Entrevista a DON FITZ, autor de Cuban Health Care: The Ongoing Revolution, por Alejandro Pedregal

Profesor de psicología ambiental, Don Fitz ha enseñado en múltiples universidades alrededor de EE.UU., especialmente en el área de Saint Louis, Missouri, donde reside, y fue candidato a Gobernador por el Partido Verde de Estados Unidos en 2016. Forma parte del Consejo Editorial de Green Social Thought y, además de haber publicado sus investigaciones sobre psicología social y comunitaria en revistas académicas, colabora habitualmente en medios como Monthly Review, ZNet, CounterPunch, Common Dreams, Global Research, Climate & Capitalism, AlterNet o TruthOut. Hace apenas unas semanas, la prestigiosa editorial Monthly Review Press publicó su libro Cuban Health Care: The Ongoing Revolution (Atención médica cubana: La revolución en curso). Al comentar su libro, me señala:

“Mis trabajos sobre Cuba son un subconjunto de un tema más amplio. Mi trabajo se centra en el peligro de expandir la producción energética y en documentar cómo la llamada ‘energía verde’ puede tener enormes problemas envenenado y destruyendo el medioambiente al tiempo que reemplaza los combustibles fósiles dejando las relaciones capitalistas intactas. Cuba demuestra cómo un país puede tener una mejor atención médica mientras utiliza infinitamente menos energía”.

Pero, ¿cómo llegó a interesarse por la atención médica cubana en particular? Hacia 2009, al reflexionar sobre todas las luchas de las que había participado contra incineradores, vertederos, fábricas industriales, químicos venenosos y deforestación, Fitz “tenía claro que para detener la destrucción capitalista y crear un mundo mejor se requeriría una considerable reducción en la extracción de recursos y en la producción de manufacturas”. Pero al mismo tiempo, entendía que había un sector económico que necesitaría una gran expansión en una sociedad postcapitalista: la medicina. Sin embargo, un par de años antes su hija Rebecca decidió ir a estudiar a la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) en Cuba, y cuando Fitz visitó a su hija empezó a investigar sobre la medicina cubana: “Descubrí que, aunque representa una gran parte del gasto público, comparativamente Cuba gasta mucho menos en atención médica por persona que los EE.UU. y tiene resultados similares en esperanza de vida y mortalidad infantil. Eso hizo añicos mi idea de que la medicina sería el área económica que requeriría expansión en una sociedad postcapitalista”. Esta realidad le hizo reflexionar sobre otros aspectos que eran centrales a su compromiso político:

“A medida que la catástrofe climática amenaza con poner fin a la existencia humana, cada vez está más claro que debemos tratar con mucho cuidado los recursos y buscar con vigor formas para reducir la producción. Pero producir lo que es útil para las personas en lugar de aumentar las ganancias no es posible bajo el capitalismo. Si la pequeña economía de Cuba puede mejorar la salud de millones de personas en el mundo, imagina lo que podría lograrse si la enorme capacidad productiva de Estados Unidos pasara de crear basura inútil y destructiva a producir lo que la gente en todo el mundo realmente necesita”.

Como producto de estas inquietudes, y porque “me di cuenta de que había muchas historias de medicina cubana que debían contarse”, Fitz escribió el libro que ahora nos presenta. De él hablamos para sumergirnos en la historia del sistema médico cubano y sus enseñanzas, algo de gran relevancia ante la emergencia sanitaria actual y la crudeza con que la pandemia de la COVID-19 ha expuesto las ruinosas costuras del capitalismo global.

Ante la emergencia actual, quisiera comenzar por la COVID-19. ¿Puedes decirnos cómo ha reaccionado Cuba? Parece que, frente a otros países, su enfoque ha resultado bastante eficiente para combatir la pandemia. ¿Qué ha hecho diferente y que hace que su modelo haya sido replicado en otros países?

Hubo debates al más alto nivel del Ministerio de Salud Pública de Cuba que sirvieron para elaborar la política nacional con respecto a la COVID-19. Se concluyó que era necesario realizar pruebas masivas para determinar quién había sido infectado. Las personas infectadas tendrían que ser puestas en cuarentena mientras se aseguraba que la comida y otras necesidades estaban cubiertas. El rastreo de contactos se usó para determinar quién más podría estar expuesto. El personal médico necesitaría ir de puerta en puerta para verificar la salud de cada ciudadano, y el del consultorio prestaría especial atención a todas aquellas personas en los vecindarios que pudieran ser de alto riesgo.

