Miami asolaron a Cuba, América Latina y a diversos países del mundo.

También se menciona en el informe -entre tantos otros- el período de marzo a agosto de 1960: “Durante el último año de la administración (Dwight) Eisenhower, la CIA estudió planes con vistas a socavar la simpatía carismática de Castro, por medio del sabotaje contra sus discursos (…) Según informaciones del Inspector General de la CIA en 1967, un funcionario de la División Servicios Técnicos (TDS) recordó haber discutido un plan para rociar el estudio de televisión de Castro, con un agente químico que producía efectos similares al LSD”. Pero que se había rechazado por no ser un agente químico confiable …”

“Durante ese período el TDS impregnó una caja de tabacos (cigarros) que producía una desorientación temporal, con la esperanza de lograr que Castro se fumara uno de los tabacos antes de empezar su discurso…..”

Más adelante refiere que “una anotación en los expedientes de la División de Operaciones de Servicios Médicos de la CIA indica que el 16 de agosto de 1960 se le entregó una caja con los tabacos favoritos de Castro y las instrucciones de darle tratamiento con un veneno letal. A los tabacos se les impregnó una toxina de botulina tan potente que una persona moriría con sólo ponérselo en la boca-. El oficial informó que  el 7 de octubre de 1960 los tabacos estaban listos…”

De la misma manera figura que “en agosto de 1960, la CIA dio pasos para enrolar a miembros del bajo mundo criminal con contactos con el Sindicato del juego organizado, para que ayudasen a asesinar a Castro, según el informe del Inspector General de la CIA”.

La sola lectura de estos planes nos lleva a entender el mundo creado entre la CIA y otros servicios de inteligencia con los terroristas cubano-americanos, además de conocidos integrantes de las mafias y asesinos seriales utilizados por éstas. Fueron y son verdaderos “batallones de la muerte”, de guerras sucias y encubiertas, y del terrorismo que desde entonces nunca detuvo su siniestra mano.

A lo largo de este informe de la Comisión Church figuran operaciones que ni siquiera la ficción pudo concebir, planes delirantes para usar los más impensables recursos con el objetivo de matar y destruir. Desde entonces hasta ahora pasó más de medio siglo de asedio a Cuba, violando  la legislación internacional y humanitaria con absoluta impunidad.

La tercerización de la guerra no es tal, ya que las empresas de mercenarios a los que eufemísticamente llaman ahora “contratistas” pertenecen en realidad a los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel y otros, y están bajo dirección de ex oficiales de  tropas “especiales” de estos países.

Las “empresas” de mercenarios -algunas de la cuales figuran como Agencias de Seguridad Privadas– se crearon para utilizar menos tropas propias y tratando de difuminar la presencia de Estados Unidos y sus asociados en acciones terroristas.

Esto se vio y entres otros casos en Nicaragua, en la guerra encubierta contra los sandinistas en los años 80, en Libia (2011), Siria (2012), en Playa Girón, Cuba (1961) en la Guaira, Chuao y otros lugares de Venezuela (2020) con el intento de invasión o infiltración en el territorio del 3 de mayo pasado, donde fueron derrotados y detenidos por el gobierno, el pueblo y sus fuerzas armadas.

En cuanto al uso de mercenarios, como en el caso de Alazo Baró que llegó ante la embajada de Cuba portando un fusil AK-47, 32 casquillos de proyectiles que dejaron el mismo número de orificios de bala evidenciando que sabía perfectamente que había ido con la intención de agredir y de matar, tal como lo señaló el canciller cubano Bruno Rodríguez.

Sólo para no olvidar en esta larga historia de asedio Cuba, uno de los atentados más brutales contra ese país  sucedió el 6 de octubre de 1976, cuando hicieron explotar un avión de la compañía cubana de aviación en pleno vuelo, matando a 73 personas poco después de haber despegado del  Aeropuerto de Barbados y que fue  considerado el peor atentado del “hemisferio occidental”  en esos momentos.

Los mismos personajes de la red de mercenarios cubano-americanos que utiliza la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), actuaron en este caso que ocurrió en el marco de la Operación Cóndor, coordinadora de las dictaduras militares del Cono Sur, en las que los terroristas Luis Posadas Carriles y Orlando Bosch participaron activamente.

Posadas Carriles estaba en Venezuela, “trabajando” en la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) de ese país, adonde viajaba en forma permanente Orlando Bosch, uno de los asesores del ex dictador chileno Augusto Pinochet en la Operación Cóndor.

