Opinión

El Hilo de la Historia que une a Lula, Getúlio, Juscelino, Jango y Brizola. Por Beto Almeida

La decisión de Lula de llevar su Caravana por el Sur de Brasil hasta el lugar donde se encuentra la tumba de Getúlio Vargas en San Borja, trae de regreso a la escena política brasileña, dramáticamente, la inolvidable Carta Testamento del presidente gaucho, fundador de la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT) y de Petrobrás. Una vez más, las aves de rapiña, tal como Vargas denuncia y acusa en el aquel documento, lanzan al país a una dramática encrucijada que puede desdoblarse en imprevisibles estallidos sociales. La condena de Lula, en un proceso jurídico colmado de vicios e irregularidades, revela una persecución de las oligarquías externas e internas a un líder popular auténtico, cuya sentencia de prisión, en caso de que sea efectiva, puede conducir a Brasil a una crisis que agravará sin límites la ya sustancial pérdida de soberanía de la nación brasileña.

Lula se encuentra frente a situaciones muy similares, guardadas las debidas distancias o diferencias de época, a aquellas que tuvo ante sí Vargas a lo largo de su trayectoria.  El propio Lula ya modificó su valoración histórica negativa sobre Vargas y ahora reconoce el importante papel del presidente que fundó el Estado Social Brasileño y que transformó a Brasil, que una hacienda de café, en un país industrializado y que crecía a tasas de 12 por ciento, cuando fue víctima de la agresión por las mismas aves de rapiña que lanzan hoy sobre Lula.

Para cada situación histórica, para cada dilema, para cada encrucijada, tuvimos conductas diferentes. Vargas reaccionó al fraude de la oligarquía paulista en la elección de 1930 y convocó a la unidad cívico-militar que se transformó en movimiento capaz de derribar al gobierno falaz, autor del fraude y responsable por mantener a Brasil en la condición de colonia, incapaz de superar la herencia de la esclavitud. Solo con la Revolución del 30, que llevó a Vargas al Palacio de Catete, con amplio apoyo popular, la comunidad negra, por ejemplo, comenzó -de hecho- a vivir la validación real de la abolición de la esclavitud, se conquistaron los derechos laborales y de ciudadanía, pues fue establecido el voto secreto y el voto femenino, que Francia -tan exaltada por los intelectuales antivarguistas- solo vio legalizado después de la Segunda Guerra Mundial.

Tal como hoy está siendo hecho con Lula, que es víctima de una sofisticada operación de demolición de su imagen, lo fue realizado antes con Vargas, con la imposición de una narrativa falsa que buscó estigmatizar al presidente transformador de Brasil en vulgar delincuente. Lula está siendo víctima de la misma oligarquía por sus grandes aciertos que, en línea histórica, continúan el sentido de la política adoptada en la Era Vargas, especialmente en lo referido a la valorización y el protagonismo del Estado y de las Empresas Estatales, y su combinación con políticas sociales inclusivas, de equidad social.

La acertada decisión de Lula de llevar su Caravana por el Sur hasta la tumba de Getulio Vargas en San Borja, y donde también se encuentran las tumbas de otros dos grandes brasileños, Jango y Brizola, constituye un mensaje de enorme poder y significado simbólicos y revela la urgente e imprescindible necesidad de una amplia y grande unidad popular, pues el pueblo brasileño continúa amenazado por el poder imperial externo y por sus socios oligárquicos internos. En primerísimo lugar, este gesto de Lula, con el mensaje que contiene, se dirige al interior del PT. Este, a lo largo de 38 años hostilizó injustamente al laborismo, tal como también hostilizó a la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT) que ahora, en esta hora dramática de pérdidas y derrotas, no fue capaz de defender como debía.

El mensaje de Lula, con su gesto, se dirige también a la Central Única de Trabajadores (CUT), que trató, indebidamente, como fascistas, tanto a la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT) como al Impuesto Sindical, cuya extinción, hoy, según las estimaciones de los propios sindicalistas, podría acarrear una pérdida de hasta el 70 por ciento de las reservas de la Central, inviabilizando un sinnúmero de sindicatos. En un artículo reciente en el periódico O Globo, bajo el título: Retroceso histórico, la valiente diputada Benedita da Silva, reconoce la importancia de la CLT como, indirectamente también del Impuesto Sindical; sin embargo, a pesar de ello, inexplicablemente, no menciona al ex-presidente Vargas. Realmente, todavía es una discusión precaria y enrarecida que está realmente por ser realizada, en condiciones ahora peores porque la situación es de pérdida de instrumentos y en circunstancias en que el movimiento sindical no demostró siquiera la capacidad para una vigorosa huelga general a la altura de la derrota sufrida por la clase trabajadora en el caso de la CLT.

Por más que los petistas hayan hostilizado al varguismo, por más veces que hiciera uso de la narrativa acusatoria impuesta por los que llevaron a Vargas a la muerte, y la historia, el golpe contra Dilma Rouseff en 2016, coloca a Lula y a Getulio en el mismo punto o encrucijada de la historia.

Las reacciones ante desafíos históricos difieren y mucho. En 1932, Vargas rechazó, con las armas en las manos al golpe, también armado y organizado por la oligarquía paulista, fraudulentamente bautizado como Revolución Constitucionalista, y que tenía apoyo del imperialismo inglés, ya que Vargas, en aquel momento, estaba realizando la Auditoría de la Deuda Externa, en medio de lo cual, corajudamente, suspendió el pago de esta, cuyos beneficiarios máximos eran los ingleses pues constituían en aquella época los mayores acreedores de Brasil. Todavía hoy hay petistas, sobre todo paulistas, que exaltan esta supuesta revolución, incluso a pesar de que Lula la ha definido como una contrarrevolución. Ya Dilma optó por no reaccionar al golpe, de modo bien diferente a Vargas. No convocó al pueblo, no usó los medios legítimos del Estado y tampoco reaccionó haciendo la discusión por la vía de los medios de comunicación para mantener la Legalidad, con lo cual se distanció todavía más de Brizola. En tanto Dilma optó por no resistir el fraude parlamentario que la derribó, Vargas en cambió sí, él resistió al fraude de 1930, aprovechó las condiciones históricas para derrotar políticamente al fraude y a los que lo perpetraban. Vargas abrió así un era de transformación de Brasil.

Victoria en la derrota.

En 1954, percibiendo la amenaza del golpe de Estado en desarrollo -aviones ya sobrevolaban el Palacio de Catete- Vargas entregó su vida para defender las conquistas del pueblo. Un tiro en el corazón mantuvo intactos los derechos laborales de la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT), lo alcanzado en el Valle de Río Doce, de BNDES, Petrobrás, y la propia Electrobrás, lanzada en aquel mismo año, momento en que Vargas confesó, con una sonrisa en los labios que sentía «haber firmado su decreto de muerte al crear la Electrobrás». Y con aquel tiro, cuyo eco llega hasta hoy en el corazón del pueblo brasileño, Vargas todavía consiguió elegir a su heredero: Juscelino Kubistchek, JK, retrasando el golpe por diez años.

En 1961, cuando se tramaba de nuevo otro golpe, Brizola, siguiendo la línea imperativa y de la resistencia, con el coraje que le marcó o definió su vida entera, puso todo su espíritu en la Red de la Legalidad; distribuyó armas al pueblo y convocó, como en 1930, a la unidad cívico-militar en defensa de la Constitución; así, haciendo un uso adecuado e inteligente de la radio -algo que nunca fue seriamente considerado por los gobiernos petistas- movilizó consciencias en el país entero. El golpe fue nuevamente derrotado.

Lo que los gobiernos de Vargas, Jango, Lula y Dilma revelan es que toda o cualquier transformación social evolutiva y gradual, en favor del pueblo trabajador, encuentra barreras impuestas por el imperialismo y la oligarquía, obstáculos que hasta pueden ser previstos, enfrentados, vencidos; y entonces, peligrosamente, no siendo considerados, sin preparar al pueblo para la defensa del curso democrático de los acontecimientos, sin la utilización indispensable de una comunicación popular, sin resistencia organizada, tienen lugar un conjunto de actitudes que conducen generalmente, como ocurrió en 1964 y 2016, a la derrota.