Para el 2 de marzo, Cuba había instituido el Plan para la Prevención y Control del nuevo coronavirus. En cuatro días, amplió el plan para incluir la toma de temperatura y posiblemente aislar a los viajeros entrantes infectados. Esto ocurrió antes del primer diagnóstico confirmado de COVID-19 de Cuba, el 11 de marzo. Cuba tuvo su primera muerte confirmada de COVID-19 el 22 de marzo, cuando había 35 casos confirmados, casi mil pacientes observados en hospitales y más de 30.000 personas bajo vigilancia en sus casas. Al día siguiente, prohibió la entrada de extranjeros no residentes, lo que afectó profundamente a los ingresos por turismo del país.

Ese fue el día en que la Defensa Civil de Cuba se puso en alerta para responder rápidamente a la COVID-19 y el Consejo de Defensa de La Habana decidió que había un problema grave en el distrito del Vedado de la ciudad, famoso por ser el hogar más grande para visitantes extranjeros no turísticos, que tenían más probabilidades de haber estado expuestos al virus. Para el 3 de abril, el distrito estaba cerrado. Como fue testigo Merriam Ansara, “cualquier persona con la necesidad de entrar o salir debía probar que había sido examinada y estaba libre de COVID-19”. La Defensa Civil se aseguró de que se suministraran las tiendas y que todas las personas vulnerables recibieran chequeos médicos regulares.

Los funcionarios de salud cubanos querían que el virus permaneciera en la etapa de “propagación local”, cuando se puede rastrear el paso de una persona a otra. Intentaron evitar que se pasara a la etapa de “propagación comunitaria”, cuando el rastreo ya no es posible porque se está moviendo fuera de control. Mientras los profesionales de la salud de los EE.UU. rogaban por obtener equipos de protección personal y las pruebas eran tan escasas que las personas tenían que pedir que se las hicieran, Cuba tenía suficientes kits rápidos de pruebas para rastrear a aquellos contactos de personas que habían contraído el virus.

A fines de marzo y principios de abril, los hospitales cubanos también cambiaron los patrones de trabajo para minimizar el contagio. Los médicos de La Habana estuvieron en el Hospital Salvador Allende durante quince días y pasaron la noche en un área designada para el personal médico. Luego se mudaron a un área separada de los pacientes donde vivieron durante otros quince días y se les realizó una prueba antes de regresar a casa. Se quedaron en casa sin salir durante otros quince días y se hicieron pruebas antes de reanudar la práctica. Este período de aislamiento de 45 días impidió que el personal médico transmitiera enfermedades a la comunidad a través de sus viajes diarios hacia y desde el trabajo.

El sistema médico se extiende desde el consultorio a todas las familias en Cuba. Los estudiantes de medicina de tercer, cuarto y quinto año son asignados por médicos de consultorios para ir a hogares específicos cada día. Sus tareas incluyen obtener datos de encuestas a residentes o hacer visitas adicionales a ancianos, bebés y personas con problemas respiratorios. Estas visitas recopilan datos de medicina preventiva que luego son tomados en cuenta por aquellos en los puestos más altos en la toma de decisiones. Cuando los estudiantes traen sus datos, los médicos marcan los puntos calientes en rojo donde se necesita un cuidado adicional. Los médicos de vecindario se reúnen regularmente en las clínicas para hablar sobre lo que está haciendo cada médico, qué está descubriendo, qué nuevos procedimientos está adoptando el Ministerio de Salud Pública de Cuba y cómo el trabajo intenso afecta al personal médico.

De esta manera, todos los ciudadanos cubanos y todos los trabajadores de la salud, desde los médicos de vecindario hasta los institutos de investigación más prestigiosos, juegan un papel en determinar la política de salud.

También hemos visto cómo los países que expulsaron a los médicos cubanos están sufriendo debido a la falta de un sistema de salud eficiente, especialmente para los más pobres. ¿Qué nos puedes decir sobre esto?

Esto es extremadamente importante porque las instituciones financieras internacionales y de EE.UU. están tratando, por un lado, de evitar que puedan crearse sistemas nacionales de atención médica y, por otro, de destruir los que ya existen. Déjame comparar dos países con un plan nacional (Cuba y Venezuela) con dos en los que se ha eliminado la atención médica nacional (Brasil y Ecuador).

