Transcripción del capítulo 13 del Podcast A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas. Producción: Radio Cubana. Realización: Erick Méndez Díaz. Periodista: Isabel Díaz González. Idea y Gestión Editorial: Omar González Jiménez. Frecuencia: semanal (todos los sábados). Enlace principal: https://www.radiocubana.cu/podcast-a-contracorriente/

Participantes: LLanisca Lugo González (LLG), psicóloga social y educadora popular, e Isabel Díaz González (IDG), periodista y conductora de programas en Radio Rebelde.

VOZ EN OFF DE EMD: Esto no es un podcast, es una invitación a pensar en cómo somos. A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas.

IDG: Un nuevo episodio de A Contracorriente. Continuamos el diálogo sobre temas interesantes vinculados a la cultura, a esa visión de cultura que defendemos desde acá, desde la reflexión colectiva. La cultura en su sentido más amplio, la que necesitamos y defendemos. Y en el diálogo nos sigue acompañando LLanisca Lugo González, quien es educadora popular, vinculada al quehacer el Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello y también al Centro Martin Luther King. Bienvenida nuevamente, Llanisca.

LLG: Gracias, Isabelita.

IDG: Hoy el espacio lo dedicamos a la educación popular. ¿Cuánto aporta este movimiento, si lo podemos llamar así, con sus principales exponentes, sobre todo en los últimos años? ¿Cómo valorar este concepto en su versión más amplia?

LLG: Sí, has dicho una cosa fundamental, que es la concepción de la educación popular como un movimiento. Porque realmente, bueno, hemos hablado del trabajo de base, como el territorio, donde se verifica el proyecto y se anima, se construye cotidianamente. Y la educación popular es una forma de hacer ese trabajo, es una concepción política y pedagógica encaminada a un proceso que es clave para cualquier liberación, que es la toma de conciencia, la concientización. La concientización del lugar del sujeto en un sistema de dominación múltiple, de la historia de opresiones, de la historia que ha vivido.

Porque aún los sujetos que están comprometidos en procesos políticos de transformación, comparten dogmas y tienen prejuicios sobre el mundo que han conocido, que intentan reproducir tal cual han conocido. Y es difícil imaginar el mundo distinto, un mundo de relaciones distintas. Y la educación popular viene a hacer esa concepción con instrumentos pedagógicos, con metodologías, para transformar el mundo desde la toma de conciencia. Con una idea que es fundamental, que es la acción cultural dialógica, que es una idea de Pablo Freire, que ha sido un referente de la educación popular en Brasil, y que defiende el diálogo de saberes y de experiencias, de prácticas, como un lugar fundamental del aprendizaje. Las prácticas no son exactamente lo mismo que las experiencias. Todos los seres humanos tenemos experiencias en la vida. Pero cuando hablamos de prácticas desde la educación popular, hablamos de procesos colectivos organizados con fines, con propósitos, con una intención. Y tenemos prácticas liberadoras en las que perviven elementos de dominación. Por eso se trata de una disputa permanente por ampliar la liberación y por eso debe ser colectiva. Porque cuando es colectiva nos reconocemos y vemos por dónde estamos reproduciendo esa lógica de dominación que estamos queriendo subvertir. Freire tiene un concepto que es fundamental, que se parece mucho a una idea de Fernando Martínez Heredia. Freire defiende la idea del inédito viable como una categoría que se refiere a que en el mundo pueden ocurrir cosas que no han ocurrido hasta ahora, pero que podrían ser posibles si las imaginamos y nos lanzamos a crearlas. Fernando decía que ninguna revolución se había hecho hasta hoy sin trascender los marcos de lo supuestamente posible.

Las revoluciones eran aquellas que, exactamente, se movían en esa frontera de la posibilidad para trastocarlo todo. Y la educación popular va desde el individuo hasta lo colectivo, un viaje de ida y vuelta de lo colectivo a lo individual para convertirnos en sujetos que toman conciencia de lo inédito viable, de la estructura de opresión en la que se ubica el sujeto y de la capacidad de creación y de transformación que tiene. Entonces es importantísimo para el movimiento popular defender la concepción político-pedagógica de la educación popular, porque es una concepción en la que se emancipa el sujeto en el propio proceso educativo.

No se narra desde una tribuna de todo el saber, que concentra todos los saberes como el mundo debe ser, sino que se construye, desde las prácticas de mundos distintos una síntesis de posibilidad de transformación, y eso deriva en transformaciones en el propio proceso de aprendizaje y también en el regreso a las prácticas.

Me parece fundamental una idea de la educación popular que tiene que ver con que, aunque el sujeto ha sido víctima de un sistema de dominación múltiple y está trabajando con un sujeto que está en un proceso de emancipación y de liberación, no es víctima el sujeto, es potencia, la potencia creadora. O sea, ciertamente puede estar atravesado por dolores sociales del lugar donde ha estado ubicado, pero siempre tiene una potencia –y de lo que tomas conciencia en último caso es de tu potencia de transformación–, que no es individual o que por lo menos no debiera serlo del todo, que no debe agotarse en lo individual. Es una potencia que se realiza y magnifica cuando estás en ese sujeto colectivo del que te sientes parte.