Ambos diseñaron el plan contratando -como siempre lo hacen- a un fotógrafo venezolano llamado Hernán Ricardo y a su primo Fredy Lugo, a los que pagaron 25 mil dólares para “hacer el trabajo” -ambos vinculados también con la CIA-, con los que mantuvieron su última reunión en la noche del 5 de octubre de 1976 en Caracas para volar a Trinidad y Tobago, donde al otro día tomaron el vuelo CU-455 en el que viajaba de regreso a su país, el equipo de esgrima de jóvenes cubanos que habían participado con éxito en los Juegos Centroamericanos, también otro grupo de jóvenes guyaneses que iban a estudiar en la Universidad de Cuba, y una delegación cultural de la República Democrática de Corea.

Ricardo y Lugo descendieron en la escala en Barbados donde se quedaron, pero dejando su mortífera carga disimulada en el avión, que despegó alrededor del mediodía y sólo ocho minutos después se oyeron explosiones. Desesperado, el capitán pidió aterrizar pero el avión se desplomó sobre el mar, muriendo todos los pasajeros y la tripulación.

De acuerdo a las investigaciones Ricardo y Lugo habían tomado un taxi con el que fueron hacia la embajada de Estados Unidos en Barbados. El libro “Pusimos la bomba… ¿y qué?”, de la periodista venezolana Alicia Herrera, muestra los detalles escalofriantes de este suceso, cada año recordado por el pueblo cubano.

Es importante rescatar estos hechos en el contexto de esta nueva situación, porque este atentado es un símbolo del terrorismo que Cuba ha soportado desde los años 60 sin que se haga justicia. Los mensajeros de la muerte de las organizaciones de los contrarrevolucionarios cubanos siguen viviendo o mueren como “héroes” en Estados Unidos, matriz del terror.

También es símbolo del terrorismo económico el bloqueo que se impuso como un sitio de guerra para rendir al pueblo de Cuba por hambre. Los daños provocados por este bloqueo son múltiples entre estos miles de víctimas, además de condenar a ese país al aislamiento.

La  aplicación del bloqueo en estos 60 años, tomando en cuenta la depreciación del oro en el mercado internacional y del dólar frente al valor del oro,  suman 3.226 mil 630 millones de dólares y con las nuevas pérdidas entre Abril y marzo del año pasado ascendieron a cuatro mil 343,6 millones de dólares.

En el período en estudio, bajo el gobierno de Donald Trump, «la política de bloqueo se ha recrudecido y continúa aplicándose con todo rigor», señala también el ministro Rodríguez Parrilla, ya que con la nuevas sanciones «han provocado una disminución sensible en las visitas provenientes de los EE.UU., y han generado mayores obstáculos a las relaciones económicas y comerciales de empresas cubanas con potenciales socios estadounidenses y de terceros países», agrega.

También y como figura en los informes del gobierno cubano se ha intensificado la persecución permanente a las transacciones financieras cubanas y a las operaciones bancarias y crediticias con Cuba a escala global «causando graves daños a la economía del país, en particular, a las actividades comerciales de las empresas y a los bancos nacionales en sus vínculos con la banca internacional».

Denunció además añade el Canciller que  «el recrudecimiento del bloqueo a Cuba ha estado acompañado de una retórica agresiva, amenazante, irrespetuosa y de condicionamientos desde los más altos niveles del gobierno estadounidense, lo que genera mayor desconfianza e incertidumbre (…) Esta política de agresión económica, junto a la promoción de la subversión interna, corroboran el objetivo del gobierno estadounidense de destruir el sistema económico, político y social libremente escogido por el pueblo cubano».

Es imposible enumerar los daños, algunos irreversibles, como las muerte que ha causado el bloqueo, rechazado desde hace 27 años y cada vez más por la mayoría de países del mundo, con el voto en favor de la continuidad del sitio de guerra de EE.UU. e Israel

Las medidas tomadas por la administración Donald Trump y sus asesores, como el representante por La Florida Marcos Rubio y el siniestro lobby cubano, o por consejos de Elliot Abrams, reflotado por el mandatario desde la  oscuridad en que se había hundido, por estar acusado de crímenes de lesa humanidad en Centroamérica en los años 80, intentan asfixiar cada vez más violentamente a Cuba,

A esto se agrega la renacida amenaza del terrorismo sin fronteras del imperio  que nunca podrá comprender el espíritu que alienta a la eterna heroica  y revolucionaria resistencia del pueblo cubano, lo que ha logrado romper  el aislamiento por su dignidad y solidaridad, que el mundo reconoce en estos días como nunca antes.

Fuente: PLATAFORMA SOLIDARIA DE COMUNICACIÓN

Por REDH-Cuba

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