Venezuela ha intentado replicar aspectos fundamentales del modelo de salud cubano a nivel nacional, lo que le ha servido bien al país para combatir la COVID-19. Un ejemplo: En 2018, los residentes de la Comuna Socialista Altos de Lídice organizaron siete consejos comunales, incluido uno para salud comunitaria. Un vecino hizo espacio en su casa a disposición de la iniciativa del sistema comunitario de salud para que el doctor pudiera tener una oficina. Desde ahí, el doctor coordina la recolección de datos para identificar vecinos en riesgo y visita a todos en sus casas para explicar cómo evitar la infección de la COVID-19. La enfermera ayudó a implementar la Misión Barrio Adentro, cuando llegaron los primeros médicos cubanos, en 2003. Ella recuerda que los vecinos nunca habían visto a un médico en su comunidad, pero cuando llegaron los cubanos les “abrimos nuestras puertas, vivieron con nosotros, comieron con nosotros y trabajaron entre nosotros”.

Como resultado de la construcción de un sistema de tipo cubano, el 11 de abril de 2020 el gobierno venezolano había realizado 181.335 pruebas PCR a tiempo para tener la tasa de infección más baja en América Latina. Venezuela tenía solo seis infecciones por millón, mientras Brasil, que había echado a los médicos cubanos, tenía 104 por millón.

Por otro lado, mientras Rafael Correa fue presidente de Ecuador, más de mil médicos cubanos formaron la columna vertebral de su sistema de salud. Lenin Moreno fue elegido en 2017 y pronto fueron expulsados, dejando la medicina pública en el caos. Moreno siguió las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional para recortar el presupuesto de salud en un 36%, dejándolo sin profesionales, sin equipo de protección personal y, sobre todo, sin un sistema coherente. Cuando Venezuela y Cuba tenían un total de 27 muertes por COVID-19, la ciudad más grande de Ecuador, Guayaquil, tenía 7.600.

Se han presenciado algunas escenas relevantes de solidaridad de Cuba durante esta crisis. Ya había muchas misiones médicas en todo el mundo, pero también se han enviado profesionales a otras partes, incluidos países occidentales como Italia. Además, un medicamento como el Interferón Alfa 2B se ha utilizado y solicitado a nivel global para controlar el virus. Y fue el único país en la región que permitió el atraque del crucero británico MS Braemar, tratando a la tripulación y los pasajeros en hospitales cubanos. Todo esto resulta muy llamativo, teniendo en cuenta las dificultades que atraviesa el país a diario. Sin embargo, algunos críticos han señalado todas estas acciones como simples gestos de propaganda. ¿Qué piensas al respecto?

Como psicólogo utilizo el término “proyección de negligencia” para abarcar varios de los ataques contra el humanitarismo cubano. El término “proyección” describe a las personas que atribuyen sus propios pensamientos o impulsos inaceptables a otros. La “proyección política” se referiría a un país que atribuye su propia acción censurable a otro gobierno. La “proyección de negligencia” médica contra Cuba se presenta en dos formas. Por un lado, las asociaciones médicas en varios países latinoamericanos han mostrado una intensa hostilidad hacia los médicos cubanos, acusándolos de quitar trabajos a los propios médicos del país, de estar en un país invitado solo para difundir propaganda política, de no estar cualificados y de no proporcionar atención de seguimiento.

El hecho de que el personal médico cubano vaya a zonas pobres y rurales donde los médicos en estos países de acogida no trabajan, desmiente la afirmación de que estén quitando empleos a los médicos en Brasil o Venezuela. El gobierno de Chávez comenzó el primer programa Barrio Adentro, dentro de los vecindarios, en 2003 para proporcionar medicina comunitaria a los distritos venezolanos pobres y de clase trabajadora. Se hizo un llamado a los médicos venezolanos para que participaran: solo cincuenta se presentaron voluntarios. Fue esta respuesta patética lo que llevó a Cuba a desplegar más de 9.000 a fines de ese año. Después de que comenzara la Misión Barrio Adentro, la Federación Médica Venezolana (FMV), que es opositora, exigió la expulsión de los médicos cubanos, en parte porque fueron acusados ​​de difundir propaganda izquierdista. Sin embargo, los médicos cubanos han sido entrenados para no participar en la política de ningún país donde estén prestando servicios. Esto es fundamental para los acuerdos médicos con países que, a diferencia de Venezuela, tienen gobiernos de derechas.

