Difíciles estos tiempos y los eventos que nos atraviesan. Difíciles. Hoy es un día especial. Recuerdo la ternura y la delicadeza de Chávez, nos vimos pocas veces y desde el primer día, sabiendo mi procedencia cristiana, me hacía la señal de la cruz, –cosa que como costumbre siguió Maduro–, y me decía enfático y como un niño que tiene algunas cosas prohibidas: ¡Catire! Tienes una estampa de guerrillero, te envidió.

En julio de 1994  Germán Sánchez  Otero y yo coincidimos en Caracas. Germán, el joven  que nos había obsequiado el excelente prólogo a Economía y Sociedad de Max Weber, desde el marxismo revolucionario al que consagró militancia y pensamiento el Dpto. de Filosofía de la UH y sus bisoños profesores. Una entrega de aquellas Ediciones Revolucionarias que tanto conocimiento «fusilado» puso a muy bajos precios en nuestras manos.

Fernando Martínez Heredia me había comentado en su casa que Germán acababa de llegar a Caracas como Embajador de nuestro país.  Años después, los eventos y los libros del propio Germán, pusieron sobre la mesa la misión que el Comandante en Jefe le había encomendado: contactar a aquel militar que se había levantado en armas con el MBR-200 el 4 de febrero, dos años atrás.

Junto a un grupo pequeño de jóvenes  de nuestra comunidad de Pogolotti y de la Coordinación Obrero Estudiantil Bautista de Cuba, íbamos en tránsito a Brasil a nuestro primer encuentro e intercambio con el Movimiento Sin Tierra de Brasil, hasta el día de hoy, una organización a la que nos unen, no solo al Centro Martin Luther King, Jr., sino a muchos y muchas aquí en la isla, lazos y afectos que han crecido en las tareas internacionalistas y la solidaridad «cuerpo a cuerpo» de esta organización con la revolución cubana y la revolución bolivariana.

Yo no recuerdo ninguna impresión en mi memoria de los sucesos del 4F, ni nada de aquel teniente coronel llanero que me hubiera despertado la atención, como si lo había hecho en Fidel, en su sagacidad y previsor ojo político. Por eso el nuevo embajador no era otro que un militante revolucionario cuyo quehacer intelectual habría de retomar muchos años después, pospuesto por el tiempo y las  tareas que le había exigido hasta ese momento su labor en el Dpto. América, bajo la orientación y conducción de Barbarroja, el Comandante Manuel Piñeiro Lozada.

No sé como tomé contacto con Germán en tiempos sin redes digitales, y nos vimos brevemente. Por supuesto, no supe nada de su compartimentada tarea. Yo le conté de la mía. Me celebró, reconociendo la importancia de la misma y me contó todo lo que sabía de aquel movimiento que tanto había colaborado en la organización de aquel mítico encuentro de Fidel en 1990 con las Comunidades Eclesiales de Base y organizaciones sociales de ese país, durante su viaje a Brasil.

Tampoco recuerdo como nos ubicó Eseario Sosa, integrante del Grupo Caleb y hoy Obispo de la Iglesia Evangélica Pentecostal Venezolana.

Hasta el Fuerte Tiuna nos llevaron y allí nos contaron de la asonada del 4 de febrero y con pasión evangélica y bolivariana me dió cuenta de su esperanzada admiración por aquel tal Hugo Chávez.

Con la certeza que viene del Espíritu, el vigor de su compromiso cristiano y revolucionario y el don de la profecía que le asiste a nuestros hermanos pentecostales, me dijo: Hermano, ese va ser el próximo presidente de Venezuela y el líder de nuestra Revolución.

Por REDH-Cuba

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