Un aspecto distintivo de la visión cubana radica en su integración de la dimensión cultural como componente esencial de la soberanía tecnológica.


Fuente: Alai 

Introducción

En la era contemporánea, la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en un campo decisivo de disputa geopolítica, donde las potencias tecnológicas compiten no sólo por la supremacía algorítmica, sino por definir los valores que regirán la civilización digital del siglo XXI. Mientras las corporaciones transnacionales y los Estados hegemónicos priorizan modelos extractivistas de datos y lógicas de maximización de ganancias, emerge desde el Sur Global una alternativa ética y soberana: la Estrategia Nacional de Desarrollo y Uso de la Inteligencia Artificial de Cuba. Aprobada en el 2024 como componente fundamental de la Política para la Transformación Digital, esta hoja de ruta representa mucho más que un plan tecnológico; constituye un acto de resistencia civilizatoria frente al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos durante más de seis décadas (República de Cuba, 2024). La tesis central de este análisis sostiene que Cuba, lejos de concebir las restricciones externas como obstáculos insuperables, las ha transformado en catalizadores para forjar un modelo de IA profundamente arraigado en los principios socialistas de justicia social, dignidad humana y soberanía nacional. En un contexto global marcado por la aceleración exponencial de capacidades generativas y la competencia por la soberanía tecnológica, la estrategia cubana demuestra que es posible desarrollar inteligencia artificial con valores, donde la tecnología sirve a la sociedad y no al revés, convirtiendo las limitaciones impuestas en ventajas estratégicas para construir un ecosistema tecnológico autóctono, ético y humanista.

El Bloqueo como Condicionante Absoluto: Más que un Reto, un Contexto de Guerra

El bloqueo estadounidense contra Cuba no constituye simplemente una dificultad económica; representa un sistema integral de asfixia tecnológica diseñado para impedir el desarrollo soberano del país en la era digital. Este cerco extraterritorial impacta de manera directa y estructural las capacidades nacionales para acceder a los insumos básicos del desarrollo de IA: la negación sistemática de acceso a hardware especializado —desde servidores de alto rendimiento hasta chips de procesamiento acelerado— obliga a la ingeniería cubana a optimizar recursos limitados y a desarrollar arquitecturas computacionales alternativas. Paralelamente, las restricciones financieras impiden el uso de plataformas dominantes de servicios en la nube (Google Cloud, AWS, Azure), cerrando el acceso a infraestructuras escalables necesarias para entrenar modelos complejos. Las barreras para adquirir licencias de software especializado, participar en conferencias internacionales o importar componentes electrónicos básicos se multiplican por el efecto disuasorio de la Ley Helms-Burton, que penaliza a terceros países y empresas que colaboran con Cuba (Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, 2023).

Sin embargo, esta adversidad extrema ha generado una paradoja histórica: el bloqueo, lejos de paralizar el avance tecnológico cubano, ha forzado la emergencia de una cultura de innovación endógena desde sus cimientos. Cada algoritmo desarrollado, cada solución implementada en sectores sensibles como la salud o la educación, representa un acto de resistencia que trasciende lo técnico para convertirse en ejercicio de soberanía. Mientras los modelos capitalistas de IA dependen de cadenas globales de suministro y extracción masiva de datos personales, Cuba se ve obligada —y en ello reside su fortaleza— a construir desde cero ecosistemas tecnológicos autónomos, priorizando la eficiencia algorítmica sobre el consumo desmedido de recursos computacionales, y la calidad ética de los datos sobre su volumen indiscriminado. Esta condición de aislamiento forzado se transforma así en ventaja comparativa: al no depender de plataformas extranjeras, Cuba evita la subordinación tecnológica y la colonización algorítmica que afecta a numerosos países del Sur Global (Couldry & Mejias, 2019), preservando su capacidad de decisión soberana sobre el rumbo de su transformación digital.

La Estrategia Nacional de IA: un marco ético y soberano

Frente a este escenario, la Estrategia para el Desarrollo de la Inteligencia Artificial, integrada a la Política para la Transformación Digital de 2024, establece un marco integral que rompe con el paradigma hegemónico al colocar la ética y la justicia social como ejes estructurantes, no como añadidos posteriores. Reconociendo al Ministerio de las Comunicaciones (MINCOM) como organismo rector, la estrategia se articula en seis dimensiones interdependientes: ética y marco normativo; capital humano; aplicaciones y servicios; administración pública; ciencia e innovación; comunicación social (República de Cuba, 2024). Este diseño refleja una comprensión holística donde la tecnología no existe en el vacío, sino que se teje con el tejido social, cultural y político de la nación.

El primer eje —ética y marco normativo— constituye el fundamento filosófico de todo el edificio estratégico. A diferencia de los enfoques occidentales que subordinan la ética a la innovación acelerada, Cuba establece explícitamente que los sistemas de IA deben “asegurar la protección de datos y la privacidad” y “respetar los derechos fundamentales de las personas” (República de Cuba, 2024, p. 60). Esta postura se sustenta jurídicamente en la Ley 149 de 2022 de Protección de Datos Personales, que exige especial atención a la gestión ética de los datos utilizados para entrenar algoritmos, incluyendo su origen, calidad y posibles sesgos. La estrategia prevé protocolos rigurosos para garantizar la explicabilidad de los sistemas y evitar usos nocivos que atenten contra la intimidad o la dignidad humana, particularmente en sectores sensibles como la salud y la educación. Este enfoque preventivo y humanista contrasta radicalmente con los modelos extractivistas dominantes, posicionando a Cuba como referente en la construcción de una IA que prioriza al ser humano sobre el lucro corporativo.

