Es muy difícil escribir sobre la Presidencia de Donald Trump, la que aparentemente se está desmoronando a la vista de nuestros propios ojos.

Fuente: ALAI

 

Eso se debe en parte a la gran rapidez de las nuevas revelaciones, de los escándalos que siguen a otros escándalos; a las absurdas declaraciones (y a los tweets) del Presidente, que son un absoluto torrente de chifladuras.

Parte de esto se debe a los medios de comunicación, que nos traen noticias con gran prontitud durante las 24 horas del día, sin darnos ni un segundo de respiro.

Esto también se debe a la obsesión de Trump con los medios sociales de comunicación, y a su habilidad de contradecir con un simple tweet lo que afirman sus propios voceros.

Estamos viendo en este momento el más reciente reality show -¡El Show de Trump! – con su atracción principal Donald J. Trump, un maniaco superestrella que no ha decidido si va a presentarnos una comedia o una tragedia, pero hoy aparentemente presenta una farsa.

Un reciente editorial del New York Times decía que Estados Unidos hoy es una nación gobernada por un niño de 6 años, mal educado y petulante; niño grosero que tira rabietas, arma berrinches; y que le gusta jugar considerándose el emperador del mundo.

En menos de medio año, Trump ha metido a su administración en el sucio laberinto de los problemas de la trampa Rusa.

Incidentalmente, se nota que Estados Unidos ya sufre de un agotamiento producido por Trump.

Su partido político, (El Partido de Trump) parece ser un sindicato de maniáticos.

¿Cuál es el programa principal de ese Partido?  Defender a un Presidente que parece incapaz de defenderse a sí mismo; o de no querer hacerlo.

Las corporaciones mediáticos, que durante la campaña electoral se alimentaron del comedero de Trump, han adquirido el gusto por la carne de Trump, y ahora compiten por la más grande noticia que hará naufragar el buque Trump.

Desde Watergate, no hemos visto tal hambre febril por el pellejo de un Presidente.

Cuando yo era un joven estudiante en la Universidad de Goddard, en Vermont, compré un ejemplar del New York Times en la tienda local. En ese periódico había un artículo muy pequeño en la primera página, sobre el frustrado allanamiento del Hotel Watergate.

¿Quién se iba a imaginar que tan pequeño lío iba a derrocar a un Presidente?

Watergate suena pintoresco comparado a lo que estamos viendo hoy.

Lo que hoy vemos es más grande, más descarado, más feo; y mucho más craso.

Huele a corrupción, a excesos y avaricia capitalistas; y a arrogancia imperial en escala grande y global.

Esto parece ser el comienzo del final.

Por REDH-Cuba

A %d blogueros les gusta esto: