La REDH es más necesaria que nunca

Por Fernando Luis Rojas

Más de dos décadas pasaron desde que, con el impulso de los comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez, naciera la hoy Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos sociales En Defensa de la Humanidad.

En un texto publicado en 2024, el intelectual mexicano y fundador de la Red, Gilberto López y Rivas, recuerda la preocupación de Fidel —en los inicios del siglo actual— por «las agresiones renovadas del imperialismo estadunidense y sus aliados europeos en América Latina, Medio Oriente y África, a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001». Asimismo, rememora cómo el revolucionario cubano identificó «un resurgimiento del fascismo, con los peligros que conllevaba».[1]

Este regreso al papel de Fidel y Chávez, principales líderes de las revoluciones cubana y bolivariana, en el estímulo y apoyo a la REDH, nos permite unos comentarios personales y breves.

El primero tiene su base en la certeza de que, si bien el mencionado impulso se dio desde la dirección estatal de Cuba y Venezuela, su papel no se pensó como la actividad de un «ente administrativo»; es decir, aunque la concepción de la REDH no se desliga del apoyo a los proyectos revolucionarios en el poder, los trasciende en su misión porque, también —y desde mi criterio estrictamente personal—, parte de su labor debe enfocarse en canalizar el empoderamiento revolucionario.

La Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos sociales En Defensa de la Humanidad tiene el deber de superar y sortear en su actividad los vaivenes de aquello que se ha llamado de una manera generalizadora «el progresismo latinoamericano en el gobierno». Para quienes nos hemos acercado al pensamiento y la práctica rebelde de Fidel y Chávez parece bastante claro que pensaron la potencia de la Red desde los escenarios más adversos, para las horas más oscuras, como las que vivimos hoy.

Ello sitúa tres principios que definen el lugar de la REDH en la actualidad: 1. es hoy tan necesaria como en aquellos días de inicios de los 2000, o quizás más; 2. tenemos la tarea inmensa —como lo asumen muchos compañeros y compañeras de nuestra Red— de situar el centro de la actividad en los esfuerzos propios, tejiendo articulaciones que trasciendan a las convocatorias gubernamentales; y, 3. es prioritario mantener el aliento y la movilización, incluso, y sobre todo, en la grave coyuntura que vivimos.

Sobre esto último vuelvo a Fidel y Chávez. Los dos fueron educadores populares, aprendieron y practicaron una dialéctica particular a la hora de enfrentar los reveses: primero, su reconocimiento de manera transparente; segundo, la voluntad y la acción para convertir los reveses en victoria; tercero, la capacidad de diferenciar «el revés» de «la derrota».

Resuenan siempre el «¡Por ahora!» de Chávez; la manera en que Fidel se levantó después del combate de Alegría de Pío en diciembre de 1956, tras el desembarco del Granma; y el doloroso reconocimiento público de que los diez millones no se cumplirían en la zafra de 1970. Hay cientos de ejemplos. Las enseñanzas: reconocer los reveses es un camino para avanzar en la ofensiva; y se pueden sufrir reveses, pero no convertirse en un derrotado.

Con la fuerza de Fidel y Chávez, su posible mensaje para quienes formamos parte de la REDH en este 2026 sería: «nunca se dejen derrotar».

Nota:

[1] Gilberto López y Rivas: «Fidel Castro y Hugo Chávez, en defensa de la humanidad», Humanidad en Red, núm. 2, diciembre de 2024. Disponible en: ˂https://redh-cuba.org/wp-content/uploads/2025/04/Humanidad-en-Red-XX-Aniversario-1-1.pdf˃. Consultado 08/02/2026.

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