Irán, con sus 39 años de Revolución, con una sistemática convocatoria al pueblo, con medios de difusión revolucionarios y eficaces y con una defensa de altura ante dos ataques imperiales, consigue hoy avanzar y vence. La nación persa continúa siendo fuente de lecciones, no siempre tenidas en cuenta por buena parte de la izquierda brasileña. Tal como una reflexión más objetiva sobre la Era Vargas, libre de preconceptos diseminados por la narrativa udenista [se refiere al partido UDN, partido oposicionista a Vargas, oligarca y proimperialista], la Revolución Iraní también merece un aproximación o discusión sistemática de la izquierda brasileña. Hay que decir que incluso conceptos como La Teología de la Liberación, fueron aplicados allá, a partir de las Mezquitas, con originalidad acorde o sintonizada con la cultura local. Allí, ciertamente, hay muchas lecciones para las fuerzas progresistas del Brasil. Hace ya 39 años que el pueblo de Irán viene derrotando los golpes imperiales.

No entanto, salvo algumas declarações arrojadas de Lula, revisando suas críticas e reconhecendo o valor de Getúlio Vargas, e, também, reflexões feitas por Samuel Pinheiro Guimarães, Emir Sader e pelo saudoso Marco Aurélio Garcia, sobre a linha histórica que une o petismo ao nacional desenvolvimentismo e ao trabalhismo, este é um  debate praticamente interditado no interior do PT. Mas, eis que a história, uma vez mais, posiciona Lula nas mesmas circunstâncias de Vargas. E Lula inclui, corretamente, o túmulo de Vargas na rota da Caravana Sul, e faz com que este debate nunca organizado, de alguma forma ocorra.

No obstante, salvo algunas declaraciones de Lula al rectificar sus críticas y reconocer el valor de Getulio Vargas, y también, reflexiones de Samuel Pinheiro Guimaraes, Emir Sader y el inolvidable Marco Aurelio García, sobre la línea histórica que une al petismo al nacional- desarrollismo y al laborismo, este es un debate prácticamente confinado al interior del PT. Mas, he aquí que la historia, una vez más, acontece y posiciona a Lula en las mismas circunstancias de Vargas. Y Lula, incluye correctamente, la tumba de Vargas en la ruta de la Caravana por el Sur del Brasil, y hace que este debate, nunca organizado, de alguna forma, ocurra al fin.

Bravura de Minas

Considero que vale la pena citar ejemplos que vienen de Minas: JK, entonces gobernador minero, el 3 de agosto de 1954, propuso que Vargas transfiriese la capital de Río para Belo Horizonte y que, a partir de las alterosas [se refiere a las montañas de Minas Gerais] resistiese al golpe ya visible. Vargas recusó, conociendo el riesgo que corría. Minas es tierra de bravos. Ya nos dio a Tiradentes, cada vez más citado por Lula. En 1932, en la guerra civil, Minas se levantó en armas contra el golpe de la oligarquía paulista. Son ejemplos JK, Tancredo y Gonzagao, o Lua, que era cornetista del 12 Regimiento de Infantería de Belo Horizonte. Después, el gobernador Itamar Franco movilizó las tropas de la Policía Militar Minera contra la pretendida privatización de la Hidroeléctrica de Furnas por Fernando Henrique Cardoso, que se atemorizó y retrocedió.

Ya el actual gobernador mineiro y petista, al contrario de la bravura de JK e Itamar, no esbozó un gesto siquiera de resistencia a la privatización de la estatal Central Eléctrica de Minas Gerais, y se sometió, callado y avergonzado, al mercado. Y más todavía, está proponiendo la privatización, por iniciativa propia, por medio de Medida Provisoria, de otras estatales mineiras. No por casualidad, el golpismo jamás perdonó a JK y, como consta en el libro «El asesinato de JK por la dictadura», preparó  el siniestro en Vía Dutra [se refiere al accidente automovilístico acerca del cual existen severas sospechas de que se trató realmente de un asesinato premeditado], con lo que impidió que el expresidente tuviese un emblemático encuentro, ya marcado, con el presidente Geisel, cuyos efectos habrían podido transformar el rumbo de la política del país; aquel general, aplicó, incluso bajo las mismas condiciones de arbitrio, medidas que prolongaron la Era Vargas. Y, con la estupenda popularidad que JK tenía entonces, su retorno a la Presidencia era una posibilidad. Lula tenía en sus manos una posibilidad muy real y concreta de volver a la Presidencia en 2014, era el preferido del pueblo y unánimemente en el Partido.

