Opinión

Puerto Rico se ha ganado el derecho a la esperanza. