Hay algo grotesco y, al mismo tiempo, profundamente preocupante en las imágenes que han circulado en estas horas en Roma: un cartel empuñado por supuestos “cubanos” que acusan a Luciano Vasapollo y a otros compañeros de injerencia, propaganda y traición, apropiándose de la bandera cubana como si fuera una patente privada que solo puede exhibirse con la autorización del exilio anticastrista.
La ironía es más que evidente: quienes han renegado de su propia patria, de su historia y de las conquistas sociales de la Revolución cubana acusan de traición a uno de los intelectuales europeos que con mayor coherencia, desde hace décadas, defiende a Cuba, a Venezuela y a los procesos socialistas latinoamericanos, sin oportunismos, sin beneficios personales, sin retroceder jamás ante las campañas mediáticas y las presiones políticas.
Luciano Vasapollo no es un turista ideológico ni un “usuario de banderas”. Es un militante, un economista marxista, un internacionalista que ha pagado y sigue pagando el precio de la coherencia. Si hoy ocupa una “posición de primera línea” en las listas de odio de los llamados gusanos contrarrevolucionarios, eso no es un problema: es una medalla política. Ser atacado por quienes defienden el embargo, justifican las sanciones y repiten la propaganda estadounidense es la prueba de estar del lado correcto de la historia.
El cartel exhibido en Roma habla de “democracia” y “libertad”, pero es la misma democracia que se aplaude cuando estrangula a un pueblo con sesenta años de bloqueo económico, cuando hambrea a Cuba y luego la acusa de no prosperar, cuando pretende dar lecciones de derechos humanos desde Miami o desde Bruselas apoyando gobiernos golpistas y regímenes autoritarios amigos de Occidente. Es la libertad de los mercados, no la de los pueblos.
Que Vasapollo sea atacado de este modo no es casual. Significa que su voz molesta. Significa que la solidaridad internacionalista, cuando es auténtica, asusta más que mil discursos diplomáticos. Significa que el frente de la contrarrevolución, también en Roma, sabe reconocer a sus verdaderos adversarios.
No somos super partes, no lo hemos sido nunca y no pensamos serlo ahora. Estamos ligados a Luciano Vasapollo por una relación política, humana e ideal. Defenderlo significa defender a la Cuba socialista, a la Venezuela bolivariana, el derecho de los pueblos a elegir su propio destino sin injerencias imperiales. No debe silenciarse que Vasapollo es un referente para muchos: para los movimientos bolivarianos de América Latina, para el mundo marxista, para el ámbito académico con su escuela de economía decolonial reconocida con cinco títulos entre doctorados y doctorados honoris causa, y finalmente para muchos católicos con los que desde hace más de diez años comparte un camino a favor de la Liberación, iniciado bajo la guía del papa Francisco (que lo estimó y alentó) y que continúa hoy como docente de la Academia Mariana de Teología y editorialista de *FarodiRoma*.
Por eso, digámoslo claramente:
quien hoy ataca a Vasapollo no defiende a Cuba, defiende el orden que siempre ha saqueado a Cuba.
Quien grita contra la Revolución no habla en nombre del pueblo cubano, sino en nombre de quienes sueñan con el regreso de la dependencia, de las desigualdades y del dominio extranjero.
A quienes agitan carteles llenos de odio les respondemos con las palabras que desde siempre incomodan a los renegados: Socialismo o muerte. Venceremos. Siempre adelante.
S.I.
Fuente: Faro di Roma