Algunas asociaciones médicas latinoamericanas han acusado a los estudiantes entrenados en Cuba de obtener calificaciones bajas en los exámenes de calificación, obviando el enfoque cubano único en la salud comunitaria en áreas rurales y en dificultades, la medicina familiar y la gestión de desastres. Los médicos cubanos tienen como objetivo diagnosticar más del 80% de los problemas médicos mediante exámenes e historiales detallados. Dado que el sistema cubano funciona mucho mejor en la mejora de los principales indicadores de salud, sería útil preguntar a esas asociaciones qué resultados obtendrían sus graduados en otras escuelas de medicina latinoamericanas si realizaran sus exámenes en Cuba.

Además, los médicos cubanos tienen más poder de permanencia en comunidades con dificultades que los que hacen esas acusaciones, ya que cuando los médicos cubanos rotan y van a casa, otros de la isla los reemplazan.

Por otro lado, la otra forma importante de “proyección de negligencia” ha sido la de ignorar o minimizar la importancia de los equipos de respuesta de emergencia de Cuba para inundaciones, terremotos, huracanes, tsunamis, volcanes, epidemias y catástrofes, como la crisis de Chernobyl. El internacionalismo médico ha sido un componente central de la Revolución desde 1959. Una promesa revolucionaria fue llevar la atención médica a las zonas pobres, negras y rurales, y a partir de ahí, era sencillo pensar en llevarla a otros países con necesidades, como se hizo en Chile en 1960 y Argelia en 1963.

El internacionalismo médico de Cuba se ha expresado de cuatro maneras.

Primero, enviando personal médico al extranjero. Durante las últimas seis décadas, más de 400.000 profesionales médicos cubanos han trabajado en 164 países y han mejorado la vida de cientos de millones de personas. Lo que Cuba hizo en Italia fue una continuación de este patrón. El 26 de marzo, Cuba envió a 52 médicos y enfermeros a Crema, en Lombardía, cuando su sala de emergencias estaba al máximo, y estos establecieron un hospital de campaña con tres camas de unidades de cuidados intensivos y otras 32 camas con oxígeno. Una nación caribeña más pequeña y pobre fue una de las pocas que ayudó a una gran potencia europea.

Segundo, Cuba ha traído gente a la isla, tanto estudiantes como pacientes. Cuando los médicos cubanos estaban en la República del Congo en 1966, vieron a jóvenes que estudiaban bajo las farolas en la noche, y se organizaron para que fueran a La Habana. Trajeron aún más estudiantes africanos durante las guerras angoleñas de 1975 a 1988 y luego a un gran número de latinoamericanos a estudiar medicina después de los huracanes Mitch y Georges. Establecer la ELAM fue la culminación de esto. Cuba también tiene un historial de traer pacientes extranjeros para recibir tratamiento. Después de la crisis nuclear de 1986 en Chernobyl, 25.000 pacientes, en su mayoría niños, llegaron a la isla para recibir tratamiento, y algunos se quedaron durante meses o años. La acción de Cuba con el MS Braemar fue parte de esta tradición. El 18 de marzo, Cuba fue el único país que permitió atracar a los más de mil tripulantes y pasajeros. Se ofreció tratamiento en los hospitales cubanos a quienes se sintieron demasiado enfermos para volar. Antes de partir, los miembros de la tripulación exhibieron una pancarta que decía “¡Te amo, Cuba!”

En tercer lugar, Cuba busca ofrecer medicamentos a bajo costo a las naciones pobres en lugar de inflar los precios a los enfermos como es costumbre en la medicina corporativa. Cuba ha intentado trabajar cooperativamente hacia el desarrollo de medicamentos con países como China, Venezuela y Brasil. La colaboración con Brasil resultó en vacunas contra la meningitis a un costo de 95 céntimos, en lugar de 15 a 20 dólares por dosis. Cuba busca ayudar a los países a adaptar los sistemas médicos para servir mejor a los pobres y les enseña a producir medicamentos ellos mismos para que no tengan que depender de la compra de medicamentos de los países ricos.

Cuarto, la ayuda a Cuba es genuina más que propagandística. Y esto nos lleva de vuelta a la “proyección de negligencia” que ocurre cuando los responsables del maltrato a los pobres del mundo buscan culpar a otros que tratan de ayudar activamente. Haití no se mostró reacio a aceptar la ayuda de Cuba después del devastador terremoto de 2010. Cuba fue el proveedor clave de ayuda porque había tenido mucho personal médico allí desde 1998. A lo largo de los años, 6.000 profesionales médicos cubanos habían tratado a más de tres millones de haitianos. Un mes después del terremoto de 2010, muchos equipos de emergencia extranjeros ya se habían ido, pero quedaron 600 cubanos y 380 haitianos entrenados en escuelas cubanas. En octubre de 2010, Haití fue golpeado por el primer brote de cólera que había tenido en más de cien años. Si Cuba no hubiera tenido la costumbre de quedarse en un país después de la agitación inicial de socorro en casos de desastre y si no le hubiera enseñado a estos haitianos medicina preventiva, la cifra de muertes por cólera habría sido mucho peor. Los 22.000 estadounidenses en Haití eran casi por completo militares, y los médicos estadounidenses no solo llegaron a Haití más tarde y partieron antes que los cubanos, sino que no se quedaron donde las víctimas haitianas se amontonaban, sino en hoteles de lujo. Los médicos cubanos vivían en las comunidades a las que trataban.

