Ya era hora, el derechista y corrupto presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, fue destronado del poder, un duro golpe sin duda para el conservadurismo y el neoliberalismo en Iberoamérica y en el mundo.

Rajoy, aferrado al poder desde 2011, estalló este viernes de su silla ejecutiva, pese a insistir en no dimitir,  luego que en el Congreso de los Diputados de esa nación ibérica se adoptó por mayoría una moción de censura en su contra,  por su implicación y la del hasta hace pocas horas oficialista Partido Popular (PP) en numerosos escándalos de corrupción.

El más reciente y sonado “caso Gürtel”, por el cual fueron condenados  a cárcel 29, de 37 acusados involucrados en  hechos delictivos de “cuello blanco” vinculados al PP, fue el hecho que destapó definitivamente  la olla de pandora en la que esa organización política conservadora siempre cocinó todo su financiamiento ilícito que data desde tiempos del expresidente José María Aznar.

Pero, a juicio de analistas, no fueron solo los sucesivos escándalos de corrupción las causas que motivaron la expulsión del depuesto mandatario, sino además el neoliberalismo extremo que aplicó durante su permanencia en el poder y que ha sumido en la pobreza a millones de sus conciudadanos.

Al tiempo que el PP defalcaba las arcas de ese país europeo en beneficio de sus miembros y con fines politiqueros, Rajoy ordenó todos los recortes sociales que le vinieron en gana a favor de los más ricos y en detrimento de los sectores medios y bajos de la población.

Los españoles vieron afectados sus salarios, empleos, las pensiones, el acceso a la salud y la educación, al tiempo que cientos de miles fueron desalojados a la fuerza de sus casas, arrebatadas por los grandes bancos.

Mientras todo eso ha ocurrido en esa nación iberoamericana, a lo que se suma la compleja problemática de Cataluña,  y el desgobierno y la corrupción han ido de la mano, el líder del PP junto a sus más cercanos colaboradores se han jactado de “dar lecciones” de gobernabilidad, democracia y derechos humanos a naciones de América Latina y de otras partes del mundo.

La injerencia en los asuntos internos de países como Venezuela, y otros progresistas de la Patria Grande, incluso alentando y financiando a opositores violentos de derecha, fue una práctica de Rajoy para intentar desviar la atención de los graves problemas en España.

Pero como reza el refrán popular “quien siembra vientos recoge tempestades”, el expremier de ese Estado europeo terminó azotado por el mismísimo huracán conservador que la oligarquía internacional articula en estos tiempos.

Dice también otro proverbio que “después de la tempestad, viene la calma”, y eso parece vislumbrarse tras la caída de uno de los regímenes más neoliberales de Iberoamérica, lo que puede generar brisas contrarias a las tormentas generadas por la oligarquía en Nuestra América.

El nuevo presidente del ejecutivo español, el secretario general del Partido Socialista (PSOE), Pedro Sánchez, debe sacar experiencias de lo sucedido a su predecesor. Igual es recomendable que hagan dignatarios de turno latinoamericanos de la misma calaña de Rajoy.