Cuba no es una amenaza para la población de EE. UU. Estados Unidos no es un ejemplo de libertad. Pero para que la gente perciba a Cuba como un riesgo a eliminar (y a EE.UU. como un ejemplo a seguir) es necesario invertir en la desinformación…
¿Qué tienen en común el genocidio en Gaza y la intensificación del bloqueo económico a Cuba? Estos dos fenómenos, además de exponer la crueldad humana, generan muertes a partir de acciones estratégicas desarrolladas por personas que se consideran elegidas para decidir quién puede y quién no puede sobrevivir. Pero no solo eso. Entre estos dos ataques a la centralidad de la vida y la idea de la dignidad humana, hay otro punto de contacto: para que haya defensores de la muerte de niños, ancianos y amas de casa en lugares tan diversos, es necesario reescribir la historia, negar datos concretos y generar ignorancia sobre la realidad de Oriente Medio y Latinoamérica.
Hoy en día, solo las personas desinformadas o incapaces de reflexionar creen que estas muertes son apropiadas o justificadas por los fines anunciados por los ideólogos de las potencias militares que producen hambre, sufrimiento y muerte en todo el mundo, incluso en sus propios países, basándose en cálculos económicos. Cuba no es una amenaza para la población de EE. UU. Estados Unidos no es un ejemplo de libertad. Pero para que la gente perciba a Cuba como un riesgo a eliminar (y a EE.UU. como un ejemplo a seguir) es necesario invertir en la desinformación, en el olvido de la historia y en el empobrecimiento del lenguaje, muy a la manera de la gestión social que describió George Orwell en 1984.
Es necesario, por ejemplo, olvidar las acciones de solidaridad de Cuba con diversos países en las últimas décadas. Para que el discurso sobre el «fracaso del experimento socialista cubano» funcione, es necesario ignorar que, incluso con el bloqueo económico ilegal de las últimas seis décadas, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Cuba es superior al de la mayoría de sus vecinos capitalistas del Caribe. El país también presenta la menor desigualdad social del Caribe y el mayor número de medallas olímpicas de Latinoamérica. Para quienes prefieren datos concretos, sugiero comparar la situación energética de Cuba con la de Puerto Rico, un territorio no incorporado a Estados Unidos: ambos lugares sufren crisis, dificultades económicas y frecuentes apagones, pero solo Cuba está sujeta a las medidas de estrangulamiento energético promovidas por Estados Unidos.
Según datos del Banco Mundial, incluso bajo la brutal presión de Estados Unidos, la esperanza de vida en Cuba es superior a la de los estadounidenses. En el pequeño país caribeño, algunos de los graves problemas que aquejan al gigante capitalista no existen (personas sin hogar, personas sin atención médica, etc.). En Cuba, la atención médica y la educación son gratuitas y para todos. A pesar de la riqueza, proporcionalmente, mueren más personas por desnutrición u homicidio en Estados Unidos que en el país socialista. Un análisis de los indicadores sociales de Cuba revela que, si Cuba es una amenaza, se debe al ejemplo que puede dar: es posible hacer las cosas de forma diferente a lo que dictan los imperios económicos.
Se han cometido muchos errores desde los inicios de la Revolución Cubana en el intento de construir una nueva sociedad donde los derechos del pueblo prevalezcan sobre los intereses de quienes tiene mayor poder económico, pero los ataques contra Cuba, que se han intensificado en los últimos meses, no están relacionados con estos errores, sino con los numerosos éxitos. Por eso es necesario oscurecer la realidad y apostar por la ignorancia.
La producción de ignorancia se ha convertido en un arma política frecuentemente utilizada por quienes ostentan el poder económico a nivel mundial. Es la ignorancia la que ayuda a crear enemigos imaginarios y hace que la gente crea y tema la diferencia, el conocimiento e incluso amenazas inexistentes. Más allá de los intereses económicos de quienes desean recolonizar Cuba, solo la ignorancia explica el silencio de tanta gente ante los proyectos que buscan destruir la esperanza de un mundo mejor y los ataques contra Cuba.
Para justificar tantas muertes evitables.
No sorprende, por ejemplo, que el discurso de que «el socialismo no funciona» sea desmentido por las acciones de Estados Unidos, la mayor potencia militar del mundo, que busca sofocar el experimento cubano. Nadie puede negar que la seguridad pública en Cuba funciona mejor que en el imperio.
