El presidente Nicolás Maduro ha sido secuestrado por el ejército norteamericano y la CIA en un acto criminal que viola la carta de las Naciones Unidas y toda la legalidad internacional. Lo trasladaron, luego de un bombardeo en Venezuela a  New York, dónde se le escuchó decir de una manera serena y segura “Happy new year” a sus secuestradores. No se trató de un simple saludo, con ese gesto y la simbología empleada el presidente Maduro dijo, “No estamos derrotados, Comienza una nueva etapa, un nuevo año en nuestra lucha. ¡Nosotros venceremos!”. Su postura, en medio de la más dura situación, es de seguridad, de dignidad, de liderazgo. Sabe que su pueblo está en pie de lucha y que la revolución no caerá.

Maduro es el hombre, pero lo que representa es mucho más grande que él cómo individuo. Entonces, más allá del infame secuestro, el chavismo es el fenómeno a estudiar, pues para comprender el escenario actual, dónde Venezuela ha sido agredida de manera brutal y criminal por el imperialismo norteamericano y aún así ha mantenido el orden y ha constituido una forma de gobierno de manera inmediata, hace falta estudiar y reconocer la madurez suprema del pueblo y del proceso revolucionario frente a la historia. No han pasado 48 horas y con constitución en mano el chavismo reorganizó el gobierno, garantizó la paz social y movilizó el pueblo en defensa de la revolución y en torno a la exigencia de retorno del presidente. El chavismo ha optado por la vía donde la paz se mantiene sin renunciar al proyecto histórico que representa la Revolución Bolivariana. El país se mantiene en pie y a pesar de la agresión no dejará de ejercer su soberanía.

Es importante establecer y reivindicar el hecho de que, a pesar del duro golpe que el imperialismo ha asestado contra la Revolución Bolivariana este 3 de enero, en el pueblo venezolano la defensa de la Patria y la República constituye un asunto central para el desarrollo del proyecto político bolivariano. No es posible construir el socialismo, ni desarrollar una política energética soberana, ni procurar un proyecto de integración latinoamericana sin Patria y sin República. Han secuestrado al presidente Nicolás Maduro, pero jamás podrán secuestrar lo que ese presidente, cómo chavista, ha sembrado en nosotros como pueblo. No podrán secuestrar la Patria.

Los venezolanos y venezolanas exigimos al gobierno yankee que regresen al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, nuestra camarada, Cilia Flores, y lo hacemos en primera instancia garantizando el orden de la República y ejerciendo el poder del soberano al utilizar la fuerza del Estado para reafirmar nuestra voluntad de patria, libertad, justicia y soberanía. No han podido sus bombas doblegarnos, aquí estamos con nervios de acero cabalgando, cómo Bolívar, sobre las dificultades.

¿Y la oposición venezolana? ¿Dónde están los cipayos? La oposición venezolana está actualmente desdibujada, fragmentada, sin programa, sin liderazgos, sin credibilidad. No hay manifestación de ellos dentro del país, no son más que un murmullo cobarde y escuálido, pues saben que su postura es una abominación histórica. Trump fue claro con esto al referirse a María Corina Machado, a la cual literalmente lanzó a la basura desde el punto de vista político. La presidencia la asume la vicepresidenta puesta por Nicolás Maduro y con aval del Tribunal Supremo de Justicia. El chavismo tiene hegemonía, el poder y la legitimidad en el país como fuerza política, está en todo el territorio nacional a través de las comunas y los movimientos sociales, moviliza a través de sus estructuras partidistas con suprema eficiencia y disciplina, gobierna en todas las dimensiones del Estado, determina las relaciones económicas internacionales y mantiene control de las fuerzas de seguridad tanto militares como policiales. En fin, no existe forma de gobernar Venezuela sin el chavismo, por cuánto lo único que ha podido hacer el gobierno de Donald Trump a fin de tratar de desestabilizar el país y hacerse de un nuevo escenario para intentar apropiarse del petróleo venezolano, es secuestrar al presidente con la esperanza de desmembrar el Estado y buscar la fragmentación de las fuerzas revolucionarias. La respuesta del chavismo ha sido contundente: nervios de acero, lealtad absoluta, unidad monolítica, organización, movilización popular y trabajo. Esto es lo que se ve actualmente en toda Venezuela.

En cuanto al escenario internacional es necesario dejar claro que no se trata únicamente de Venezuela, se trata del convulsionado orden mundial. EEUU deja claro que impondrá la guerra para controlar países con recursos o posiciones estratégicas para sus intereses, violando cualquier principio o precepto del derecho internacional e incluso su propia ley. Trump representa en este sentido una ruptura con el liberalismo político ilustrado de EEUU, asumiendo un autoritarismo feroz, como advirtió Hannah Arendt al hablar del colapso de la democracia y de la banalización del mal, un mal que contribuye al resurgimiento del fascismo. La tensión entre los valores fundacionales de los EEUU y la realidad actual refleja una crisis de la democracia liberal norteamericana, donde el capitalismo oligárquico y la polarización facilitan a los extremistas aventuras de carácter antidemocrático e incluso fascista, impulsando acciones que generan terror e incertidumbre para el mundo. Trump es algo peor que el COVID-19.

En este contexto la doctrina Monroe se adapta a una nueva premisa, ya no es solo “América para los americanos”, es “Make America Great Again”, esto significa que la Casa Blanca impondrá el poderío militar del imperialismo en función de  recuperar su hegemonía. Como se expresa en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, publicada por la Casa Blanca el 4 de diciembre del 2025 «Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, aunque es claro que esto es solo un eufemismo, pues la OTAN sigue operando en el mundo y su presión es constante.

Atacar Venezuela es entonces un primer paso en su estrategia global de seguridad. Se trata de la energía, lo han dicho claramente. Buscan debilitar la posición de Rusia y China en el reordenamiento del sistema-mundo, imponiendo el control del comercio en el Caribe, controlando el canal de Panamá y limitando las relaciones estratégicas con el país que ostenta las mayores reservas comprobadas de petróleo en el planeta. El bombardeo en Venezuela no combate el narcotráfico, defiende la hegemonía del dólar. El secuestro de Maduro no tiene que ver con la defensa de la democracia sino con su alianza con los países que lideran los BRICS. Su obsesión con Venezuela no se fundamenta en las mafias sino en todo lo contrario, el inmenso poderío moral que ha acumulado a través del bolivarianismo (chavismo). ¿Qué juicio harán contra Maduro si ya han develado su calaña?

Frente a este escenario los pueblos del mundo son los que pueden juzgar en manifestaciones al gobierno de los EEUU y los gobiernos asumir posturas firmes frente al colonialismo y el fascismo, sólo así detendremos a quienes pretenden convertir al mundo en Gaza a fin de proclamarse de manera blasfema la “Nueva Jerusalén”, asumiendo el Destino Manifiesto como fundamento. Si queremos sobrevivir como humanidad a los embates desesperados y desenfrenados de un imperio en decadencia, debemos hacernos de la premisa de El Libertador, Simón Bolívar, “Por fortuna se ha visto con frecuencia un puñado de hombres libres vencer a imperios poderosos” y con madurez, enfrentarnos a la bestia, cavar su tumba en Venezuela y levantar nuestras banderas con valentía a fin de construir una nueva hegemonía.

Fuente: Radio Venezuela

Por REDH-Cuba

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