John Kirk utiliza el término “turismo de desastre” para describir la forma en que muchos países ricos responden a las crisis médicas en los países pobres. Muchos van a las zonas de desastre “para tener una ‘experiencia’ en lugar de brindar asistencia significativa a los afectados” y se interponen en el trabajo de rescate serio. El enfoque de los médicos cubanos está en marcado contraste con el “turismo de desastre”. Los cubanos tienen una amplia capacitación de respuesta. Se basan en las experiencias de miles de personal médico que ya han trabajado en países pobres. Los equipos de respuesta o el personal de reemplazo permanecen en países afectados durante meses o años, ayudando a desarrollar programas de medicina comunitaria y salud preventiva.

La pandemia actual está siendo dramática, pero ha habido muchas otras crisis sanitarias durante las últimas décadas. ¿Cómo respondió Cuba a estas?

Toda enfermedad prevenible representa una crisis sanitaria. La vacunación comenzó poco después de la Revolución, pero la estructura de los policlínicos integrales aumentó enormemente su efectividad. En 1962 el 80% de todos los niños menores de quince años fueron vacunados contra la poliomielitis en once días. En 1970, tomó solo un día el mismo esfuerzo nacional. La malaria fue erradicada en 1967, al igual que la difteria en 1971.

La fiebre del dengue transmitida por mosquitos golpea a Cuba cada pocos años. Lo que es verdaderamente único de Cuba es que sus estudiantes de medicina dejan la escuela y van de puerta en puerta haciendo evaluaciones. Los estudiantes de ELAM provienen de más de cien países y hablan con una gran cantidad de acentos. No tienen problemas en ir a las casas, buscar plantas que atraigan mosquitos y mirar en los techos si hay agua estancada.

En 1981, los institutos de investigación de Cuba crearon el Interferón Alfa 2B para tratar con éxito el dengue. Y el mismo medicamento ha adquirido hoy vital importancia como posible cura para la COVID-19. Desde 2003, Interferón Alfa 2B ha sido producido por ChangHeber, una empresa conjunta cubano-china, y ha demostrado su eficacia y seguridad en la terapia de enfermedades virales como la hepatitis B y C, el herpes zóster, el SIDA y el dengue. Cuba ha investigado múltiples medicamentos, a pesar del bloqueo de Estados Unidos que obstruye el acceso a tecnologías, equipos, materiales, finanzas e incluso el intercambio de conocimientos.

El primer paciente de Cuba ante la aparición del SIDA murió en 1986. Mientras se aislaba a los soldados que regresaban de la guerra en Angola que dieron positivo por el VIH, una campaña de odio contra Cuba afirmó que la cuarentena reflejaba prejuicios contra los homosexuales. Pero que esto era parte de los intentos de desacreditar a Cuba quedó demostrado porque (1) los soldados que regresaban de África eran mayoritariamente heterosexuales (como lo eran la mayoría de las víctimas africanas del SIDA), (2) Cuba había puesto en cuarentena a pacientes con dengue sin que se hubieran dado protestas, y (3) los propios Estados Unidos tenían un historial de cuarentena de pacientes con tuberculosis, polio e incluso SIDA. En diciembre de 1991, la Unión Soviética colapsó, poniendo fin a su subsidio de cinco mil millones de dólares, interrumpiendo el comercio internacional y empujando a la economía cubana a una caída libre que exacerbó la crisis del SIDA. La tasa de infección por el VIH en la región del Caribe solo fue superada por el sur de África. El embargo redujo simultáneamente la disponibilidad de medicamentos, ya que hizo que los productos farmacéuticos existentes fueran escandalosamente caros e interrumpió las infraestructuras financieras utilizadas para la compra de medicamentos. Si estos factores concurrentes no fueran suficientes, Cuba abrió la compuerta del turismo para hacer frente a la falta de fondos. Como se predijo, el turismo trajo un aumento en la prostitución. Había una clara posibilidad de que la isla sucumbiera a una epidemia masiva.

