En Washington se ha producido un giro histórico en la relación de la cúpula de las derechas republicana y demócrata por una coincidencia en el enfoque de los cambios socioeconómicos que están caracterizando el siglo XXI, un período transicional de lo viejo a lo nuevo que se presiente, aunque sin forma definida.
La presencia de Trump en la Casa Blanca apuntalada por multimillonarios que copan los niveles más altos de decisión del gobierno, permite ver más claramente que vivimos en una zona gris entre un pasado que persiste y un futuro que va siendo constituido en torno a diferentes opciones del mañana, como apuntaba el analista panameño, Guillermo Castro.
En ese marco, es indudable que Washington irradia una influencia maligna que contamina la diplomacia y el comercio internacional, mientras trata de imponer al mundo reglas propias que eliminan factores de equilibrio y solución de conflictos para legitimar su injerencia en asuntos internos de otros estados.
La gran prensa estadounidense se desempeña dentro de ese perfil. Un ejemplo de ello es The World Street Journal, vocero del mundo bursátil, cuyos mensajes suelen ser reflejos condicionados para lograr reacciones de forma predeterminada en beneficio de los intereses que representa. Es lo que parece estar haciendo en el caso de Cuba en un proceso de diálogo que apenas está en sus prolegómenos.
El diario publicó en su edición de este 20 de marzo un artículo basado en la tesis de que Cuba está requerida de una segunda revolución, afirmación que sobrepasa la raya de la ironía. El escrito está estructurado como una cadena de sucesos irreversibles que eslabonan causas y pasos encaminados a concluir en “la necesidad” de la “toma de Cuba” por Trump.
Más de atención a lo que dice, es el hecho de que está escrito por su Consejo Editorial, lo cual significa que es una posición política de consenso y no un análisis.
Para colocarlo en contexto, el presidente del diario, Almar Latour, es también el director del Dow Jones & Company, Inc. (conocida como Dow Jones, el índice industrial Average DJIA) y su propietaria es la poderosa News Corp, la cual es dueña también del Street Journal, Barron’s, Market Watch Mansion Global, Financial News y Private Equity News, todos amigos de Trump, multimillonarios como él.
¿Qué dijo el Consejo Editorial? Lo que todos saben, pero con mucho trasfondo y más mala leche: que “el régimen (cubano) está al borde del colapso, pero una decisión errónea de EEUU podría salvarlo (a Cuba)”. Es una advertencia a Trump con una carga muy explosiva que más adelante revelan.
Expone que el gobierno de Cuba se encuentra en serios problemas. “EEUU puede ayudar a derrocar al régimen solo si Trump evita los errores de Barack Obama. El país se ha quedado sin dinero ajeno. Estados Unidos podría no ayudar al régimen a sobrevivir, y ha interrumpido el flujo de petróleo venezolano”. Retratan el cuadro idóneo de la teoría de la fruta madura.
Después enumera las consecuencias del bloqueo —denunciadas por Cuba y reconocidas cada año en la Asamblea general de Naciones Unidas—, pero el consejo las proyecta como el fracaso de un régimen fallido. Habla de los apagones, la escasez agua, de alimentos y medicinas, falta de jabón y artículos de higiene, y otros productos básicos, resultado de los fracasos del sistema y la población se muestra inquieta. Lo achaca al comunismo, no al bloqueo.
En un tercer eslabón evoca la teoría del miedo que aplica Trump, al señalar que la desesperación de los cubanos se transformó en protesta (vandalismo en Morón inducido por oportunistas pagados por EEUU), y lo describe como una expresión del todo y no de la parte, al insistir en la culpabilidad del sistema en la crisis, sin una mínima alusión a su génesis, que es el bloqueo y la hostilidad de Washington desde el mismo 1 de enero de 1959.
Luego pasa al punto central del mensaje: lo relacionado con el inicio de conversaciones oficiales entre los gobiernos estadounidense y cubano. Allí aplica nuevamente la técnica del reflejo condicionado, tomando como ejemplo a Venezuela y su actual gobierno, a fin de que la gente no reflexione y se rinda sin cuestionar la falacia de que La Habana negocia porque está convencida de que ya no tiene salida.
La naturaleza extorsionista y amenazadora del texto queda al desnudo cuando, al criticar el acercamiento entre las dos naciones bajo el gobierno de Barak Obama, el periódico revela en forma descarnada que “el verdadero objetivo de este diálogo sobre Cuba es el Sr. Trump, quien, comprensiblemente, aspira a ser el presidente estadounidense que libere la isla”.
Wall Street da por sentado que el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez “busca un acuerdo similar al que el Sr. Trump ofreció a Delcy Rodríguez” después del secuestro del presidente constitucional, Nicolás Maduro, y llega a una conclusión que parece fantasiosa, pero es el gran sueño dorado de Trump: “Cuba merece una auténtica segunda revolución, lo cual implica que la dirigencia revolucionaria abandone el poder para que Trump y Marco Rubio impulsen un gobierno de transición”.
Parece una burla, pero nada que provenga de ese diario lo es. Hay que hacer una lectura tranquila de su mensaje colegiado, porque los absurdos que plantean son de tal magnitud que queda descontada su materialización.
Entonces, ¿cómo debe interpretarse?, ¿qué buscan los financistas con una declaración consensuada de esa naturaleza?  Las respuestas saldrán tarde o temprano en función de lo que ocurra a partir de ahora.
Pero se puede adelantar alguna hipótesis. Por ejemplo, si el objetivo del Wall Street Journal fuera incitar a Cuba a romper el complejísimo diálogo propuesto como ya han hecho con otros países, para desatar otras acciones presumiblemente agresivas, no lo van a conseguir.
La Habana no enfrenta las conversaciones ni desde posiciones de fuerza ni de debilidad. Las acepta desde la óptica de un pensamiento crítico, racional, constructivo, y en especial, en pie de igualdad. Si el diálogo se trunca, y es a lo que apunta la cita del diario sobre un “cambio de régimen”, todo lo que suceda será entera responsabilidad de la Casa Blanca, como precisamente sucedió con Irán, aunque tomen a Netanyahu como chivo expiatorio.
Seguramente les costará trabajo, de ser el caso, convencer al mundo de que Cuba propició una ruptura de las conversaciones porque ya el presidente Díaz-Canel se les adelantó en el esclarecimiento de las reglas del juego al expresar que el diálogo puede ser de la amplitud que la contraparte estime, hablar de todo lo que se quiera hablar, siempre y cuando estén dentro de los principios de respeto a la soberanía, la independencia y la no injerencia de los asuntos internos de cada quien.
Cuba lleva 67 años de complicadas relaciones con Estados Unidos, y en ese largo tiempo el bloqueo siempre ha estado presente, pero la revolución ha sobrevivido a pesar del daño ocasionado a su economía. El Consejo Editorial del vocero de los millonarios debe tomar en cuenta que, de prosperar el diálogo, y es lo que el mundo desea, Cuba participará con un gran sentido de decencia, racionalidad y voluntad de lograr resultados beneficiosos para ambas partes.
Luis Manuel Arce Isaac. Periodista de Prensa Latina

Por REDH-Cuba

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