Cuba hoy es un laboratorio político vivo, donde se mide concretamente el enfrentamiento entre imperialismo y autodeterminación.
Fuente: Faro di Roma
En Cuba la situación es muy grave. Se vive en un estado de alta alerta tras las declaraciones de Trump, que habla de “regular la situación” de las maneras que él conoce. Es en este marco que debe leerse la nueva y grave interrupción total del Sistema Eléctrico Nacional cubano, ocurrida ayer a las 6:38 de la mañana. Se trata de la tercera en el solo mes de marzo. No es un incidente aislado, sino el síntoma evidente de una presión sistémica, política y económica, que se traduce en un ataque directo a las condiciones materiales de vida del pueblo cubano.
La Unión Nacional Eléctrica confirmó la desconexión total del SEN, mientras que el Ministerio de Energía y Minas identificó en la baja frecuencia y las fluctuaciones de tensión la causa técnica inmediata. Pero sería ingenuo detenerse en la superficie técnica: detrás de esta crisis está la carencia estructural de combustibles, agravada por el embargo impuesto por Estados Unidos.
No es solo una cuestión energética. Es una cuestión política
El bloqueo impide a Cuba abastecerse de petróleo, diésel, fuel oil y gas licuado. Pero no solo eso: también obstaculiza la importación de componentes y tecnologías necesarias para el mantenimiento y la renovación de las centrales. De este modo, se golpea deliberadamente todo el sistema productivo y energético del país.
Un acto de guerra no declarada, que se traduce en un castigo colectivo
Las consecuencias son evidentes. El sistema de generación distribuida, que podría aliviar significativamente los apagones, está paralizado precisamente por la falta de combustibles. Las centrales termoeléctricas, ya afectadas por su antigüedad, sufren fallas continuas: siete unidades estaban fuera de servicio desde las primeras horas de la crisis. El resultado es un déficit creciente entre la demanda y la oferta de energía, agravado por semanas de alto consumo. Sin embargo, incluso en esta situación, Cuba no está inmóvil.
El proceso de restablecimiento del sistema eléctrico se realiza de manera gradual, a través de una compleja secuencia técnica que comienza con la activación de los sistemas auxiliares para alimentar las centrales y continúa con la reactivación progresiva de los circuitos. Paralelamente, el país sigue construyendo alternativas: más de 40 parques fotovoltaicos, realizados durante 2025, están entrando en funcionamiento y representan un primer paso concreto hacia una mayor autonomía energética.
La respuesta cubana: no la rendición, sino la transformación
La estrategia adoptada apunta a la soberanía energética, a la diversificación de las fuentes, al incremento de la producción nacional de petróleo y gas, y sobre todo al desarrollo de las energías renovables. En otras palabras, una transición obligada pero también profundamente política, que reduce la dependencia de los combustibles fósiles y de las dinámicas impuestas desde el exterior.
En este contexto se inserta también el trabajo de la delegación de la Red de los Comunistas, que continúa su presencia en la isla.
La presencia de los delegados de la RdC
En los últimos días se ha celebrado una gran asamblea internacional con 650 delegados provenientes de 33 países y cerca de 300 organizaciones políticas, sociales y de solidaridad. Un evento de extraordinaria importancia, que contó con la participación de toda la dirección cubana, comenzando por el presidente Miguel Díaz-Canel, junto con ministros, miembros del Consejo de Estado y del Comité Central.
No fue solo una reunión política, sino también un momento de intercambio, cultura e internacionalismo: intervenciones, música, encuentros, en espera de la llegada de los barcos desde México con toneladas de medicamentos y paneles solares, fruto de una movilización internacional en la que participaron organizaciones italianas y de muchos otros países.
Esta es la respuesta concreta al embargo: la solidaridad
La delegación también realizó visitas de gran relevancia política y cultural: desde el centro dedicado a Ernest Hemingway hasta los lugares simbólicos de su obra, pasando por proyectos de recuperación urbana vinculados a la herencia de Eusebio Leal, como el convento de las Clarisas. Un trabajo que entrelaza memoria, cultura e integración social.
Los encuentros con comunidades religiosas, instituciones culturales y políticas —desde el Parlamento hasta el Centro Fidel, pasando por la Universidad de La Habana— confirman un dato fundamental: Cuba no está aislada. Está bajo ataque, pero no está sola.
En estas horas continúan los diálogos con el Comité Central y con numerosas realidades sociales y culturales. Y no se puede dejar de subrayar el papel fundamental de los compañeros cubanos, en particular de “Los Cinco” y de Antonio Guerrero, que han acompañado y apoyado a la delegación en todo momento.
Frente a todo esto, se hace cada vez más evidente la naturaleza de la ofensiva estadounidense: una agresión sistemática, que busca doblegar a un país que sigue reivindicando su independencia.
Pero igualmente evidente es la respuesta: resistencia, dignidad e internacionalismo.
Cuba hoy es un laboratorio político vivo, donde se mide concretamente el enfrentamiento entre imperialismo y autodeterminación. Y en este escenario, cada apagón no es solo un problema técnico: es la señal visible de un conflicto más amplio.
Un conflicto que interpela a todos, también fuera de la isla, a tomar posición.
