Las ideas de Ernesto Che Guevara tienen una vigencia imprescindible para el análisis y los debates de nuestra realidad actual. A partir de sus escritos, su trayectoria revolucionaria, los rasgos de su personalidad y su carácter, su actuación como ministro y dirigente político del Estado cubano, su paso por África en tareas internacionalistas y su prematura muerte en Bolivia, –asesinado por la CIA y sus cómplices bolivianos–, podemos escudriñar y seguir aprendiendo de sus enseñanzas para orientar el accionar político de la izquierda emancipatoria, ante la complejidad de las luchas de resistencia al capitalismo neoliberal del siglo XXI. No se requieren iconos en altares reverenciales ni camisetas y carteles con su imagen manipulada y vaciada de todo contenido por la cultura mediática del consumo masivo. Requerimos comprender la esencia de su constante caminar, las coordenadas que guiaron su vida, para coadyuvar y continuar las luchas de liberación de nuestros pueblos.
Uno de los principios fundamentales que rigieron los destinos del Che fue el internacionalismo, uno de los legados definitorios de la revolución cubana hasta hoy, práctica en la que el Che surge como dirigente y se forma como teórico de un socialismo marcado por una perspectiva ajena al localismo de los afanes de trasformación social. En uno de sus escritos más destacados, El socialismo y el hombre en Cuba
, sostiene que: El revolucionario, motor ideológico de la revolución, se consume en esa actividad ininterrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción del socialismo se logre en escala mundial
. Continúa: Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida del internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno
. Concluye de manera tajante: El internacionalismo proletario es un deber pero también una necesidad revolucionaria
. Aquí se originan interrogantes ineludibles: ¿cómo compaginar la consolidación de un proceso revolucionario en el ámbito nacional, con la exigencia de los principios internacionalistas? Especialmente cuando, sin excepción, se establece un cerco económico-político-militar de las potencias imperialistas a los países que logran romper con la dominación de las clases dominantes capitalistas.
En la ruta del Che examinamos sus tres incursiones como combatiente y dirigente revolucionario: la cubana, la de África y la de Bolivia. En Cuba la revolución constituye un proceso firmemente enraizado en la realidad y la historia nacional. El Movimiento 26 de Julio supo apropiarse de la herencia martiana y aplicarla a una lucha antidictatorial con fuertes ramificaciones y articulaciones en organizaciones obreras, campesinas, y estudiantiles, y con una intelectualidad al servicio del proceso insurreccional. La llegada de los sobrevivientes del Granma a la Sierra Maestra no es la implantación de un foco guerrillero
, sino la continuación de una lucha de años y el establecimiento en tierra fértil de una fuerza política nativa que fructifica y se desarrolla entre el campesinado, y en vinculación con frentes urbanos trabajando para que acontezca de esa manera. En Congo y en Bolivia, en cambio, hay una suerte de incursión foránea
, con débiles apoyos y relaciones con los grupos locales, con el movimiento obrero y campesino, incluso cierta hostilidad y mezquindad por la presencia del Che en tierra boliviana. Recordemos las posiciones del Partido Comunista de Bolivia de entonces.
La trascendencia del Che para el análisis de los actuales procesos de resistencia es su congruencia ética, su abnegación y entrega a la causa de la revolución, su posición ante el poder, y sus perspectivas sobre el impacto de estos factores en el desarrollo y consolidación de un proceso revolucionario. Como hombre de Estado fue muy estricto en el uso del poder, cuidadoso de una utilización patrimonialista de los recursos estatales, sin privilegios, lujos o derroches, no exigiendo a los demás lo que se exigía a sí mismo, otorgándole mucha importancia al trabajo voluntario, a los estímulos morales sobre los materiales. Su respeto y lealtad a las instituciones revolucionarias en formación, a los grados y jerarquías que se forjan en el principio de autoridad concebido con base en las cualidades morales, el valor personal, el cuidado estricto de los principios y el respeto a la amistad y la camaradería que se expresa en el carácter fraterno de las relaciones sostenidas entre Fidel y el Che. También, el comandante Guevara es un caso excepcional en que un dirigente abandona sus altos cargos en el Estado para iniciar o apoyar procesos revolucionarios en otras latitudes.
Cuánta razón asiste a las generaciones de educandos en el juramento: ¡Seremos como el Che!
Fuente: La Jornada