Antes del triunfo revolucionario cubano de 1959, el sector educativo, ya fuese en la enseñanza gratuita o pública, nunca gozó de amplios recursos ni de gran apoyo por parte de los gobernantes de turno.


Por MSc. José Luis Alonso Lanza*

A las alturas de 1953, Cuba contaba con una población de 6.5 millones de habitantes, y poseía medio millón de niños sin escuelas y un millón de analfabetos, cantidades que continuaría en crecimiento constante hasta 1959.

En aquella época, la Isla poseía un sistema de educación que solo llegaba a la mitad de la población escolar, a pesar de existir miles de maestros normalistas sin aulas. Además, la enseñanza media y superior era exclusiva solo de las poblaciones urbanas.

Por otra parte, el abandono de la educación pública en Cuba era tal, que el profesor cubano Enrique José Varona enfatizó una vez al respecto: “Nos encontramos en la tristísima situación de que hay que aumentar considerablemente el número de aulas, comprar mobiliario, construir escuelas, (…) y no hay, ni habrá durante algún tiempo, un centavo que invertir en esas perentorias necesidades”.

Para el año 1959, los niveles de analfabetismo en Cuba oscilaban entre el 23% y el 30%, razón por la cual la Revolución, y en especial el Comandante en Jefe, mantuvieron entre los temas prioritarios la educación.

Así fue que la Isla rompió con los antiguos estigmas de ser el territorio más desigual del Caribe hispánico durante los períodos coloniales y postcoloniales de principios del siglo XX.

En aras de lograr este propósito, luego del triunfo del ’59, se desarrollaron logros fundamentales bajo principios elementales como la campaña de alfabetización, el acceso universal a la enseñanza, la importancia del profesor y la educación para el cambio social, todos llevados a vía de hecho durante el tercer año del triunfo cubano.

El 22 de diciembre se celebra en Cuba el Día del Educador porque en fecha similar, pero de 1961, la nación se declaró libre de analfabetismo. Este sería el primer trascendente logro cultural llevado adelante por la Revolución.

La obra de infinito amor que se sintetiza en educar merece reconocimiento cada minuto de nuestras vidas. Solo así será posible compensar la dedicación de aquellos maestros que ponen todo su empeño para que sus alumnos aprendan no solo las letras y los números, la historia y la geografía, sino para formarlos también en aquellos valores del nuevo evangelio: el de la Revolución.

A la docencia cubana, que tiene sus raíces en el magisterio e ideario del Padre Varela, de Saco, Caballero de la Luz, Mendive y Martí, le fue fácil el continuar y fortalecerse con la ideología Marxista-Leninista-Martiana, en la que valores éticos y morales expresan los intereses de la sociedad.

La historia de Cuba puede hoy exhibir con orgullo una larga lista de educadores que crearon una tradición pedagógica y revolucionaria a toda prueba y han tenido que ver directa o indirectamente con la búsqueda de soluciones a nuestro destino nacional.

Gracias a este magisterio descendiente de las aulas del Padre Varela, la Revolución implementó un nuevo principio: el acceso universal a la enseñanza, que proveía las mismas oportunidades para todo aquel que quisiera estudiar, sin importar su estatus social o su situación geográfica. Se comenzaba a concebir la educación como parte del cambio social.

El maestro cubano, nacido en una educación olvidada por los gobiernos de turno, dio fe a aquello que había dicho José de la Luz y Caballero: “Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo”, y con la Revolución se volcaron a su labor de enseñar para ser libres, tal y como había dicho Martí.

Hoy, la tarea del docente crece en importancia y se multiplica en el afán por inculcar los valores que la Revolución necesita en niños, adolescentes y jóvenes. Cada día el conocimiento se torna en el arma fundamental para contrarrestar el egoísmo, la desigualdad y la injusticia, y forjar así la solidaridad, la responsabilidad, la honestidad y la laboriosidad.

Felicidades a todos aquellos educadores que guiaron nuestras manos cuando nos enseñaron a leer y escribir. Felicidades también a nuestro Comandante en Jefe, maestro de generaciones en toda América.

* Profesor asistente de la Universidad de La Habana

Por REDH-Cuba

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