En la activa cronología martiana posterior a 1890, el año 95 es particularmente importante y contentivo de textos y acciones que tendrían relevancia posterior en la rica y fecunda biografía del Apóstol de la independencia de Cuba. Fue un año decisivo y definitorio en su más amplio sentido.
Dentro de esta etapa, quedan marcadas con luz propia las jornadas del 25 de marzo y también su lugar de origen, la acogedora y pintoresca ciudad de Montecristi, al noroeste de la República Dominicana, un rincón quisqueyano que tiene presencia inevitable desde entonces en la historia de Cuba. pues las figuras de José Martí y Máximo Gómez y lo que allí sucedió, así lo determinan.
En ese lugar habían fijado su residencia el Generalísimo y su extensa familia, y hasta allí fue a buscarlo Martí para solo ”ofrecerle sacrificio y la ingratitud probable delos hombres”, tal como la historia posteriormente confirmó.
Durante aquella visita de marzo del 95 y en esa modesta casa, en su sala central que aún se conserva amueblada, se encontraron ambos para proceder a la redacción del documento que hasta hoy es y será, fundacional, programático e insustituible para “la guerra necesaria” y para “la República moral de América”.
Ese fue el manifiesto del Partido Revolucionario Cubano al pueblo de Cuba, -tal como lo encabezó su título,- pero más bien conocido a la luz del tiempo y de la historia como Manifiesto de Montecristi, llama y luz a la vez que nada ni nadie podrá apagar ni suprimir en sus reflejos eternos y en su caracterización de un pueblo y una lucha que no se extingue, ni se rinde ni se vende. Todo lo cual aparece en el Manifiesto de Montecristi y tiene plena vigencia actual,
Ese mismo día 25 y desde aquella santa casa del patriotismo cubano y dominicano se escribieron otros dos textos que hoy alberga la posteridad: fue la última carta de Martí a su madre, (“El deber de un hombre está allí donde es más útil. pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre…”). donde el Apóstol le pide su bendición.
Y también surge en esa memorable ocasión la carta de despedida al gran amigo y, más que amigo hermano, -tal como Martí lo califica,- Federico Henriquez y Carvajal, en lo que ha devenido como “Testamento antillano”, una breve joya de conceptos fundamentales dentro del pensamiento martiano, (“Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América y el honor ya dudoso y lastimado de la América Inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo…”) lo que hasta hoy refleja y expresa como nunca antes esa hermandad cubano-dominicana y su proyección continental.
Sea este 25 de marzo, cuando el Caribe aparece amenazado por brutales, inescrupulosos y vandálicos piratas de cuño renovado, un momento propicio para recordar y actualizar estos textos martianos cuya significación va mucho más allá de aquella coyuntura en que fueron escritos hace más de un siglo.
