Mientras que los líderes de regímenes antidemocráticos como Macron o Netanyahu aplaudieron la agresión militar estadounidense del 3 de enero, que provocó la muerte de un centenar de personas y la detención del presidente de Venezuela Nicolás Maduro y de su esposa y primera dama Cilia Flores, los opositores venezolanos se han congratulado por los bombardeos estadounidenses sobre Caracas y otras regiones del territorio venezolano.
Donald Trump admitió que la intervención militar «Determinación Absoluta» tenía como objetivo apropiarse del petróleo de Venezuela. En sus afanes imperialistas tras el secuestro de Maduro y el asesinato de 32 cubanos encargados de la seguridad presidencial, ordenó a «nuestras grandes compañías petroleras, las más importantes del mundo, que se desplazaran al lugar, invirtieran miles de millones de dólares y repararan las infraestructuras petroleras gravemente dañadas». Pero la historia del Estado venezolano está íntimamente ligada a la de su industria petrolera. Los trabajadores de la empresa nacional PDVSA recuerdan que la Compañía Nacional Minera «Petrolia del Táchira» fue fundada en 1878.
Redoblando las amenazas, Trump subió el tono al anunciar que el gobierno post-Maduro debería responder a sus deseos. «Si no se portan correctamente, lanzaremos un segundo ataque». A la presión sobre Delcy Rodríguez, que prestó juramento como presidenta encargada del país, se suma una campaña de propaganda de guerra cuyo objetivo es sembrar dudas sobre la lealtad de los dirigentes del PSUV. Ahora bien, el 17 de diciembre, Rodríguez subrayó que «la época en la que Estados Unidos lograba controlar gobiernos títeres que le entregaban nuestros recursos energéticos terminó con el comandante Hugo Chávez».
Ante la guerra multiforme librada por Estados Unidos desde que Obama declaró que Venezuela era una «amenaza inusual y extraordinaria», el Gobierno de Maduro había puesto en marcha una estrategia de soberanía nacional manteniendo el principio de que los recursos del país deben estar al servicio de las necesidades del pueblo. En realidad, esta agresión se produjo después de que el Gobierno de Maduro lograra superar adversidades como el bloqueo y las «sanciones», que se han convertido en el arma de guerra predilecta de Estados Unidos contra los países rebeldes.
Las características de la operación militar estadounidense —que no tiene nada de quirúrgica y mucho de criminal— no fueron decididas por un capricho de Trump, sino según una estrategia y un cálculo de sus posibilidades de «éxito». Por eso se limitó al secuestro del presidente Maduro. De hecho, tras los bombardeos y el secuestro de Maduro, el pueblo venezolano salió a la calle para exigir el regreso del presidente y de su esposa, la diputada Cilia Flores.
Detuvieron a un revolucionario, pero no pueden secuestrar a toda una nación. Desde que Hugo Chávez ganó las elecciones a finales de 1998 y estableció la Asamblea Constituyente, afirmando que «el pueblo es el motor de la historia», es este último el que desempeña el papel principal en la Revolución Bolivariana.
Desde las primeras horas de la comparecencia de Maduro ante la justicia neoyorquina, la propaganda de guerra que lo presentaba como el jefe de una organización «narcoterrorista» se volvió inservible ante las contradicciones. Las graves acusaciones que pesaban sobre Maduro se transformaron en participación en un «sistema clientelista» y en la «cultura de corrupción de las instituciones venezolanas». La falta de pruebas que respaldaran la acusación de pertenencia al «Cartel de los Soles» demuestra que se trataba de una pura invención.
A lo largo de la historia del colonialismo y el imperialismo, muchos líderes anticolonialistas han sido asesinados, encarcelados y/o deportados. A pesar de ello, la resistencia ha prevalecido. El ejemplo de algunos líderes norteafricanos basta para ilustrarlo: la deportación de Abdelkrim El Khattabi a La Reunión en 1926, la detención de Mehdi Ben Barka en 1944 o el secuestro de un avión que transportaba a los cinco líderes del FLN en 1956 por parte del colonialismo francés solo retrasaron unos años el proceso de independencia y liberación nacional de las naciones oprimidas.
El presidente Nicolás Maduro forma parte de esa lista de luchadores cuyo ejemplo inspirará las luchas futuras. Los ataques destinados a envilecer y denigrar a un revolucionario solo han tenido el efecto contrario. Los pueblos del mundo saben que Trump ha secuestrado al presidente legítimo y constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro. El pueblo venezolano ya está haciendo campaña por la liberación de Cilia y de Nicolás y está convencido de que volverán a su patria.
Fuente: Blog de Alex Anfruns
