Transcripción del Capítulo 21 del Podcast A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas. Producción: Radio Cubana. Realización: Erick Méndez Díaz. Periodista: Isabel Díaz González. Transcripción: Ariana López Marth. Idea y Gestión Editorial: Omar González Jiménez. Frecuencia: semanal (todos los sábados). Enlace principal: https://www.radiocubana.cu/podcast-a-contracorriente/
Participantes: Omar Valiño Cedré, (OVC), crítico teatral y ensayista, e Isabel Díaz González (IDG), periodista y conductora de programas en Radio Rebelde.
VOZ EN OFF DE EMD: Esto no es un podcast, es una invitación a pensar en cómo somos. A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas.
IDG: Un nuevo episodio de A Contracorriente. Seguimos conversando con Omar Valiño desde la Biblioteca Nacional José Martí. Este lugar que, ya lo decía, inspira tanta cultura, da tanta paz, invita a la reflexión, lo que tanto necesita la lectura hoy, porque no se trata solamente de leer por leer. De eso estaremos hablando, le dedicaremos un episodio de A Contracorriente.
Vamos a comenzar con un tema de indudable interés para un especialista en teatrología, un ensayista, un editor, no solo un directivo: ¿Cuál es el lugar que ocupa hoy el libro en la sociedad cubana en medio de tantos desafíos tecnológicos, materiales, económicos, sociales?
OVC: Esto me recuerda cosas que se han dicho sobre el libro por gente muy importante, ¿no? Pero me encanta esta idea de Umberto Eco, que no cito textualmente, por supuesto, pero sí evoco en su intención: Hay inventos perfectos, uno de ellos es el libro; el libro, la cuchara, cosas a las que no hay que hacerles absolutamente nada porque están ahí para siempre.
A pesar de los cambios tecnológicos, el libro es un soporte no solo magnífico, sino ideal de la cultura. Por su capacidad de traslación en el espacio y en el tiempo, pues llevan el conocimiento, lo que guardan en sus páginas, a todas partes. Y por eso seguirá siendo una referencia cultural fundamental. Entre otras cosas, para eso están las bibliotecas, ¿verdad? No solo para ser un almacén de libros, porque, aunque la biblioteca los almacena, intrínsecamente tiene que ponerlos en movimiento; tiene que lograr que esos libros se muevan hacia los ojos de los lectores. Esa es una sola función, diría yo. Los cuida, los atesora, los valoriza, pero en esa misma medida los pone en valor y en funcionamiento, que no es más que ponerlos en lectura frente a los ojos de tantos lectores.
Además, la biblioteca es algo maravilloso en el sentido de que en un mundo cuyas coordenadas son completamente comerciales y todo se rige por la oferta y la demanda, la biblioteca es una de las pocas instituciones que el hombre ha creado que no se rige por ese mandato. Yo digo que la biblioteca es socialista, porque esos bienes que atesora los comparte gratuitamente y uno solo de ellos le da infinito servicio. No es la posesión individual, que es solo para mí. El libro está ahí y genera servicios y servicios y servicios. De tal manera, que ese papel del libro sigue siendo fundamental.
Estamos en un momento diferente a nivel mundial y a nivel cubano. El movimiento alrededor del libro ha cambiado en todas partes, porque el advenimiento del libro digital, como parte de un fenómeno que es más grande, es no solo un cambio tecnológico, sino un cambio civilizatorio. Dentro de ese cambio civilizatorio, pues también el libro tiene un soporte digital y eso lo ha cambiado. Ha cambiado todo o muchas cosas.
Y se mantiene la discusión entre los que prefieren leer en soporte papel y los que prefieren leer en digital. Hacia los jóvenes, que no quiere decir que no amen también el soporte papel, se va desplazando poco a poco la facilidad digital, y las encuestas de nuestro 0bservatorio Nacional del Libro y la Lectura, que bien dirige Enriquito Pérez Díaz, van atestiguando ese desplazamiento. Pero, claro, ojalá pudiéramos tener una especie de balance mayor entre ambos.
De todas maneras, la industria editorial, fundamentalmente las editoriales, se han volcado hacia el libro digital, dadas las carencias, en particular en Cuba, de papel y de los insumos en general en la industria poligráfica, algo que ya va durando unos cuantos años. No ha desaparecido del todo, sigue produciéndose en alguna medida.
Me viene a la mente inmediatamente que, en la última Feria del Libro, el gran acontecimiento fue la salida del primer lote de la Biblioteca del Pueblo, básicamente una serie de clásicos cubanos y universales que se han distribuido por todo el país, todavía sin poder alcanzar las magnitudes que se reclaman por parte del público lector, pero, bueno, está ahí y seguirán saliendo próximos lotes. Y también la gente va leyendo más en digital. Todos leemos ya en digital.
