Opinión

El declive imperial ¿Todo es lo mismo? Por Stella Calloni

Los recientes resultados de las elecciones de Estados Unidos, en que el candidato demócrata Joe Biden se impuso logrando el mayor voto popular en la historia estadounidense: 71.4 millones mientras Trump obtuvo 68.3 millones y   continúa en una complicada maniobra legal para tratar de  que la justicia juegue una última carta en su favor,  terminó de desnudar la crisis de la decadencia de la potencia imperial, ya maltrecha mucho antes de que la pandemia exhibiera la verdadera esencia de ese declive imparable.

Mientras esto sucede el que “todo es lo mismo” aparece como la frase más fácil de repetir para el coro. Que republicanos y demócratas son lo mismo, debería llamar a la reflexión, no por lo que hemos conocido y sufrido en América Latina por el “consenso” bipartidista de la política exterior, sino por matices imposibles de advertir y en especial cual es el momento del descenso imperial.

El 61 por ciento de los estadounidenses creen que están al borde de una guerra civil lo que debería ser el indicador de una situación interna cada vez más compleja,  donde a los 40 millones de pobres y desempleados, se une un ejército  de ex combatientes de las guerras coloniales del siglo XXI, obligados a cometer crímenes de lesa humanidad contra pueblos indefensos.

Hay hechos y situaciones que suceden detrás del escenario especialmente después que la pandemia de coronavirus descubrió lo oculto, lo escondido, astilló los espejos mostrando la expresión más decadente de la mayor potencia del mundo, en su visible declive, exponiendo los problemas internos como nunca antes había sucedido.

El paso de la administración Trump  agravó todo, llevando la fractura social al límite de lo soportable. Nunca en Estados Unidos se habían realizado elecciones en un escenario tan complejo a nivel local y mundial y cuando ese  país enfrentaba uno de los más grandes movimientos de protestas que permanecieran por más de cien días en varios estados ni era común la presencia ilegal de tropas federales en esos lugares.

Portland, Oregón  fue un símbolo de lo que estaba sucediendo, en momentos en que   E. UU ocupa el lugar 109 entre 159 países, siendo más desigual que Turquía, Catar, Costa de Marfil, Filipinas o El Salvador, que son ejemplos cercanos al índice estadounidense. A esto se agregan las consecuencias económicas de la pandemia del COVID-19 y el comportamiento de Trump  evidentemente irracional, aunque esa irracionalidad ha sido laboriosamente trabajada y extendida hacia un sector importante de la población convertida en un ejército de “zombis”, que repite el discurso trumpista en forma automática.

Según según ACLED(Conflict Location & Event Data Project)organización que analiza los conflictos   “la otra alternativa de Trump  para reducir  el margen que lo separa de los demócratas, es tratar de explotar las tensiones sociales, considerada la otra variable fundamental, y erigirse como el defensor de la ley y el orden”.

De acuerdo a su investigación desde mayo pasado “se produjeron  diez mil marchas populares en protesta en Estados Unidos. Un 73 por ciento relacionadas al movimiento Black Lives Matter (BLM que significa las vidas negras importan) en la que participaron no sólo los afroamericanos, sino una diversidad de grupos sociales y especialmente jóvenes blancos. En todo estos casos fueron marchas pacíficas, reclamando justicia por los asesinatos raciales, pero el 54 por ciento de éstas fue reprimida violentamente por la policía

Por su parte las manifestaciones en contra de estas marchas fueron unas 360 en las que participaron mayoritariamente   grupos supremacistas blancos entre los que se contaron milicias armadas y el siniestro Ku Klux Klan(KKK) que actuaron con extrema violencia. Un informe de ACLED sostiene que Oregón es uno es uno de los cinco estados de Estados Unidos con mayor riesgo de ver un aumento de actividad de grupos de ciudadanos armados durante y después de las elecciones del martes 3 de noviembre, mencionando más de 80 organizaciones de milicias de derecha.

“No se trata de algo nuevo, sino un recurso explotado por la derecha desde siempre, el problema está en los límites a que están dispuestos a llegar alentando estas contradicciones, sobre todo porque, hasta ahora, la estrategia del presidente no está rindiendo los frutos que esperaba” señala ACLED.  La ola negacionista es otro síntoma de cómo la crisis de confianza ha erosionado nuestra sociedad”.

