Opinión

Dossier: Intelectuales y revolución

Este 2021 arribamos a los 60 años del emblemático discurso «Palabras a los intelectuales». Su significación viene dada tanto por trazar los derroteros de la política cultural revolucionaria para los años futuros como por constituir un importante esfuerzo reflexivo en torno a la relación que deben tener el arte, los intelectuales y una Revolución social profunda.

Hoy, como parte de la campaña desplegada por el Ministerio de Cultura en homenaje a este momento crucial de la cultura cubana, nos sumamos con este dossier al ejercicio colectivo de pensamiento que Fidel abrió para Cuba y el mundo hace seis décadas.

José Ernesto Nováez


La crítica intelectual sobre los sentidos de la Revolución cubana. Por Georgina Alfonso González

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La perspectiva crítica revolucionaria incorpora a los debates el análisis sobre las formas específicas en que se manifiestan y concientizan las aspiraciones humanas y las posibilidades de su realización en el contexto cubano. Por eso, ocupa atención especial, el tema de la participación activa de los sujetos sociales en los procesos de cambios. El ir y volver constantemente a las prácticas cotidianas revolucionarias permite articular y fortalecer nuevas formas de participación, poder y control desde el individuo, la colectividad laboral, las comunidades, la sociedad en su totalidad.  Ningún debate sobre la revolución socialista sustituye el accionar concreto ni tampoco soluciona definitivamente los problemas de la práctica, pero el debate de ideas es consustancial a la práctica revolucionaria. No para hacer una entelequia  que justifique prácticas erróneas o impuestas, sino para pensar colectivamente el accionar popular cubano.

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Los intelectuales y la Revolución. Consideraciones a propósito de un problema de permanente actualidad. Por Rafael Plá León

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En aquel discurso Fidel pronunció palabras duras para aquel intelectual no revolucionario. Y, conscientemente o no, delimitó los campos con mucha precisión: “ustedes” (los intelectuales) y “nosotros” (los revolucionarios). Hoy sería políticamente incorrecto poner esa barrera en la comunicación; y es que se ha avanzado mucho en la identificación de esos campos (el del arte y el de la política). El artista formado en la Revolución entiende mejor qué es el proceso que le da garantías para su libre creación y no es raro que se compenetren bastante en el camino de los principios. En su gran mayoría, los artistas cubanos defienden la Revolución, aun con reservas, con recelos cuando ven cosas muy mal hechas. Pero se reúnen, discuten y recomiendan visiones de las cosas donde prime la mirada culta sobre los asuntos. Los congresos de la UNEAC son lo más parecido que hay a un verdadero congreso del Partido. Allí no se va a hablar de arte exclusivamente, allí las preocupaciones se meten hasta el tuétano de la sociedad y se ejerce la crítica con todo el duro filo de que es capaz de manejar un intelectual revolucionario. En esos casos, la dirección política del proceso, los directivos del gobierno escuchan atentamente y asumen la responsabilidad de enderezar lo que ande mal.

Pero cuando la Revolución se ve de pronto atacada por una andanada de ráfagas que tienen poca o ninguna intención de conversar; cuando se ve asediada, a la par de bloqueos, crisis económicas o pandemias, por vulgares provocaciones que intentan sacarla de sus casillas, ahí la Revolución se recuerda de la diáfana definición de Fidel: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”, y responde como se le responde a un enemigo.

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Decadencia imperial, colonialismo tardío y pandemia. El gran desafío intelectual. Por Stella Calloni

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La Revolución cubana  produjo entre otros hechos extraordinarios, la revolución cultural con la creación de la Casa de las Américas, ente otras actividades   y el más esplendoroso rescate de la cultura liberadora   en el siglo XX,

La irradiación cultural continuó a lo largo de la heroica resistencia contra el bloqueo impuesto a sólo dos años de la llegada del ejército rebelde de liberación, y el comienzo de la revolución, en una pequeña isla del caribe, a sólo 90 millas de esa misma potencia imperial que hoy nos amenaza.

No existe en la historia del mundo una situación semejante de una revolución de estas características en una isla que hoy tiene poco más de 10 millones de habitantes, donde la dirigencia revolucionaria y el pueblo derrotó a la potencia imperial un intento de invasión a la isla por Playa Girón en abril de 1961, declarándose entonces socialista en un desafío bíblico de David contra Goliat. Y Cuba sigue en pie.

Esta revolución planteó debates históricos, los más esclarecedores sobre el papel del intelectual  en el marco de la revolución, del intelectual revolucionario como aquel discurso del comandante Fidel Castro Ruz  entonces Primer  Ministro del Gobierno revolucionario y Secretario General del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (Pursc)creado el 26 de marzo de 1962.