La respuesta del gobierno fue inmediata. Redujo drásticamente los servicios en todas las áreas, excepto en dos que habían sido consagradas como derechos humanos: educación y atención médica. Sus institutos de investigación médica desarrollaron su propia prueba diagnóstica en 1987. Las pruebas de VIH se aceleraron, con la realización de más de doce millones de pruebas en 1993. La educación sobre el SIDA fue masiva tanto para los enfermos como para los sanos, tanto para niños como para adultos. Para 1990, cuando los homosexuales se habían convertido en las principales víctimas del VIH, el prejuicio contra los homosexuales fue oficialmente desafiado y en las escuelas se enseñaba que la homosexualidad no era más que una realidad como cualquier otra de la vida. Se proporcionaron condones gratis en los consultorios médicos y, a pesar de su alto costo, Cuba proporcionó medicamentos antirretrovirales (TAR) gratis a todos los pacientes.

El esfuerzo unido y bien planificado de Cuba para hacer frente al VIH dio sus frutos. Al mismo tiempo, mientras Cuba tenía doscientos casos de SIDA, la ciudad de Nueva York, con aproximadamente la misma población, tenía 43.000. Y los neoyorquinos tenían muchas menos probabilidades de haber visitado el África subsahariana, de donde un tercio de un millón de cubanos acababa de regresar de la guerra por la independencia de Angola. En 1997, Chandler Burr escribió en The Lancet que Cuba tenía “el programa nacional contra el SIDA más exitoso del mundo”, a pesar de tener solo una pequeña fracción de la riqueza y los recursos de los Estados Unidos.

Con el virus del ébola fue diferente, ya que se encontraba principalmente en el África subsahariana y los cubanos no habían frecuentado ese área durante varias décadas. Cuando el virus aumentó dramáticamente en el otoño de 2014, gran parte del mundo entró en pánico. EE.UU. proporcionó apoyo militar y otros países prometieron dinero. Cuba respondió con lo que más se necesitaba: envió 103 enfermeras y 62 médicos voluntarios a Sierra Leona. Con 4.000 miembros del personal médico ya en África, incluidos 2.400 doctores, Cuba estaba preparada para la crisis antes de que comenzara. Como muchos gobiernos no sabían cómo responder al ébola, Cuba capacitó a voluntarios de otras naciones en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí de La Habana. En total, enseñó a 13.000 africanos, 66.000 latinoamericanos y 620 caribeños a tratar el ébola sin infectarse.

¿Crees que esta pandemia está exponiendo, incluso con mayor claridad que antes, las limitaciones de los enfoques capitalistas hacia la atención médica? ¿Qué significado adquiere su visión médica en relación con los diferentes modelos de atención, teniendo en cuenta las advertencias de la comunidad científica sobre nuevas pandemias en el futuro cercano debido a los efectos destructivos del sistema productivo capitalista sobre el planeta?

Las partes más destacadas del sistema de salud cubano son (1) todas las partes están completamente integradas en un solo conjunto que puede responder a problemas médicos, (2) todos en el país participan en el sistema para que así puedan aprovecharse de las experiencias colectivas del país, y (3) se basa en la creencia de que todos deberían recibir atención médica completa como un derecho humano. El sistema médico de los EE.UU. se basa en el principio de que cada empresa debería estar en disposición de obtener la mayor ganancia posible. A pesar de un embargo despiadado que impide a Cuba recibir los suministros médicos necesarios, tiene una esperanza de vida más larga y una tasa de mortalidad infantil más baja que los EE.UU. Al mismo tiempo, Cuba gasta alrededor del 5% por persona cada año de lo que gastan los EE.UU. en atención médica. El sistema de los EE.UU. no tiene capacidad para alejarse de la búsqueda de ganancias, por lo que manejará peor las futuras pandemias.

Un factor que muchos ignoran, incluso muchos que entienden las ventajas del sistema cubano, es el papel clave de la agricultura animal en el fomento de pandemias. Los animales domésticos se apiñan cruelmente en pequeños espacios y los hábitats de los animales salvajes son invadidos continuamente. Esto maximiza el potencial para que surjan mutaciones virales como la COVID-19. La producción corporativa de alimentos no puede admitir el peligro que esto representa para la salud humana, ya que pondría en peligro su negocio y sus ganancias. Todos debemos alentar a sistemas de salud como los de Cuba y Venezuela a analizar el peligro de la ganadería industrial y tener debates abiertos sobre cómo reducir la producción de carne.

