Transcripción del capítulo 12 del Podcast A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas. Producción: Radio Cubana. Realización: Erick Méndez Díaz. Periodista: Isabel Díaz González. Idea y Gestión Editorial: Omar González Jiménez. Frecuencia: semanal (todos los sábados). Enlace principal: https://www.radiocubana.cu/podcast-a-contracorriente/
Participantes en este episodio: LLanisca Lugo González (LLG), psicóloga social y educadora popular; e Isabel Díaz González (IDG), periodista y conductora de programas en Radio Rebelde.
VOZ EN OFF DE EMD: Esto no es un podcast, es una invitación a pensar en cómo somos. A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas.
IDG: Una nueva edición de A Contracorriente. Compartimos reflexiones desde hace varios programas con LLanisca Lugo, quien es, entre otras funciones, psicóloga, investigadora y educadora popular, y conoce a cabalidad el tema de los movimientos sociales y populares y su relación con la cultura en la región latinoamericana y caribeña. Es un término en el que hemos estado incursionando ampliamente, y hemos avanzado también en conceptos como articulación, identidad y unidad.
Cómo fomentar experiencias, además, que sirvan de aprendizaje en este fenómeno. Intentamos una mirada colectiva, muy necesaria también en el ámbito de la cultura y en las nuevas generaciones, muy importante para nosotros, vinculados al quehacer de los medios de comunicación. LLanisca, te doy la bienvenida, al tiempo que reitero que te desempeñas también como investigadora del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello y del Centro Martin Luther King. Te propongo poner hoy sobre la mesa el tema comunicación popular y cultura, un fenómeno vinculado, por supuesto, a la actualidad que debiéramos analizar. Cómo pudiéramos introducir este tema en esta emisión del podcast?
LLG: Sí. Mira, Isabelita, así como se puede ocupar el Estado sin la capacidad de conducir o dirigir la sociedad, porque esa clase que ocupó el Estado no tiene las condiciones de referencia y no tiene un proyecto, una idea de hacia dónde va y no tiene un sujeto organizado que se movilice en función de ese horizonte; así, entonces, tienes el Estado, pero no diriges la sociedad; así también se puede ser clase dirigente de un sujeto popular si conviertes el territorio político cotidiano en un territorio de referencia y se constituye eso como ejemplo de hacia dónde ir y por dónde transitar ese camino de la liberación.
Entonces, el movimiento popular ha buscado en algunas prácticas esa forma de dirigir. Dirigir no en el sentido de orientar o de mandar, sino en el sentido de conducir ese consenso que se va armando y que se va tejiendo, que necesita ampliar el diálogo y la conversación con el conjunto de la sociedad. Eso no se puede hacer sin prácticas de comunicación, sin construir una dimensión como el arte y la cultura dentro de los procesos de formación y sin el trabajo de base, abandonado por muchas fuerzas de izquierda en la región, preterido, creyendo que la política se ubica en determinados escenarios y las victorias se codifican desde determinados lugares.
Y cuando se abandona el trabajo de base y no se hace la comunicación para dialogar con esa base y no se concibe la cultura como un espacio en disputa permanente con ese sujeto plural que está en la base, lo que sucede es que a mediano plazo se debilita la capacidad, la fuerza popular que, al mismo tiempo que es rebelde ante lo que está incompleto de la realización del proyecto de transformaciones, sacude con iniciativas y con capacidad de propuestas ese proyecto. Se debilita eso y cuando se debilita eso es un cascarón. El Estado queda encerrado, encapsulado y por eso hemos tenido que sufrir golpes de Estado, hemos visto derrotas importantes en los últimos años porque queda aislado de una movilización popular debilitada.
El movimiento popular concibe la comunicación aunque se da y sabe que tiene que impugnar esa comunicación orientada centralizadamente por las grandes tecnologías de la información, que realmente homogenizan y concentran un mensaje que se capilariza en toda la sociedad; sabe que tiene que operar en ese campo y crea al mismo tiempo una comunicación popular en el entendido del encuentro y el diálogo. Un diálogo que no se da con antagónicos, pero sí se tiene que dar con diferentes, diferentes que portan esa cultura popular con signos y con símbolos que hay que reconocer. No se pueden ampliar las zonas de la izquierda si no se reconoce el sujeto plural que constituye la izquierda, si no se confía en ese sujeto popular y si no se devela toda esa historia que tiene, y la comunicación popular es ese encuentro, ese diálogo que pronuncia esa palabra entendida como la historia que portamos y que tiene herramientas técnicas también, porque hoy hay radios comunitarias, hay procesos audiovisuales o de generación de contenido a partir de las propias historias de los sujetos que han sido preteridos, marginados, excluidos y hay una visión, una capacidad de conectar con la referencia del arte, que siempre es un referente para el campo popular, entendiendo el liderazgo de las bases también como referentes de una cultura distinta.
