La presencia militar de Estados Unidos en el Caribe amenaza no solo a Venezuela, sino a todos los pueblos de Nuestra América. En medio de su declive relativo como poder imperialista global, Estados Unidos busca recomponer su hegemonía y recuperar el control directo sobre el territorio que históricamente ha considerado su patio trasero. Bajo el cínico y burdo disfraz de una pretendida lucha contra el narcotráfico, este revival de la doctrina Monroe y el gran garrote, en realidad persigue asegurar su dominio incontestable al sur del Río Bravo, donde pueda imponer su voluntad sin desobediencias ni rebeldías. El objetivo de la prepotencia imperialista norteña, de esta nueva política de las cañoneras, no es solo Venezuela, sino todo el continente.
Si el imperialismo norteamericano se atreviera a hollar el suelo sagrado de nuestra Patria Grande, debe encontrarse con la respuesta unida de nuestros pueblos. Debemos hacerle pagar bien cara la osadía, y no limitarnos a la resistencia, sino pasar a la contraofensiva. Que se multipliquen de uno a otro confín la espada de Bolívar y el rifle del Che. Que no quede ni un soldado ni una base yanqui en América Latina. Que nuestros pueblos se levanten y dirijan sus luchas no solo contra la presencia militar extranjera sino contra las oligarquías locales y gobiernos cipayos que le sirven de comparsa y apoyo a la aventura imperialista. Que la ola revolucionaria toque a las puertas de Wall Street y aliente una rebelión allí, en las entrañas del monstruo, contra el dominio de los millonarios y el 1%, que envían a los mismos de siempre, a los desposeídos del Norte, a pelear las guerras de los poderosos. Frente a la arremetida bélica imperial, convirtamos a América Latina en zona de revoluciones y poderes populares. Que se expandan, organicen y coordinen los espacios en lucha abierta contra la dominación capitalista e imperialista. Crear dos, tres… muchas Venezuelas, tendrá que volver a ser la consigna de combate.
¡Oligarcas, imperialistas, temblad! Temblad ante la perspectiva de pueblos insurgentes y organizados, en defensa de sus derechos, de sus vidas y sus destinos. La historia ha demostrado con harto elocuencia que ninguna apelación en abstracto al respeto a la soberanía y el derecho internacional, ningún llamado a la ONU y a otros organismos internacionales, sobre la base de un supuesto orden mundial sustentado en reglas, será capaz por sí solo de ponerle freno a los misiles o impedir la caída de las bombas. La maquinaria de guerra imperialista solo se detendrá ante la fuerza organizada y combativa de la clase trabajadora, frente al poder de lucha y resistencia que demuestran los oprimidos cuando se unen y combaten por causas comunes de libertad y justicia.
El imperialismo quiere tomar Venezuela. ¡Venezuela será la tumba del imperialismo estadounidense!
¡Manos Fuera de Venezuela y América Latina!
La presencia militar de Estados Unidos en el Caribe amenaza no solo a Venezuela, sino a todos los pueblos de Nuestra América. En medio de su declive relativo como poder imperialista global, Estados Unidos busca recomponer su hegemonía y recuperar el control directo sobre el territorio que históricamente ha considerado su patio trasero. Bajo el cínico y burdo disfraz de una pretendida lucha contra el narcotráfico, este revival de la doctrina Monroe y el gran garrote, en realidad persigue asegurar su dominio incontestable al sur del Río Bravo, donde pueda imponer su voluntad sin desobediencias ni rebeldías. El objetivo de la prepotencia imperialista norteña, de esta nueva política de las cañoneras, no es solo Venezuela, sino todo el continente.
Si el imperialismo norteamericano se atreviera a hollar el suelo sagrado de nuestra Patria Grande, debe encontrarse con la respuesta unida de nuestros pueblos. Debemos hacerle pagar bien cara la osadía, y no limitarnos a la resistencia, sino pasar a la contraofensiva. Que se multipliquen de uno a otro confín la espada de Bolívar y el rifle del Che. Que no quede ni un soldado ni una base yanqui en América Latina. Que nuestros pueblos se levanten y dirijan sus luchas no solo contra la presencia militar extranjera sino contra las oligarquías locales y gobiernos cipayos que le sirven de comparsa y apoyo a la aventura imperialista. Que la ola revolucionaria toque a las puertas de Wall Street y aliente una rebelión allí, en las entrañas del monstruo, contra el dominio de los millonarios y el 1%, que envían a los mismos de siempre, a los desposeídos del Norte, a pelear las guerras de los poderosos. Frente a la arremetida bélica imperial, convirtamos a América Latina en zona de revoluciones y poderes populares. Que se expandan, organicen y coordinen los espacios en lucha abierta contra la dominación capitalista e imperialista. Crear dos, tres… muchas Venezuelas, tendrá que volver a ser la consigna de combate.
¡Oligarcas, imperialistas, temblad! Temblad ante la perspectiva de pueblos insurgentes y organizados, en defensa de sus derechos, de sus vidas y sus destinos. La historia ha demostrado con harto elocuencia que ninguna apelación en abstracto al respeto a la soberanía y el derecho internacional, ningún llamado a la ONU y a otros organismos internacionales, sobre la base de un supuesto orden mundial sustentado en reglas, será capaz por sí solo de ponerle freno a los misiles o impedir la caída de las bombas. La maquinaria de guerra imperialista solo se detendrá ante la fuerza organizada y combativa de la clase trabajadora, frente al poder de lucha yv resistencia que demuestran los oprimidos cuando se unen y combaten por causas comunes de libertad y justicia.
El imperialismo quiere tomar Venezuela. ¡Venezuela será la tumba del imperialismo estadounidense!
¡Manos Fuera de Venezuela y América Latina!
Frank Josué Solar
Historiador y profesor
REDH-CUBA