Innovación endógena y capital humano: los pilares de la resiliencia

La estrategia cubana reconoce explícitamente la existencia de una comunidad académica activa en universidades, centros de investigación y empresas con reconocimiento nacional e internacional. No obstante, en lugar de depender de importaciones tecnológicas, apuesta decididamente por la formación de profesionales y la creación de capacidades digitales autóctonas. Este enfoque se alinea con el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030 (República de Cuba, 2019), integrando la IA como motor transversal del desarrollo soberano. La promoción de mecanismos para fomentar la experimentación, la transferencia tecnológica y la incubación de empresas de base tecnológica permite articular ciclos completos de innovación que van desde la investigación básica hasta la aplicación práctica en beneficio de la población.

Este modelo de innovación endógena se fortalece mediante políticas que incentivan la propiedad intelectual y el licenciamiento abierto, especialmente en software y hardware, facilitando la reutilización ética y colaborativa de soluciones basadas en IA. Lejos de concebir el conocimiento como mercancía, Cuba lo entiende como bien común social, construido colectivamente y puesto al servicio de las necesidades nacionales. Esta filosofía, arraigada en décadas de inversión en educación universal y gratuita, constituye una ventaja estratégica insustituible: mientras otras naciones enfrentan brechas digitales profundas, Cuba cuenta con un capital humano altamente calificado, formado en principios de solidaridad y compromiso social, capaz de desarrollar soluciones tecnológicas contextualizadas a las realidades locales sin subordinarse a agendas externas.

Hacia una IA con valores: cultura, identidad y protección como ventaja competitiva

Un aspecto distintivo de la visión cubana radica en su integración de la dimensión cultural como componente esencial de la soberanía tecnológica. Aunque la estrategia de IA no aborda explícitamente la generación automatizada de contenidos, el Eje de Contenidos Digitales de la Agenda Digital establece una meta clara: “consolidar una estrategia de posicionamiento competitivo de contenidos nacionales en espacios digitales como referentes de información, entretenimiento y de formación de valores, en alternativa a los patrones impuestos por la industria cultural dominante”. En un mundo asediado por la desinformación algorítmica y la manipulación de redes sociales, Cuba posiciona a la IA como herramienta estratégica para la producción, personalización y distribución de contenidos alineados con su identidad cultural y valores socialistas, siempre bajo estrictos principios éticos que evitan la propagación de falsedades y garantizan los derechos de los creadores nacionales.

Esta perspectiva transforma lo que para otros modelos representa un dilema irresoluble —la tensión entre innovación tecnológica y preservación cultural— en una sinergia virtuosa. Mientras las plataformas globales homogenizan culturas y mercantilizan identidades, Cuba utiliza la IA para fortalecer su diversidad cultural y su proyecto civilizatorio. La protección de datos personales, lejos de ser un obstáculo regulatorio, se convierte en pilar ético que blinda la intimidad ciudadana frente a la vigilancia masiva y la explotación comercial de la información. En este sentido, los principios socialistas no limitan el desarrollo tecnológico; por el contrario, lo enriquecen al imponer estándares éticos que los modelos capitalistas eluden sistemáticamente.

Conclusiones: La contribución cubana al debate global sobre IA

La Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial de Cuba representa una contribución original y necesaria al debate global sobre el futuro de la tecnología. En un mundo donde la IA se ha convertido en instrumento de dominación geopolítica y explotación económica, la experiencia cubana demuestra que es posible forjar un camino alternativo basado en la soberanía, la ética y la justicia social. Lejos de ser una limitación, el contexto del bloqueo ha catalizado la creatividad nacional para construir un ecosistema tecnológico autónomo, donde cada avance constituye un triunfo de la dignidad frente al asedio externo.

Más allá de sus logros técnicos específicos, el valor universal de la propuesta cubana radica en su reafirmación de un principio fundamental: la tecnología debe estar al servicio de la humanidad, no de intereses corporativos o agendas hegemónicas. Al integrar la IA en su proyecto socialista de desarrollo, Cuba no sólo moderniza su economía; reafirma su compromiso con un modelo civilizatorio donde la innovación se mide por su contribución al bienestar colectivo, la equidad y la preservación de la identidad cultural. En la batalla por definir el alma de la inteligencia artificial, Cuba aporta una voz indispensable del Sur Global: la de quienes, pese al asedio, eligen construir tecnología con valores, soberanía y corazón humano.

Referencias

Couldry, N. y Mejias, U. A. (2019). The costs of connection: How data is colonizing human life and appropriating it for capitalism. Stanford University Press.

Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. (2023). Memoria de Cuba sobre el impacto del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América. Link.

República de Cuba. (2019). Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030. Asamblea Nacional del Poder Popular.

República de Cuba. (2022). Ley No. 149 de Protección de Datos Personales. Gaceta Oficial de la República de Cuba, No. 42 Ordinaria.

República de Cuba. (2024). Política para la Transformación Digital en Cuba, Agenda Digital y Estrategia de Inteligencia Artificial. Ministerio de las Comunicaciones.

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Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento No. 559: https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol-31-34.pdf

Por REDH-Cuba

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