Pocos meses después, era Jango quien volvía del exilio, mas dentro de un ataúd. A Tancredo, que el 24 de agosto de 1954, propusiera a Vargas resistir con las armas en las manos y una convocatoria al pueblo a Villa Militar, también no se le perdonó el gesto de bravura; al ser impedido de asumir la presidencia en 1985, en circunstancias nunca esclarecidas. El golpismo que actuó contra Vargas, JK, Jango y Brizola, ahora vuelve contra Lula.

La alerta de 2013 no fue tomada en serio por el gobierno brasileño

En 2013, después de los llamados a jornadas de lucha, declaradamente financiados desde el exterior e instrumentalizados por los medios de difusión golpistas, las señales de un golpe de Estado eran evidentes. Un trágico desentendimiento entre Lula y Dilma impidió que el ex obrero metalúrgico volviera a la presidencia en 2014, con una probable elección fundamentada en una sólida popularidad. Fuera de la presidencia fue más fácil transformarlo en víctima de una sistemática operación de demolición de su imagen, combinada con un proceso judicial precondenatorio, conducido por un juez con robustos vínculos con poderes externos. Tener a Lula fuera de la Presidencia fue una tremenda ventaja ofrecida al golpismo, y no existía ninguna justificación relevante para que Lula no volviese al máximo cargo del país. Rafael Correa también está enfrentando esa misma odisea, está pagando un alto precio por el descuido de no permanecer al frente del proceso transformador, para lo cual disponía de una mayoría de casi 70 por ciento en la Asamblea Nacional. En línea opuesta, Evo Morales no se deja influir por el concepto tramposo de la alternancia en el poder; bien como Putin, que tiene consciencia de su papel en el ajedrez mundial; ya se preparan ambos para su cuarta elección por el voto directo.

No se sabe cuál será el derrotero de la crisis actual, incluso a pesar de que Lula ya había declarado, durante la crisis del llamado Mensalao, que no se suicidaría como Vargas, que no iría a renunciar como Janio y que no iba huir del país como Jango. Dijo en esa época, que iría a convocar al pueblo para, en las calles, defender el mandato que recibiera del voto popular.

Las circunstancias cambiaron. Ciertas condiciones favorables a una solución democrática y popular no fueron debidamente aprovechadas, desgraciadamente. El golpe se hizo efectivo, la CLT fue violentada, la Petrobrás y la Ley de Partilha también [se refiere a la Ley que establece la redistribución de la renta petrolera en salud, educación y para asignaciones a las provincias y municipios, algo que el golpe eliminó]. La Electrobrás está en la mira, y las balanzas del Estado están en las manos del poder externo, no más en las manos de Lula, que, además, ya está condenado en uno de dos procesos. Nadie sabe con certeza cuál será el desenlace de la crisis, hay muchas posibilidades y muchas incógnitas. Mas nuestra única salida, como en otros momentos de crisis, está en la unidad popular, a pesar de lo que cueste ser constituida o articulada. La misma unidad popular de 1930, la misma unidad cívico-militar que construyó la Petrobrás y que, más tarde, formó el Movimiento Directas Ya. Si no llega a tiempo, el país y su pueblo podrán sufrir. Mas, venciendo los preconceptos del pasado, la esperanza democrática está siempre asequible en el pecho de nuestro pueblo, que se inflama y une en defensa de Brasil, hoy amenazada como nación.

Beto Almeida

*Beto Almeida es un prominente analista político, Presidente de TV-Ciudad Libre de Brasilia y Miembro del Directorio de Telesur.

Traducción: Katiuska Blanco

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