 Son muchísimo los factores que determina que nunca como ahora nada es lo mismo y más aún en una política exterior en manos de lo más fundamentalista de un conservadurismo tardío que llevó al gobierno de Trump a romper con acuerdos claves para el mundo y con organismos internacionales, con un desprecio por la legalidad internacional que rompió todos los límites.

Los asesores para América Latina fueron recogidos del lobbysmo más decadente, mafioso y terrorista de  la región y los personajes más oscuros de la historia estadunidense, como es el lobby cubano americano de Miami. Lo mismo para Medio Oriente, nada menos que Jared Kushner el yerno de Trump representando al ala más dura del fundamentalismo israelí . Los resultados están a la vista. El “todo es lo mismo” sería si pudieran actuar como si nada hubiera sucedido en el mundo, o como si al interior de Estados Unidos no hubiera una situación como lo que está marcando la realidad.

Si es por su relación con nosotros los latinoamericanos y caribeños, a pesar de los sucesivos golpes- varios de ellos fracasados-  e intentos de invasión, y de la invasión silenciosa de las Fundaciones de todo tipo y la dictadura mediática impuesta, el levantamiento de los pueblos,, como una continuidad de la rebelión antineoliberal de fines de los años 90 y principios de este siglo, es evidente que también se está llegando a los límites de los soportable, cuando lo que se juega ya es la sobrevivencia. Es como dijera en su momento el comandante Fidel Castro Ruz sobre las explosiones volcánicas, la pandemia del corona virus que puso al mundo “patas arribas” está, al desnudo,  actúa como un potente revulsivo social, un protagonista imprevisto,  que obliga a la reflexión más profunda, a regresar a la realidad, que estalla ante los ojos de todos y que nos obliga a unos y otros, a una profunda instropección, es decir a mirarnos hacia adentro, pero desde lo colectivo y desprendernos del individualismo destructivo y de las huellas coloniales de nuestra cultura, para rescatarnos al fín.

La explosión de los pueblos, que se extiende por  los países de nuestra región y otros en el mundo  es imparable y pone en evidencia la falta de dirigencias políticas, a la vez que hace necesaria la unidad en forma urgente de los pueblos insurreccionados, que se están ganando en las calles, exponiendo sus vidas, los derechos que les corresponden. Los intentos recolonizadores son tardíos y trasnochados. No hay más lugar en el mundo para las ficciones democráticas.

Las consecuencias de la pandemia desarmó los tinglados de la mentira y expuso la criminal desigualdad social, intolerable en este siglo XXI. La revolución tecnológica utilizada para someter al hombre y convertirlo en un simple robot y no para servirlo, se va a convertir en una trampa para sus dueños absolutos.

Creían que nos iba a digitizar la vida y la muerte, que contra ese tipo de virus no teníamos defensas, pero los propios embrollos de la tecnología, la inhumanización que pretenden, no pueden ni podrán nunca con la capacidad de imaginación del hombre, menos aún contra millones de hambrientos, a los cuales la publicidad los alienta a consumir, a desclasarse y los deja desamparados, desnudos y con las manos vacías  a la entrada de la muralla de los poderosos.

Por supuesto que en el caso de Estados Unidos Joe Biden no es Trump , pero tampoco Bernie Sanders, pero el movimiento que representa este último está en alza y el Partido demócrata no puede prescindir de esto. Son cambios.que nos e pueden desconocer.

Para nosotros, para nuestros países dependientes del imperio -salvo Cuba- que suba uno  u otro podría ser lo mismo, siempre que nosotros no seamos lo mismo,. Y ahí está el punto clave. O nos descolonizamos apresuradamente y resistimos unidos el proyecto de recolonización, o nos liberamos si aprendemos cómo  valernos de las debilidades de la decadencia imperial.

La garra del capitalismo en estado de salvajismo, es definitivamente más visible y  predecible, que las otras formas encubiertas de apropiarse de nuestras conciencia, de captación y dominación perversa de grandes sectores de nuestras sociedades condenadas a la indigencia y la indiferencia.. El siglo XXI debe ser el de nuestra liberación. Los pueblos están marcando el camino,Y Estados Unidos ya comenzó a entrar también en ebullición, hasta parecerse a un imperio “bananero”.

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