El intento de infiltración de una lancha con diez mercenarios fuertemente armados, que fue desarticulado por las fuerzas cubanas, repite la lógica de una larga lista de actos terroristas que desde Miami se han lanzado contra la isla.


Fuente: Noticias PIA

“Conocemos planes para hechos terroristas que están siendo apoyados, se están financiando y están preparándose en Estados Unidos para agredir a Cuba”, advertía el presidente Miguel Díaz-Canel en la conferencia de prensa brindada el 5 de febrero.

Tan solo 20 días después, en la mañana del 25 de febrero, el Ministerio del Interior de Cuba informaba que se había producido un enfrentamiento tras un intento de incursión de una lancha rápida con matrícula de la Florida en la que viajaban diez hombres “que llevaban fusiles de asalto, armas cortas, artefactos explosivos de construcción artesanal (cocteles molotov), chalecos antibalas, mirillas telescópicas y uniformes de camuflaje”.

El intento de infiltración se dio en la zona noreste del canalizo El Pino, en cayo Falcones, municipio Corralillo, provincia Villa Clara.

Según la información oficial “al aproximarse una unidad de superficie de las Tropas Guardafronteras del Ministerio del Interior, con cinco combatientes, para su identificación, desde la lancha infractora se abrió fuego contra los efectivos cubanos que provocaron que el comandante de la embarcación cubana, resultara lesionado”.

El comunicado señala que “como consecuencia del enfrentamiento, hasta el cierre de esta información, por la parte foránea, cuatro agresores resultaron abatidos y seis lesionados, quienes fueron evacuados y recibieron asistencia médica” y agrega que “según declaraciones preliminares de los detenidos, tenían intenciones de realizar una infiltración con fines terroristas”.

Los informes señalan que todos los tripulantes eran hombres de origen cubano que en la actualidad residían en Estados Unidos. Los detenidos fueron identificados como Amijail Sánchez González (alias El lobo), Leordan Enrique Cruz Gómez, Conrado Galindo Sariol, José Manuel Rodríguez Castelló, Cristian Ernesto Acosta Guevara y Roberto Azcorra Consuegra.

También se señala que entre los cuatro fallecidos se logró identificar a Michel Ortega Casanova.

Además, se informó que Amijail Sánchez González como Leordan Enrique Cruz Gómez tenían orden de captura de la justicia cubana por estar implicados en la promoción, planificación, organización, financiamiento, apoyo o comisión de acciones materializadas en el territorio nacional o en otros países, en función de actos de terrorismo.

Las autoridades informaron que también se detuvo “en territorio nacional a Duniel Hernández Santos, enviado desde los Estados Unidos para garantizar la recepción de la infiltración armada, quien en estos momentos se encuentra confeso de sus acciones”.

El presidente Trump en “La pequeña Habana” (2016), rodeado de los sectores más reaccionarios de Miami. Foto: Cubadebate

Un contexto de asfixia

El intento de infiltración se da en el marco de la profundización del bloqueo ilegal que Estados Unidos mantiene contra el pueblo de Cuba desde hace más de seis décadas.

Cabe recordar que el 29 de enero pasado el presidente Donald Trump, firmó una Orden Ejecutiva en la que declaró “una emergencia nacional” y declaró a Cuba una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de los Estados Unidos.

Según el comunicado de la Casa Blanca: “La Orden impone un nuevo sistema arancelario que permite a Estados Unidos imponer aranceles adicionales a las importaciones de cualquier país que proporcione directa o indirectamente petróleo a Cuba”.

La Orden Ejecutiva puso en función un bloqueo petrolero y se suma a los cientos de medidas que el Washington ha tomado para asfixiar la economía cubana, provocar caos social y forzar un cambio de régimen en la isla.

Una historia que se repite

Tras el derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en 1991, Cuba perdió a su principal socio comercial y Estados Unidos tomó medidas para profundizar el bloqueo y poner en crisis la economía de la isla.

