Transcripción del Capítulo 23 del podcast A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas. Producción: Radio Cubana. Realización: Erick Méndez Díaz. Periodista: Isabel Díaz González. Transcripción: Ariana López Marth. Idea y Gestión Editorial: Omar González Jiménez. Frecuencia: semanal (todos los sábados). Enlace principal:  https://www.radiocubana.cu/podcast-a-contracorriente/

Participantes: Omar Valiño Cedré, (OVC), crítico teatral y ensayista, e Isabel Díaz González (IDG), periodista y conductora de programas en Radio Rebelde.

VOZ EN OFF DE EMD: Esto no es un podcast, es una invitación a pensar en cómo somos. A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas.

IDG: Estamos en un nuevo episodio de A Contracorriente. Continuamos conversando con Omar Valiño, director de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, teatrólogo de profesión. Hemos analizado el teatro cubano más allá de que sea una manifestación cultural específica, hemos visto cómo confluyen en él otras manifestaciones y hemos analizado su relevancia como parte de la columna vertebral de la cultura cubana.

Dentro de ese concepto, hemos decidido dedicarle al teatro un episodio, aprovechando la versatilidad de nuestro invitado. Entonces, ¿qué es el teatro cubano para Omar Valiño y en qué momento está?

OVC: Nuestro teatro, como señalabas, es una expresión fundamental de nuestro devenir. Se puede rastrear en la misma medida en que a principios del siglo XIX, primero los criollos y luego los cubanos, va cristalizando la nación. Ahí está también haciéndose el teatro cubano junto con la nacionalidad misma, diferenciándose, diferenciando la isla de la península, la colonia de la metrópoli. Ahí mismo se va haciendo el teatro cubano y hay grandes movimientos dentro del teatro cubano que se ponen siempre de ejemplo en ese sentido. El más clásico es el bufo, que surge y hace su primera función apenas unos meses antes del 10 de octubre de 1868.

O sea, el bufo y el 10 de octubre son del mismo año, 1868. Si eso no es un signo de esa unión que luego, y por desgracia, va a tener otro signo mayúsculo en los sucesos de Villanueva, donde el cuerpo de voluntarios de La Habana irrumpe y mata en el teatro Villanueva. Y fíjate que esa fecha, 22 de enero, es tomada como el Día del Teatro Cubano.

IDG: Tristemente célebre.

OVC: Por eso decía que por desgracia es un signo mayúsculo, pero como decía el gran dramaturgo cubano Albio Paz, ese día se unieron para siempre teatro y nación. Ahí hay una cristalización de ese proceso que te describía en pocas palabras, que es absolutamente fundamental y ya, por supuesto, la primera guerra de independencia está andando en las montañas y sobre todo en el oriente, pero esto ocurre en La Habana, en un lugar absolutamente céntrico en aquel momento.

Y esa –podríamos llamarla así– línea de acción es permanente. El teatro expresa la nacionalidad y su gente con sus conflictos, sus dilemas, sus luchas, sus batallas, hasta hoy. Esa es otra de las defensas del teatro cubano en la actualidad. A la gente le interesa que haya teatro cubano en los escenarios a pesar de las dificultades, porque les habla a ellos de ellos. No importa cómo ni dònde, esas son discusiones tontas, el teatro es siempre del país y del tejido que lo hace. Puede ser un texto de Arthur Miller o puede ser un texto de Shakespeare, pero si está hecho aquí, le está hablando con esos contenidos, que son universales y eternos, al magma de la nación, a los problemas de la gente aquí y ahora, que es una de las cosas maravillosas del teatro, que es siempre aquí y ahora.

Dentro de ese devenir de las cosas, hay una serie de experiencias que mencionabas que tienen que ver con lo comunitario. No es un refugio, no es un refugio, ni obedece a una limitación, aunque a veces las limitaciones pueden incentivar ese tipo de experiencia. Yo creo que es una vocación que refuerza esa idea de un teatro dialogando con su sociedad y con su gente. Por eso, a lo largo del tiempo, si saltamos al siglo XX, las experiencias, por ejemplo, de Paco Alfonso, desde los años 40, que era un militante comunista, son experiencias de expresión clara de realidades que estaban marginadas en el teatro más oficial de aquel momento. Y luego de la Revolución, esa semilla se multiplica tremendamente. No solo se trata que la gente vaya a los teatros que se abrieron a públicos que nunca habían visto, sino que ese teatro, en determinado momento, sale a buscar públicos nuevos.

La experiencia, por antonomasia, es la del grupo Teatro Escambray, con Sergio Corrieri y su madre, Gilda Hernández al frente, que se van a las montañas del Escambray en medio de una situación que había dejado allí la lucha contrabandidos, como conocemos ese periodo histórico, y otra serie de, digamos, atrasos sociales, por las características de las montañas, y se meten ahí a trabajar a partir de las propias necesidades de esas comunidades. Es un ejemplo universal del teatro, de ese tipo de proceso que no es asaltar con cultura a una comunidad, sino es sacar de la propia comunidad una cultura y devolverla críticamente a ella. Yo alguna vez la llamé la poética crítica del Escambray, porque tampoco era solo reflejo, era reflejo y crítica para modificar actitudes humanas, perspectivas, etc.