O sea, quien dirige un proceso popular es un referente, es un maestro y es un artista. No se puede luchar si tú no tienes una imagen de un mundo distinto y si tú no puedes contar esa imagen con imaginación, con creatividad. Por eso, un referente popular, un líder popular, es siempre un artista en ese sentido de crear, de dibujar el mundo.
IDG: Me mencionabas el concepto de comunicación popular, lo poníamos sobre la mesa; estamos abordando hoy precisamente esa relación entre la comunicación popular y la comunicación de los grandes medios, los emporios mediáticos, también considerada popular erróneamente, lo que me mencionabas en tu reflexión. Esa relación es un divorcio absoluto. Cómo verías este fenómeno de la comunicación popular ante esta otra forma de comunicación –por ejemplo, en las redes sociales digitales–, donde muchas veces no se encauza precisamente en defensa de nuestros valores, de esa identidad, de esa unidad dentro de la diversidad de los movimientos populares. Te propongo hacer una valoración de estas dos maneras de considerar lo popular en la comunicación.
LLG: Es una pregunta interesante porque hay en el imaginario la idea de que lo popular es lo pequeño, lo popular es lo periférico, lo popular es lo que no se hace del todo bien, y del otro lado estaría lo profesional, el experto, el masivo, el grande, el de la academia, el que tiene la capacidad de universalizar. Y es muy importante, yo creo, la reflexión sobre cómo propuestas identitarias, formuladas desde el campo popular, se conectan con narrativas e historias diferentes y tienen la capacidad de hacer síntesis de esa pluralidad y convertirse en universal. Entonces, lo que hace la efectividad hoy de una comunicación popular no es ni el carácter del medio ni la manera en la que ese medio encuentra la forma de capilarizarse en el conjunto de la sociedad, sino es la potencia que tenga la narrativa para hacer síntesis de ese sujeto plural: el sujeto popular.
Yo creo que en los últimos años ha habido una idea de que en la diversidad nos hacemos fuertes y que hay que construir la diversidad para reconocernos en el camino que vamos. Y es verdad que la diversidad no es una voluntad, es un hecho, es un dato, es una capacidad. El sujeto plural es diverso. El neoliberalismo lo fracturó todavía más. Entonces, es un sujeto diverso y fracturado por esas políticas neoliberales. La tarea de una comunicación popular es también hacer síntesis de esa diversidad porque en sí misma ella no es beligerante.
O sea, por ser diversos no somos, solamente por eso, capaces de transformar el orden con el que estamos luchando, si no hacemos una síntesis con capacidad de universalizar el mensaje. Esto quiere decir un proyecto en el que ese sujeto plural encuentra su discurso, encuentra su verdad, encuentra sus necesidades, encuentra sus deseos.
Eso que digo que es la promesa del proyecto. Una comunicación popular es una comunicación que reconoce esa diversidad en su síntesis. Puede parecer dentro de un medio grande de comunicación que se comprometa con ese tejido popular y puede darse en una comunidad. Entonces lo popular no es lo pequeño, lo popular no es necesariamente lo periférico, lo fragmentado, lo popular no es aquello que está en los bordes de lo que es central.
Esto me parece muy importante para reconocer lo que puede generar en términos universales una propuesta popular. Cuando la hegemonía popular es conquistada, aun cuando nunca es completa como te decía, realmente las transformaciones pueden ser muy profundas porque ahí está el pueblo creando, ya te digo, en posiciones disruptivas, haciendo esa síntesis entre la rebeldía ante lo incompleto y la capacidad de transformación. Eso no se hace solo desde el discurso, ni mucho menos desde un lugar centralizado de producción de ideas que después bajan. Esto se hace con trabajo de base. Se hace con la gente, donde la gente vive, porque donde las gentes viven se dan las contradicciones del proyecto. Entonces puede ser que un determinado proyecto político encamine políticas públicas con buena intención y esas políticas públicas amplifiquen derechos necesarios para la gente, pero la gente no tiene la interpretación de lo que significa ese derecho en su vida cotidiana. O una conquista inmediata, como puede ser tener de pronto un parque o que algo en la vida se haya resuelto, no se relaciona con el proyecto político. No se politizan determinados asuntos que tienen que ver con una disputa hegemónica.