En ese contexto los sectores de las mafias del exilio cubano radicado en Miami realizaron una serie de actos terroristas para tratar de socavar uno de los últimos focos de ingresos que tenía la isla: el turismo.

En ese marco, en octubre de 1992, un grupo de terroristas provenientes de Miami atacaron el Hotel Meliá Varadero con disparos desde embarcaciones. En marzo de 1994, otro grupo terrorista procedente de Miami realizó disparos contra el Hotel Guitart Cayo Coco. Acción que se repitió en octubre de ese mismo año y en mayo de 1995.

El 12 de abril de 1997 se produjo la detonación de una bomba en el Hotel Meliá Cohíba, en La Habana; el día 30 de ese mismo mes fue descubierta otra bomba en el mismo hotel. El 4 de agosto de ese año una bomba estalló en el Hotel Copacabana y causó la muerte de un turista italiano. En julio de 1997, dos bombas estallaron en los Hoteles Capri y Nacional.

En septiembre de 1997, detonaron bombas en los Hoteles Tritón, Chateau Miramar, Copacabana y en el restaurante “La Bodeguita del Medio”.

Los terroristas Orlando Bosch y Luis Posada Carriles. Foto: Tracey Eaton Para el Miami Herald

El terrorismo que no cesa

En abril de 1961, grupos de mercenarios de la Brigada 2506 financiados y entrenados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) intentaron invadir Cuba y fueron derrotados por las fuerzas del gobierno revolucionario.

En octubre de 1976, se produjo el atentado contra un avión de la empresa Cubana de Aviación que partió de Barbados. Tras la explosión de una bomba murieron sus 73 pasajeros. El atentado se lo atribuyeron los grupos extremistas de Miami y habría sido ejecutado por Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, dos reconocidos terroristas cubano-americanos entrenados por la CIA.

A ello hay que sumarle los más de 600 intentos de asesinatos contra el líder de la Revolución Fidel Castro Ruz.

Entre los muchos intentos fallidos de atentar contra la vida del líder de la Revolución Cubana se destacan los encabezados por el terrorista Luis Posada Carriles como el sucedido en 1971, durante la visita de Fidel Castro a Chile, invitado por el gobierno de Salvador Allende. En noviembre de 1994, en Cartagena, Colombia, durante la celebración de la IV Cumbre Iberoamericana y en el año 2000 durante la celebración de la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado en Panamá en el que Posada Carriles fue arrestado y luego indultado por la entonces presidenta Mireya Moscoso.

Un dato poco estudiado de la oscura noche que vivió Argentina durante la última dictadura cívico-militar es la desaparición de dos diplomáticos cubanos: Jesús Cejas Arias, de 22 años, y Crescencio Nicomedes Galañena Hernández, de 27 años.

El 9 de agosto de 1976, cuando salían de la Embajada de la República de Cuba en Buenos Aires, Cejas Arias y Galañena Hernández fueron secuestrados por un grupo de tareas y trasladados al Centro Clandestino de Detención Automotores Orletti, donde, según diversos testigos, habrían sido interrogados y torturados por agentes de la CIA (los testigos afirmaron que los torturadores también tenía acento cubano).

En 2013, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró identificar los restos del joven diplomático Jesús Cejas Arias, cuyo cadáver fue hallado dentro de un tambor metálico de 200 litros, rellenado con cemento y abandonado en un predio de la localidad de Virreyes, partido de San Fernando.