Entonces, la educación popular defiende una participación en el poder que tiene que ver con querer participar, con tener esa voluntad que se asocia a un resultado mejor. O sea, la gente participa porque cree que participando las cosas van a ser mejor, va a encontrar lo que busca, por eso quiere, tiene la voluntad de participar, pero, además, debe saber participar. Tenemos que formar para la participación, para que la gente tenga la capacidad de insertarse y aprovechar los cauces instituidos para la participación con conocimientos técnicos. Fidel decía que las revoluciones las hacen sujetos que no fueron nunca capaces de apropiarse de la cultura dominante, porque no eran sujetos de interés de la cultura dominante, y que en el mismo proceso en que se liberan tienen que conocer esa cultura, apropiarse de ella, apropiarse de la técnica y transformar. Es decir, las cosas no se dan unas primero y otras después. Se constituye ese sujeto emancipado en el mismo proceso en que se está dando la transformación.

Y la educación popular está diciendo esa potencia que se enriquece y que se construye colectivamente, se funda en un qué hacer, que no es el activismo, que no es salir corriendo a hacer montones de cosas para sentirte mejor porque las has hecho. El qué hacer es esa práctica colectiva de ir fundando en un proceso. La educación popular acompaña procesos de base, puede haber cursos y puede haber espacios de educación popular, pero realmente la educación popular es una propuesta que va a acompañar un proceso de base en esa toma de conciencia del sujeto colectivo, en su emancipación para tomar conciencia de su potencialidad para las transformaciones de lo que está viviendo con esa idea de Pablo Freire del inédito viable, que es el compromiso de imaginar el mundo, cosa que es muy difícil porque aún las personas que te digo están queriendo transformar la realidad, muchas veces reproducen para su transformación los métodos y modos que han aprendido en la cultura en la que se han formado. Cómo se rompe eso, cómo la institucionalidad genera tareas, movimientos y procesos sociales que contribuyan a la ruptura de esos bordes con los que imaginamos la vida, para pensar el mundo distinto, es una tarea educativa, es una tarea política y es una tarea que se tiene que verificar en acciones, en una praxis, en prácticas políticas concretas.

IDG: Que para suerte también de los cubanos en la región tenemos experiencias muy cercanas y estamos muy vinculados con esos conceptos de educación popular. Freire sería uno de los ejemplos de los que has mencionado. ¿Otros ejemplos que quizás pudieran servirnos como parte del debate de experiencias vinculado a tu labor ya desde la investigación cultural?

LLG: Sí, porque la educación popular no es una especialidad de nada, es un compromiso ético-pedagógico de fundar referencias teóricas diferentes, que incluye el marxismo heterodoxo: yo diría que Fernando Martínez Heredia fue un educador popular en el caso de Cuba; que Alfonso Torres, de Colombia, un profesor que todavía acompaña los movimientos populares con una reflexión desde la pedagogía, también es un educador popular; que el también colombiano Orlando Fals Borda, cuando habla de la investigación participativa y concluye los procesos de transformación mientras hace estudios sobre ellos, también está contribuyendo a la educación popular; el Teatro del Oprimido, fundado por el director y pedagogo teatral brasileño Augusto Boal contribuye a la educación popular; en fin, todo lo que pueda ser útil en la síntesis de un sujeto que siente y piensa, que no es el sujeto racional de la Modernidad, sino un sujeto que descubre el juego, descubre sus emociones, descubre en la mística el proceso educativo, la memoria de las mujeres y los hombres que le precedieron en un camino de lucha de la que es parte, todo eso hace a la educación popular un territorio de sentidos de vida, un territorio de sentidos de vida donde descubres eso que es la síntesis de lo que sentimos y pensamos como sujetos, que muchas veces ha fracturado y ha invisibilizado la educación tradicional, porque supuestamente se trataría de comprender y mejorar el mundo, pero sentirlo y descubrirlo en los aprendizajes que significa eso es más complicado.

IDG: Conceptos y valoraciones que nos hacen definir próximos temas. Gracias, Llanisca, por compartir con nosotros este nuevo episodio de A Contracorriente, basado en conceptos de movimientos como la educación popular, basado en comunicación, arte, cultura, cómo el arte y la comunicación cultural pueden desafiar la hegemonía simbólica impuesta con modelos muchas veces coloniales y cómo los artistas, precisamente, cómo los artistas lo hacen, llevando el tema a nuestro entorno más cercano, a nuestro país, pues algunos estarán con nosotros en próximos episodios de A Contracorriente. Cómo pueden los artistas, desde su trabajo de base, contribuir a esos imaginarios propios, populares por supuesto, en Cuba.

Gracias, Llanisca. Te reitero que ha sido un placer conversar contigo en este nuevo capítulo de A Contracorriente.

 

Por REDH-Cuba

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