Quisiera hablar un poco sobre la historia de este modelo médico. Cuando triunfó la Revolución cubana, todo el sistema de salud fue transformado. ¿Cuáles fueron las principales características de este modelo de medicina implementado en Cuba entonces y cómo se desarrolló?

Hay tantos aspectos de la medicina revolucionaria en Cuba que es casi imposible enumerarlos todos sin dejar algo de lado. Lo primero que habría que destacar es que la medicina no era algo aislado en sí mismo, sino que era un componente esencial de una transformación social que continúa desarrollándose. Estas transformaciones incluían a la campaña de alfabetización, de saneamiento, la reforma agraria, los salarios y métodos agrícolas, la dieta mejorada, las pensiones, nuevas carreteras, nuevas aulas, nuevos hogares, el agua corriente, el antirracismo y la igualdad de género.

El primer desafío médico para la Revolución fue el de poder brindar atención médica gratuita, como un derecho humano, a quienes nunca habían visto un médico, especialmente a los cubanos negros y de áreas rurales. Esto traspasó las fronteras de Cuba, ya que se buscó llevar atención médica a otros países. En Cuba, esto incluyó muchas campañas de vacunación y un conjunto exitoso de programas destinados a erradicar enfermedades.

Para 1964, estaba claro que había demasiados servicios de salud desconectados que desconocían lo que otros sistemas estaban haciendo, y esto se resolvió mediante la creación de los policlínicos integrales que unieron todos los servicios. El aspecto más revolucionario de este cambio fue que cada ciudadano tenía un único punto de entrada al sistema de atención médica a través de su área geográfica específica. Esto permitió a la medicina cubana incluir con rigurosidad al 100% de la población y el concepto de punto de entrada único sobrevivió a cada cambio sucesivo.

Pero hacia 1974 se percataron de muchas contradicciones dentro de los policlínicos integrales. El sistema imponía demasiados requisitos a las clínicas y no estaban lo suficientemente conectados a las comunidades. Los planificadores médicos cubanos tomaron prestado personal e ideas de Europa del Este, pero se dieron cuenta de que un problema con esos sistemas era que las clínicas estaban bajo el control de los hospitales. Tener clínicas al mismo nivel que los hospitales se preservó en todas las fases de transformación del sistema médico. El nuevo sistema cambió las clínicas a policlínicos comunitarios. En el antiguo sistema, los pacientes iban a las clínicas. A partir de 1974, las clínicas irían a la comunidad. Estas clínicas desarrollaron equipos de médicos y enfermeras basados ​​en especialidades y estos equipos especializados pasarían a ser los responsables del área de la clínica.

Surgieron nuevas contradicciones dentro de este sistema clínico, siendo una de las más importantes que los equipos de médicos y enfermeros basados ​​en especialidades tenían áreas demasiado grandes para que conocieran bien a los pacientes. En 1984 la medicina cubana comenzó a cambiar hacia equipos de médicos y enfermeros en consultorio de vecindario u oficina de médico. Los equipos vivían en el vecindario al que estaban asignados, tenían especialidad en medicina general para los problemas más frecuentes y tenían un área lo suficientemente pequeña como para que cada paciente pudiera ir al consultorio y los médicos y enfermeros pudieran ir a todas las áreas; en áreas urbanas. Este sistema ha sobrevivido hasta hoy e incluye casi al 100% de los cubanos. Los equipos de médicos y enfermeros de vecindario conocen a cada uno de sus pacientes por su nombre y están completamente integrados con clínicas, hospitales, escuelas de medicina, hospitales especializados e institutos de investigación.

Ya has señalado el espíritu internacionalista detrás del modelo de atención médica cubana. Pero esto era algo presente desde el principio, en sintonía con muchos otros aspectos de la política revolucionaria en asuntos exteriores. ¿Puedes señalarnos algunos ejemplos significativos de cómo esta visión internacionalista se ha manifestado a lo largo del tiempo?