Miami: cueva de criminales

Tras el triunfo de la Revolución en 1959 algunos grupos  emigraron a Miami y los sectores reaccionarios, con apoyo de los sucesivos gobiernos norteamericanos y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), consolidaron su poder en esa aquella ciudad del estado de la Florida. Miami se transformó en refugio y base de operaciones para los mercenarios y terroristas de distintas partes de América Latina

Cuando en 2016, durante su primer mandato, el presidente Donald Trump, decidió que daría marcha atrás con el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos (iniciadas por su antecesor Barack Obama), eligió como escenario para hacer el anuncio “La pequeña Habana”, en Miami y lo hizo rodeado de grupos mafiosos y criminales en el teatro que lleva el nombre de Manuel Artime, jefe civil de la Brigada 2506, mercenarios que intentaron invadir Cuba a través de Playa Girón en 1961. Allí estuvo acompañado de los sectores más reaccionarios de la política norteamericana, claro ejemplo de ello es la figura del entonces senador republicano ultraderechista Marco Rubio.

Miami también dio cobijo a los terroristas ya nombrados Luis Posada Carriles y Orlando  Bosch, como así también a los hermanos Novo Sampol y hasta el criminal argentino Roberto “El Ñato” Bravo, jefe de los fusiladores de la Masacre de Trelew.

Tras la masacre llevada adelante en Argentina en 1972, “El Ñato” Bravo se fugó Miami donde rápidamente se vinculó con los sectores del poder y la CIA.

El fusilador se transformó en un próspero empresario y comenzó a brindar servicios al Pentágono y realizó sustanciosos aportes a las campañas electorales de personajes de la ultraderecha norteamericana, como la ex integrante de la Cámara de Representantes Ileana Ros-Lehtinen. Según denunció Página/12, Bravo tiene una casa en Miami que está valuada en 750 mil dólares y su empresa, RGB Group, provee “servicios de alta tecnología” al Pentágono y al Departamento de Seguridad Interior norteamericano.

Argentina pidió la extradición de Bravo en varias oportunidades (la última ocasión en 2025), pero los tribunales norteamericanos rechazaron el pedido. Mientras se evaluaba uno de los pedidos de extradición, Bravo pidió permiso al juez para viajar a la base ilegal que Estados Unidos tiene en el territorio cubano de Guantánamo, para resolver asuntos de su empresa.

Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio. Foto: diario Granma

Marco Rubio: el hijo predilecto de Miami

Según informó el portal DW, durante la cumbre de la Comunidad del Caribe (Caricom) que se realiza en San Cristóbal y Nieves, al ser consultado sobre el intento de incursión de la lancha rápida que se enfrentó con los guardacostas cubanos, el secretario de Estado norteamericano Marco Rubio, señaló: “no voy a especular ni a opinar; quiero saber qué ocurrió. Vamos a averiguar exactamente qué sucedió y responderemos como corresponde”.

“Verificaremos de forma independiente y, a medida que recopilemos más información, estaremos preparados para responder en consecuencia”, afirmó.

El vínculo de Rubio con el lobby cubano-americano de los sectores mafiosos radicados en Miami es – prácticamente – de conocimiento público. En especial el financiamiento que recibió para sus campañas de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) acusada por el gobierno de la isla de ser la entidad que financió los atentados ocurridos en los hoteles durante la década del ’90; como así también con el Consejo por la Libertad de Cuba (CLC), espacio que apoyó y financió al terrorista Luis Posada Carriles. Durante su carrera política, el actual secretario de Estado también ha mantenido estrecha relación con los grupos terroristas Alpha 66 y Comandos L señalados por el gobierno Cubano por organizar células clandestinas que intentaron asesinar a altos dirigentes de la Revolución, incluyendo al expresidente Fidel Castro.

Mientras Trump asegura que el secretario de Estado dialoga con autoridades cubanas para buscar un acuerdo, el brazo terrorista se despliega y todo hace parecer que el intento de incursión de la lancha con mercenarios no es la última escena de la larga y nefasta trama terrorista.

Héctor Bernardo* – Periodista, escritor y profesor de Introducción al Pensamiento Social y Político Contemporáneo – Facultad de Periodismo y Comunicación Social – UNLP. Miembro del equipo de PIA Global.

Por REDH-Cuba

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