El vínculo entre Cuba y México es de muy largo cuño. La simpatía por los movimientos independentistas y revolucionarios en la isla son tan antiguos como ellos mismos. Esta actitud se vio fortalecida por el exilio mexicano, en distintos momentos, de las “tres M”: Martí, Mella y Marinello. A ellos se sumarían otros personajes como Raúl Roa, quien en su Retorno a la alborada definiría a Morelos como “gran héroe civil de México”, a Juárez como “grande por héroe, por revolucionario y por indio” y a Cárdenas como “el más recio caudillo de la Revolución Mexicana”.
En el Partido Comunista de México la figura del cubano Mella era, por supuesto, legendaria. Su asesinato en las calles de la colonia Juárez lo volvieron un ícono para los comunistas de ambas naciones. Del testimonio de Benita Galeana se ha difundido la forma clandestina y heroica en que las cenizas de Mella fueran sacadas de México en 1933. Por otro lado, en 1934 la sección mexicana del Socorro Rojo actuaba junto a la LEAR y la campaña Manos fuera de Cuba demandando la no intervención sobre la isla y lo hacían a partir de la similitud de la agresión: en México en 1914 y en la isla dos décadas después. Otras voces y plumas cubanas se dejaban sentir en el ambiente cultural mexicano, una significativa era la de Loló de la Torriente (prima-hermana del legendario periodista Pablo de la Torriente, caído en la guerra civil español), quien era una pluma recurrente en El Machete.
Sin embargo, de entre todos los personajes que compartieron la pasión solidaria por el pueblo cubano, el general Cárdenas es, sin duda, el más relevante y era para menos. No sorprende que desde 1936 numerosas muestras de amistad se dieran desde la isla hacia la acción revolucionaria del michoacano, pues cuando el general ingresó al mando del gobierno la revolución cubana de 1933 ya había derribado al inefable Gerardo Machado y un episodio contado entre otros por Ángel Gutiérrez en Lázaro Cárdenas y Cuba nos da luces del compromiso mutuo entre los revolucionarios cubanos y el líder popular mexicano.
El momento más intenso fue en 1938, cuando con motivo de la expropiación petrolera aparecieran numerosos artículos de homenaje y defensa de aquel acto y también del presidente mexicano. Además del bien conocido por los mexicanos Juan Marinello, Salvador Massip, José Luciano Franco y Ángel Augier se pronunciaron en defensa de la soberanía mexicana. Franco decía que con su praxis Cárdenas había roto “con el complejo de inferioridad impuesto a los países de la América nuestra por los financieros”. De las palabras se pasó a los hechos y un grupo, entre los que se encontró Carlos Rafael Rodríguez al frente del grupo Amigos del Comité Pro Homenaje a México se prestaron a buscar al embajador mexicano en la isla. Marinello, por su parte, se dirigió a Francisco J. Múgica para pedirle que el presidente dirigiera unas palabras al pueblo cubano. Éste convenció a su antiguo compañero de armas y Cárdenas accedió.
Fue así que, el 12 de junio de 1938, en el estadio La Polar, en La Habana, se convocó a un gran mitin de apoyo a México, al que asistieron miles de personas. La entrada al mismo se cobró en 10 centavos y la recaudación fue hecha para apoyar el acto expropiatorio, por lo que es factible imaginar que parte de la nacionalización se pagó con el sudor del pueblo cubano. Cárdenas dirigió un mensaje por vía radiofónica desde Tampico, expresando que la autonomía “política y espiritual” de las repúblicas latinoamericanas quedaría mutilada “de no afirmarse un concepto de solidaridad entre sus pueblos”. En el estadio habanero hablaron también Carlos Prío Socarrás, Lázaro Peña y el propio Marinello. El de Cuba fue uno de los actos más significativos en apoyo a la expropiación petrolera fuera de México y la isla de los países que más apoyó frente al boicot de las petroleras.
No resulta casual que, décadas adelante, en 1961, un grupo de intelectuales –entre los que se encontraba otro amigo de la Cuba revolucionaria como Revueltas– publicarán en el periódico Hoja revolucionaria, un texto en cuyo titular se leía: “No enviar petróleo a Cuba es traicionar la expropiación petrolera”. Que el general Cárdenas no estuviera ya en el poder no le impidió manifestar su decidido apoyo a la causa del pueblo hermano, misma que tuvo su epicentro en la Conferencia latinoamericana por la soberanía nacional, la independencia económica y la paz a la que asistió, entre otros, Vilma Espín.
Muchos años después del fallecimiento del general Cárdenas, en 1995, el comandante Fidel Castro evocaba al michoacano, acompañando un acto en la Plaza de la Revolución, donde lo recordaba “pugnando con su habitual sobriedad, profundamente emocionado y con el ánimo exaltado. Su discurso fue un torrente de fervor revolucionario y latinoamericano”. Que los dos países inmediatos al sur de la frontera con Estados Unidos tuvieran que hacer varias revoluciones para afirmarse como soberanas, es un indicativo de la cualidad de su nacionalismo: defensivo y solidario frente a las agresiones.
* Investigador UAM. Coautor de La raíz plebeya de la democracia mexicana.
Fuente: La Jornada