Y eso solo se logra si el proyecto –que quiere decir las ideas con las gentes, ese es el proyecto, la idea de un mundo mejor con la gente que lo defiende y que lo crea– tiene un diálogo permanente con el conjunto de la sociedad, con el deseo de la sociedad y con cómo la sociedad está imaginando qué es su vida, las causas de lo que le pasa y por dónde su vida podría transitar para un mayor bienestar porque hoy, sí hoy, la gente no lucha para sacrificarse, no lucha para sentirse mejor, y la conquista tiene que ser eso, la plenitud del ser humano, no entendida como consumo, que es la plenitud del capital, entendida como eficacia de operación política y de integración social y de sentimientos de afecto, de comunidad de afecto y de fraternidad, que es la propuesta que defendemos. Si eso no se verifica en hechos concretos en el trabajo de base, no hay proyecto, si eso no se cuenta en una comunicación popular en dialogo, tampoco se puede hacer universal el proyecto. Entonces quería decir esto, para que no imaginemos que la comunicación popular es solo aquello pequeño que está siempre en resistencia y que no tiene capacidad de disputar la hegemonía; no, tenemos siempre que proponernos la disputa de la hegemonía.
IDG: Y me hablabas de casos concretos y de escenarios que en los últimos años vemos a partir de este fenómeno, por supuesto en este ámbito y en estos escenarios, de cuánto valor tienen desde su posición como portavoces de la cultura, si son o no considerados así. Cómo valoras este fenómeno, por ejemplo, en escenarios como Argentina. Pudiéramos valorar el caso.
LLG: Argentina o Brasil o Cuba… Cuando nosotros logramos que Silvio Rodríguez, Sara González, Pablo Milanés, se pongan en un escenario a cantarle a la Revolución, cantarle a Cuba, o Chico Buarque, como recientemente ocurrió en Brasil con la movilización contra Bolsonaro: Chico Buarque, Caetano Veloso Gilberto Gil se unen a cantar en una movilización popular en Río de Janeiro y en varias ciudades de Brasil, tú te das cuenta de que se da una magia, una magia en el encuentro entre esos símbolos, te das cuentas de que la cultura es una forma de entender la realidad, de ver el mundo de otro modo; cuando se da ese encuentro entre el referente cultural y el pueblo se produce el encantamiento que generalmente amplía las condiciones para esa disputa por la hegemonía. Estamos juntos un sujeto diverso, un sujeto que viene de diferentes lugares luchando por un proyecto, un encuentro masivo en y con el que todos nos podemos identificar, sentimos que ahí tenemos un lugar común. Ese hecho que es maravilloso, que es un misterio cómo se controla la subjetividad, es un misterio y tiene que ver con cómo se conectan las emociones, los deseos, los sueños. La conciencia es importantísima, hay que formar la conciencia crítica ante los fenómenos, y de eso podemos hablar después,. Pero la subjetivad es algo más complejo que la conciencia y tiene que ver con cómo se tejen en la vida de una persona sus deseos, sus sueños y ese rumor que hace que gente que ni se conoce se sienta conectada a un momento de belleza, y en ese canto está todo ese proceso de resistencia, porque a veces es mucho más potente una canción que un discurso.
IDG: Y, por supuesto, muy relacionado con esas pautas donde, reitero, comunicación, arte y cultura son referentes, artistas como referentes populares, qué ideas serían clave entonces para cerrar este espacio, donde hemos estado conversando y reflexionando también sobre la cultura en su sentido más amplio?
LLG: Sí, yo creo que son clave, y ojalá se pueda profundizar en estos temas, los aportes del movimiento popular para entender la comunidad como un territorio político, la participación como expresión del movimiento popular, el trabajo como la creación de nuevas fuentes y sentido de vida, la comunicación como la referencia ética fundamental y la educación como un proceso de liberación en sí misma. Yo creo que esas son ideas que son importantes.
IDG: Nos quedamos con tu importante reflexión. Hemos aprendido juntas en este debate compartido, siempre en sintonía con los objetivos del programa. Continuaremos en próximas emisiones.