Otra cosa es si leemos o no libros, pero en digital leemos constantemente, porque el móvil está en las manos y ahí lees noticias, artículos de prensa. La prensa se lee, sobre todo, en el soporte digital. Es decir, que el acto de la lectura en digital es común. A veces algunos lectores esperan un poquito, por tener ese prurito, pero, ante las carencias, pues la gente se decide a leer en digital.
Lo mismo, no necesariamente por carencias de la industria poligráfica, ha pasado en el mundo entero y hay más lectura en digital y hay países que tienen una fuerte industria editorial donde la venta del libro digital ha ido ganando cada vez más terreno.
Nosotros, a su vez, tanto la Biblioteca como el Instituto Cubano del Libro, estamos desde el año 2024 en algo que llamamos el relanzamiento del Programa Nacional por la Lectura, del cual forman parte decisiva ambas instituciones, que son mega instituciones porque no se trata solo de la dirección del Instituto y de la Biblioteca Nacional, sino de ese sistema de bibliotecas públicas y de todo el sistema enorme del Instituto Cubano del Libro.
IDG: Que para suerte nuestra en Cuba está por todo el país.
OVC: Por todo el país. Estamos enfrascados en nuevas acciones, nuevos propósitos, nuevas dimensiones, para, en medio de esas contradicciones y carencias, seguir apostando por la lectura como un acto humano fundamental para la adquisición del conocimiento. Por supuesto, aunque son dos instituciones de la cultura y del Ministerio de Cultura, específicamente, en ese programa participan centralmente la escuela y otros organismos, porque esto tiene que ver con todo el mundo. La lectura es un patrimonio humano y, por tanto, hay que desarrollarla entre todos.
Y el año pasado hicimos un acto pequeño de formalización de ese relanzamiento del Programa Nacional por la Lectura en una escuela primaria magnífica, modelo, que hay en Campo Florido. Es medio semiurbana, una escuela maravillosa, y desde ahí pues todo lo que se hace y que ya se hacía en esas nuevas potencialidades, contribuye a ese Programa Nacional por la Lectura. Pero queda, y no es sólo una frase hecha, queda mucho por hacer. Estamos trabajando en cuestiones –algunas van a ser prontas, otras un poquito más lejanas–; hay toda una serie de acciones a nivel nacional que se están emprendiendo en función de esa valorización del libro y de la lectura.
IDG: En este contexto de desafíos económicos, tecnológicos, editoriales, ¿sigue siendo el libro fundamental en la cultura cubana?
OVC: Absolutamente fundamental. Cuba, desde la victoria misma de la Revolución, pretendió convertirse en un país de lectores y lo logró, y lo logró. En primer lugar, con aquella frase de Fidel, que es un símbolo en sí misma, “No le decimos al pueblo, cree, le decimos lee”. Es un cambio epistemológico en la relación entre el lector, el ser humano, y esa adquisición del conocimiento. Se desplazaba hacia otro soporte y hacia otros modos.
Después vino la Campaña de Alfabetización y luego todo el enorme conglomerado de acciones, instituciones, editoriales, imprentas –desde la Imprenta Nacional–, que fue formando un edificio grandioso, que terminaba en las librerías y las bibliotecas y en su sistema de promoción del libro y la lectura. Y eso, a pesar de muchas dificultades actuales, sigue vivo y actuante.
Y los escritores, que no son sólo los escritores del mundo literario –sea en la ficción o en la no ficción–, sino que científicos, maestros, prácticamente todas las especialidades pueden generar textos que van a convertirse en libros. Eso tiene mucho valor todavía en la sociedad cubana. Por eso la Feria es la más grande de nuestras celebraciones culturales, porque es un carnaval del conocimiento.
Y tiene al libro como centro, fíjate que contiene todas las manifestaciones culturales, todo acompaña al libro y a la literatura. En esa diversidad de la literatura, no solo la literatura tenida como arte, sino las distintas líneas de desarrollo de la literatura: científica, técnica, especializada, médica, etc. Todo confluye, con el libro en el centro, en la Feria del Libro a lo largo y ancho de todo el país. Y es una fiesta, es una fiesta nacional, y genera una atención y, por supuesto, una demanda enorme de nuestro público lector. Incita enormemente a la familia a adquirir libros para niños. Es siempre una de las tensiones más grandes de la Feria, que haya libros para niños. Es una pelea constante, una pelea contra las carencias. Pero lo que quiero significar es que eso está muy presente en el pueblo cubano como un valor cultural y social fundamental.
IDG: Muchísimas gracias, Omar Valiño. Con esas palabras me quedo: “como un valor cultural y social fundamental”.
Próximas reflexiones sobre este tema en otros episodios de A Contracorriente.
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