Defender a Cuba hoy significa defender la Patria, la Revolución, el Socialismo, pero también algo más grande: la posibilidad misma de un mundo fundado en la cooperación, la soberanía de los pueblos y la dignidad humana.


Fuente: Faro di Roma

Cuba está bajo ataque de nuevo. Esto no es nada nuevo. Es la continuación histórica de una agresión que ha durado más de sesenta años y que ahora experimenta una nueva y peligrosa escalada. La orden ejecutiva emitida el 29 de enero por el gobierno estadounidense, que pretende imponer un bloqueo total del suministro de combustible a la isla, representa un avance espectacular en la estrategia de asfixia económica contra el pueblo cubano. Es un acto de guerra no declarada, disfrazado de medida administrativa, basado en la mentira de la “emergencia nacional” y la arrogancia imperial.

El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, condenó esta nueva agresión con la mayor firmeza, denunciando su carácter ilegal, inmoral y profundamente peligroso. Expuso con claridad la verdadera naturaleza de la doctrina estadounidense: «La administración Trump consolida una peligrosa forma de conducir la política exterior de su país mediante la fuerza, ejerciendo sus ambiciones de asegurar la hegemonía imperialista».

No se trata solo de Cuba. Como enfatizó Díaz-Canel, nos encontramos ante un modelo de conducta imperial que pretende decidir con quién pueden comerciar los estados soberanos, arrogando un derecho que no le corresponde: «Ese país se atribuye el derecho de dictar a los estados soberanos con qué naciones pueden comerciar y cuáles pueden exportar sus productos nacionales».

Esta medida, que pretende cortar una de las vías de suministro más vitales de la isla mediante la coerción de terceros países, constituye una ampliación extrema del bloqueo económico, comercial y financiero, ya definido por numerosas resoluciones internacionales como contrario al derecho internacional y a los derechos humanos fundamentales.

Pero una vez más Cuba responde no con rendición, sino con la fuerza moral de un pueblo consciente, organizado y políticamente maduro.

Enfrentaremos esta nueva embestida con firmeza, serenidad y la certeza de que la razón nos acompaña. La decisión es clara: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!, declaró Díaz-Canel, reafirmando una línea que no es retórica, sino práctica cotidiana de resistencia.

Durante la sesión plenaria extraordinaria del Partido en La Habana, el Presidente calificó inequívocamente la agresión estadounidense de fascista, debido a su carácter genocida y al uso sistemático de argumentos falsos. Anunció una campaña internacional de denuncia, llamando a pueblos, intelectuales y movimientos sociales a denunciar lo que calificó de acto verdaderamente criminal.

«Ni siquiera con un bloqueo de combustible, Cuba será derrotada por el imperio». Esta postura es compartida y apoyada por la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH), cuya sección italiana fundé con Rita Martufi y en la que también participan FarodiRoma y su director, Salvatore Izzo. El grupo denunció la definición de Cuba como una «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad de Estados Unidos como una grotesca inversión de la realidad. Una mentira cínica, carente de fundamento moral, que solo sirve para justificar la escalada de una política de castigo colectivo contra un pueblo que se atrevió a ser libre.

Como nos recuerda el REDH, presentar como una amenaza a una nación asediada por más de seis décadas de bloqueo equivale a reconocer el fracaso moral del imperio. Es el acto desesperado de una potencia en decadencia que intenta mantener su dominio a costa del sufrimiento ajeno.

Pero la fuerza de Cuba no reside solo en su liderazgo político. Reside en su pueblo, en su ética colectiva, en su capacidad de transformar el dolor en dignidad. Esto también se evidencia con fuerza en la carta de una madre cubana a una madre norteamericana, un extraordinario documento humano y político que desmonta la propaganda con la verdad de la vida cotidiana. No odio, sino verdad; no resentimiento, sino justicia. Demuestra que el conflicto no es entre pueblos, sino entre un proyecto imperial y el derecho a la autodeterminación.

Díaz-Canel lo reiteró claramente: “No tenemos nada contra el pueblo estadounidense. Al contrario, nuestros pueblos se ven privados de inmensas oportunidades de relaciones culturales, científicas, educativas y deportivas debido a las políticas restrictivas del bloqueo”.

Cuba es un país de paz, que no renuncia al diálogo, pero rechaza cualquier diálogo bajo presión, porque, como afirma su líder Díaz-Canel, “el diálogo no puede darse bajo presión, debe darse en condiciones de igualdad, de respeto, sin precondiciones”.

Al situar la agresión contra Cuba en un marco más amplio que incluye también a Groenlandia e Irán, Díaz-Canel definió la Doctrina Trump como lo que es: “Una política criminal de desprecio que pretende conquistar el mundo”.

Ante todo esto, el llamado final es claro y universal: luchar, crear, transformar, luchar y compartir los resultados. Cuba no se dejará intimidar y sabe que no está sola. Defender a Cuba hoy significa defender la Patria, la Revolución, el Socialismo, pero también algo más grande: la posibilidad misma de un mundo fundado en la cooperación, la soberanía de los pueblos y la dignidad humana.

Por Cuba.
Por la humanidad.
Porque la fuerza moral de un pueblo organizado es más poderosa que cualquier bloqueo.

Luciano Vasapollo

En la foto: una madre cubana con su hijo. Justo hoy, la prensa isleña publicó una carta de una madre cubana a una madre estadounidense.

Carta de una madre cubana a una madre norteamericana:

Madre de ojos azules,
madre de Norteamérica:
mis hijos son pacíficos,
trabajan, cantan, sueñan,
aman bajo la verde
sombra de sus palmeras.

Robert, tu joven rubio,
¡ qué feliz se sintiera
jugando al béisbol con mi alegre Juan
de cabellera negra !

Sin embargo, los turbios mercaderes
que a tu pueblo gobiernan,
quieren que Robert asesine a Juan
bajo su propio cielo, sobre su propia tierra.
Mi Juan es noble,
pero cuando le ofenden su bandera
salta como un león, y sus palomas
luchan como las fieras.

De madre a madre te lo digo:
dile a tu hijo que no venga.
Los piratas que tocan esta Isla
se quedan en sus costas, y vivos no se quedan.

Tú llorarías sin orgullo
lágrimas de vergüenza.
Por el contrario yo,
si Juan muriera,
como la madre de un patriota
tendría una orgullosa pena.

Pero es mejor, querida mother Mary,
que Juan y Robert vivan cada uno en su tierra,
y que sólo en estudios, en deportes y en arte
entablen amorosas competencias.

Te prometo que Juan jamás será agresor.
Lo enseñé a respetar soberanas enseñas.
Pero si Robert viene y le dispara,
Juan tiene, mother Mary, derecho a su defensa.

Madre de ojos azules,
madre de Norteamérica,
por la vida de Robert de cabellera de oro
y la vida de Juan de cabellera negra,
cantemos a la paz
dulce canción fraterna.

Y no dejes que turbios mercaderes
que piensan en el oro y en tus hijos no piensan,
manden a Robert, a tu joven rubio,
a matar y a morir en mis palmeras.

De madre a madre te lo advierto:
dile a tu hijo que no venga.

Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí)

Por REDH-Cuba

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