Solo quince meses después de la Revolución, Cuba envió médicos a Chile tras un terremoto, en 1960. En 1963, Cuba envió una brigada médica a Argelia, que luchaba por su independencia de Francia. Después de enterarse de los movimientos revolucionarios en Zaire, Congo y Guinea Bissau, Cuba envió médicos allí para acompañar a los asesores militares. Durante las guerras angoleñas de 1975 a 1988, Cuba envió entre 700 y 800 profesionales médicos para apoyar a sus tropas. La asistencia cubana internacional se expandió a nivel mundial, de modo que al final de las guerras de Angola también había enviado brigadas médicas a Benin, Burkina Faso, Camerún, Cabo Verde, Guinea Ecuatorial, Ghana, Guinea, Madagascar, Malí, Mozambique, Nigeria, Santo Tomé y Príncipe, Seychelles, Sierra Leona, Somalia, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabwe. Cuba incluso estableció una facultad de medicina en Jimma, Etiopía.

Las brigadas médicas más grandes enviadas a América Latina y el Caribe fueron a Perú, Jamaica, Granada y Nicaragua. Pequeñas brigadas también fueron a Bolivia, Colombia, Guyana, México, Panamá, Surinam y Santa Lucía. Otros países que han recibido ayuda cubana han sido Irán, Irak, Libia, Mauritania, Marruecos, Yemen del Sur, Siria, Sahara Occidental, Afganistán, Sri Lanka, Vietnam, Laos y Ucrania. Entre 1975 y 1991, más de 70.000 trabajadores humanitarios cubanos fueron al extranjero. Al mismo tiempo, Cuba trajo a más de 50.000 estudiantes de todo el mundo para estudiar en sus escuelas, cubriendo el costo total de su educación. En 1984, Cuba había traído y financiado a estudiantes de 75 naciones, prácticamente todos de países pobres donde los estudiantes generalmente debían pagar por su educación. El número de estudiantes que vienen a estudiar a Cuba se incrementó aún más en 1999, cuando abrió la ELAM. Para 2020, ELAM había capacitado a 30.000 médicos de más de cien países.

En seis décadas de Revolución, más de 400.000 profesionales médicos cubanos han trabajado en 164 países y han mejorado la vida de cientos de millones de personas.

 

En tu libro, al referirte al sistema de atención cubana, insistes en la noción de medicina revolucionaria y en la importancia que las ideas del Che Guevara tuvieron para ella. Quisiera para acabar volver sobre este episodio de la historia, porque el Che Guevara imaginó por primera vez un modelo de medicina revolucionaria cuando estuvo en Guatemala y comenzó a escribir un manual al respecto que nunca terminó, debido al golpe que sufrió Jacobo Árbenz en 1954. Pero, ¿cómo empezó todo? ¿Cómo formó el Che Guevara esta visión?

El Che Guevara se tomó un descanso de nueve meses de la Facultad de Medicina en la Universidad de Buenos Aires en diciembre de 1951 para viajar en motocicleta por Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela. Uno de sus objetivos era ganar experiencia práctica con la lepra. En la noche de su 24 cumpleaños, el Che cruzó el río a nado en la colonia de San Pablo en Perú para unirse a los leprosos. Caminó entre seiscientos leprosos en chozas de la selva cuidándolos con sus propios métodos. No se conformaba con estudiar y simpatizar con ellos; quería estar con ellos y entender su existencia. Estar en contacto con personas pobres y hambrientas mientras estaban enfermas transformó al Che. Imaginó una nueva medicina, con médicos que atenderían a la mayor cantidad de personas con atención preventiva y concienciación pública sobre la higiene. Unos años más tarde, el Che se unió al Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro como médico y se encontraba entre los 81 hombres a bordo del Granma que llegó a Cuba el 2 de diciembre de 1956. Después de la victoria del 1 de enero de 1959, la nueva Constitución cubana incluyó el sueño del Che de atención médica gratuita para todos como un derecho humano.

Décadas antes de que la COVID-19 saltara de persona en persona, la imaginación del Che pasó de médico a médico. O tal vez su propia visión fue compartida por muchos tan ampliamente que, después de 1959, Cuba llevó la medicina revolucionaria a cualquier lugar donde pudiera. Obviamente, el Che no diseñó el intrincado funcionamiento interno del sistema médico actual de Cuba. Pero fue seguido por sanadores que tejieron diseños adicionales a una tela que ahora se despliega en los cinco continentes. En ciertos momentos de la historia, miles o millones de personas ven imágenes similares de un futuro diferente. Si sus ideas se extienden lo suficiente durante el momento en que las estructuras sociales se están desintegrando, entonces una idea revolucionaria puede convertirse en una fuerza material para la construcción de un mundo nuevo.

 

*Alejandro Pedregal es escritor, cineasta y profesor en la Universidad Aalto, Finlandia. Su libro más reciente es Evelia: testimonio de Guerrero (Akal/Foca, 2019).

Por REDH-Cuba

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