Es un ejemplo apasionante, extraordinario, de una experiencia teatral cubana. Y de la semilla del Escambray, a lo largo de los 70 y los 80, y hasta hoy, con distintos momentos de altas y bajas, siempre hay grupos y experiencias que se ocupan de ir a buscar al público.

Otra experiencia maravillosa de los últimos 30 años, ya más de 30, es la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa. Primero fue un grupito de teatristas guantanameros yéndose a pie a las montañas a buscar a ese público, pero luego es un evento amado por todos los que hemos participado, que tiene participación internacional, que tiene experiencias de coloquio y de reflexión. Y son 35 días por la montaña, en vida campestre, en vida real, en condiciones difíciles, para encontrar al público de comunidades aisladas, a veces una escuelita donde un maestro le da clases a un alumno, y llegar allí con el teatro como parte de ese impacto social desde la cultura, es algo indescriptible. Son cosas únicas.

IDG: Podríamos decir que Cuba, en ese caso del teatro, más allá del teatro, viéndolo como institución, sacándolo de las grandes capitales; en Cuba existe ese fenómeno que va a las comunidades, que se nutre y, por supuesto, lo marca a la hora de contar la historia también de la nación cubana. ¿Es Cuba un caso único o existen también en nuestra región ejemplos similares con esa experiencia? ¿Cuba sirvió de ejemplo o Cuba marca…?

OVC: Las dos cosas. Por ejemplo, en todos los nuevos movimientos de los años 60, hijos en buena medida del ejemplo de la Revolución cubana, también para el teatro, se dan experiencias en distintas partes, en Brasil significativamente.

Pero cuando el Escambray surge de manera propia, también impacta sobre el resto de esas experiencias, algunas de las cuales se inspiran en el Escambray y deja, como te decía, una saga en el teatro nacional, que es una saga viva. No hay prácticamente un tipo de reunión, para no llamarle evento, en el teatro cubano donde no haya parte de ese evento que se vuelque al contacto directo con las comunidades. Y eso es fundamental.

Las comunidades, todas las comunidades, cualquiera, niños, adolescentes, jóvenes, ancianos, barrios desfavorecidos o aislados, zonas rurales, eso también se ha multiplicado y ahora hay cruzadas, no solo teatrales, sino literarias, que mezclan todo, en ese caso con el libro y la literatura en un lugar primordial. Hay experiencias protagonizadas por distintas instituciones, pero sobre todo por la gente, en prácticamente todas las manifestaciones. Lugares de trabajo comunitario, de una manifestación u otra, y, a su vez, donde se juntan el teatro y otras, en función del espacio social.

IDG: De manera general, el teatro cubano sigue estando presente, muy presente, en todo nuestro país. Aunque hablábamos ya que los desafíos, por supuesto, los económicos, los desafíos tecnológicos también, que han impactado…, pero sigue estando viva esa llama del teatro en la formación de las nuevas generaciones. Vamos a hablar un poquito de la formación de teatrólogos, de actores también, desde la labor no solo de la Universidad de las Artes, sino desde la base, para mantener viva esa llama del teatro, de las diversas especialidades. ¿Cómo está eso actualmente en Cuba? Porque también estás vinculado a la docencia.

OVC: Bueno, yo soy docente hace ya 30 años, en la propia escuela de nivel superior que me formó, que antes lo llamábamos Instituto Superior de Arte, es lo mismo, pero hoy, desde hace unos años, se conoce como Universidad de las Artes. Bueno, es un lugar entrañable para mí, es un lugar que sigue funcionando, sigue en la pelea.

Ahí la Facultad, antes de Artes Escénicas, ahora de Arte Teatral, forma dramaturgos, actores en primer lugar, teatrólogos y diseñadores escénicos. Esas son sus áreas, sus departamentos, y es algo que sigue en desarrollo junto con las escuelas de nivel medio, de las cuales hay varias a lo largo del país, que forman actores. Y lo más importante de ellas, creo que son dos cosas: Una, que distingue al teatro cubano, que no sólo hay acción, sino que hay pensamiento. Hay práctica, pero hay también teoría, y hay una formación que fortalece, a través de esas dos líneas, fortalece la individualidad y el desarrollo de la manifestación. Y otra, la formación misma.

El actor puede tener un don natural y muchas veces lo tiene, y muchas veces llega lejos también con esa cualidad, pero la formación es fundamental, y eso nos distingue. Y la dimensión que para el teatro cubano tiene el pensamiento. También es un valor la crítica, la discusión crítica, el papel que se le otorga a la crítica, aun cuando haya alguien molesto alguna vez, pero el valor de la crítica no sólo en términos de un género, sino en términos de pensamiento crítico, porque todo ayuda a ese desarrollo del teatro. Y así, sobre todo en el ámbito iberoamericano, nos es reconocido ese papel, ese valor. Y en eso tienen las escuelas, tanto la de nivel medio como particularmente la Universidad de las Artes, tienen un mérito histórico.

IDG: Invitándolos a que nos acompañen en un próximo episodio de A Contracorrientes, cerramos la emisión de hoy. Gracias, Omar Valiño. Dejamos el diálogo abierto.

Por REDH-Cuba

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