El mundo está indignado contra los Estados Unidos, y siempre tengo que aclarar que una cosa son los Estados Unidos y otra su gobierno de turno.

El rechazo se intensifico por las erráticas acciones de Trump, quien al hablar de Cuba dijo “la voy a tomar” y “hare con ella lo que quiera”, o cuando recientemente afirmó que iba a desaparecer toda una civilización con 92 millones de habitantes.

A esos que hoy detractan a USA, les recuerdo a los norteamericanos que se opusieron a la guerra de conquista de Cuba entre 1846-48: Abraham Lincoln, Frederick Douglas y Thomas Corwin, quienes condenaron la invasión de Norteamérica a Cuba como “injusta e inmoral”.

Ya entre 1840-1850 había grupos de estadounidenses que querían anexar e invadir a Cuba.  Lincoln, como fundador del nuevo Partido Republicano rechazo la política exterior del entonces presidente Polk, oponiéndose al expansionismo militar como excusa para ganar tierra, alcohol y azúcar. 

Ese mismo año, el presidente Polk le ofreció a España cien millones de dólares para comprar a Cuba, a lo que España se negó.  Entonces apoyó expediciones mercenarias, dirigidas por Narciso López, para “liberar al pueblo cubano”.

Por eso, cuando asesinaron a Lincoln, el 15 de abril de 1865, José Martí contó que uso un crespón negro en señal de luto.

En 1871, el abolicionista afroamericano Frederick Douglas, entonces secretario y miembro de una comisión del Congreso que estudiaba la anexión de Santo Domingo, dijo que “por derecho de vecindad Cuba merecía compartir las instituciones y la libertad de Estados Unidos”.  Y criticó que USA quisiera Las Antillas por azúcar, tabaco y poder, no por liberar a sus pueblos.

Thomas Corwin, político influyente y secretario del tesoro, cuando el presidente Fillmore, aplicó la Ley de la Neutralidad para impedir las invasiones filibusteras de López a Cuba.  Su frase más famosa fue la que dirigió a todos nuestros países: ¿Tienen ustedes una casa propia, o no?  Si la tienen defiéndanla”.

Con una solución que podríamos imitar hoy en día, Henry Thoreau se negó a pagar impuestos a un gobierno esclavista y planteo en su libro “Desobediencia Civil” que “La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad.  Los obedientes deben ser esclavos”.  Y que: “Las leyes injustas existen, ¿deberíamos contentarnos con obedecerlas  o bien deberíamos luchar por cambiarlas?”

Y, no hay que olvidar a Waldo Emerson y a quienes se opusieron a que USA entrara en la Primera Guerra Mundial; a los combatientes que defendieron la República Española y a quienes lucharon contra la guerra de Vietnam.

Es esa la Norteamérica que admiramos y en la que confiamos, por eso en este país recomendamos no escuchar a quienes no estudian la Historia.

Por REDH-Cuba

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