Ese discurso fue la conclusión de las reuniones con los intelectuales cubanos que se realizó en la Biblioteca Nacional entre el 16 y el 30 de junio de 1962, donde se escucharon todas las voces inclusive las críticas. La Revolución cubana demostró a lo largo de los años su capacidad de reconocer errores y de dar los pasos más audaces que se hayan dado en su larga lucha antimperialista, como el único país hoy independiente de América Latina y el Caribe. El costo ha sido muy alto, pero  la  libertad que sólo puede darnos la soberanía y la cultura de la dignidad lo vale todo.

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¿A qué se dedican los intelectuales? Por Iván Padilla Bravo

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Hoy, cuando se pide a los intelectuales asumir su responsabilidad en la defensa de la humanidad. De lo que se trata es de defender el avance en conciencia, más que en actos que muchas veces se quedan en la pobreza egótica de quienes terminan convirtiéndose en reproductores del pasado que creyeron vencido.

Las revoluciones cubana y venezolana, por nombrar tan solo dos muy vigentes y afectas a nosotros, se declaran socialistas en sendos momentos de expansión en la conciencia de sus pueblos. Cuba lo hace en medio del fragor y la primera victoria en Nuestramérica frente al imperio yanqui que había intentado invadir, con un ejército de terroristas (mercenarios entrenados por el Pentágono y la CIA  por órdenes del Gobierno estadounidense y los amos del mundo) por Bahía de Cochinos (derrotados en Playa Girón). Allí su Revolución se asume, a conciencia, socialista.

Entre tanto, Venezuela asume su decisión de radicalización socialista, justo en medio de una serie de acciones terroristas y contrarevolucionarias entre las que se cuenta el cruento Golpe de Estado de 2002, ejecutado el 11 de abril de ese año y derrotado  por fuerza de la misma conciencia unificada del pueblo (despierta el 27 de febrero de 1989) el día 13 de ese mismo mes.

Las y los intelectuales ahora tienen la responsabilidad de lavar aquí su «pecado original» (Che), no para mostrarse como autores y guías de la conciencia de un pueblo, sino para ser capaces de universalizar la comprensión de hechos liberadores de la humanidad, como los que cito, al tiempo que honro por su fuerza auténticamente revolucionaria.

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¿Dónde están los intelectuales revolucionarios del mundo? Por Arantxa Tirado

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Ni el socialismo ni el comunismo están ya “de moda” en este mundo de aparente hegemonía del capitalismo neoliberal. Defenderlo es ir absolutamente contracorriente, sin más asideros que dos procesos revolucionarios vilmente asediados y que nuestra prensa presenta todos los días como ejemplos de dictaduras y modelos económicos fallidos.  Quizás por eso se hace cada vez más difícil encontrar a intelectuales verdaderamente comprometidos con las causas de esos pueblos que abrazan -o tratan de abrazar- el socialismo, el comunismo o, simplemente, que apuestan por un modelo de desarrollo soberano fuera de los márgenes permitidos por las élites gobernantes. Los pocos intelectuales, artistas y pensadores revolucionarios deben soportar el peso de una guerra sucia en redes, acoso personal y profesional, que incluye boicots a su trabajo por parte de grandes conglomerados que controlan la cultura, las artes o la prensa en el “mundo libre”. Willy Toledo es un caso emblemático en el Estado español, que ha servido de ejemplo para mostrar al resto lo que le espera si se atreven a defender sin ambages a los procesos políticos de Cuba o Venezuela. Pero no es el único. En cada país la pauta se repite, con sus variantes, pero con un mismo objetivo: acallar a las voces comprometidas con las únicas revoluciones que siguen vivas en América Latina y el Caribe: Cuba y Venezuela.

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Rodolfo Walsh, Playa Girón y la brigada 2506. Por Carlos Fazio

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En la coyuntura, la guerra cultural forma parte de un sistema que integra o se relaciona con la guerra política, la guerra psicológica, la guerra no convencional, la subversión política-ideológica, la guerra de cuarta generación, el poder inteligente y el golpe blando.

Hasta el presente, todas esas modalidades guerreras del Pentágono y la CIA han fracasado debido a la firme voluntad de un pueblo de defender la patria y a una revolución auténtica, hija de la cultura cubana y de las ideas de sus dirigentes fincadas en un nacionalismo fruto de un proceso de liberación anticolonial y antimperialista. Por eso, hoy, como hace 60 años, con José Ramón Fernández podemos decir que Cuba sigue siendo “Territorio Libre de América”.

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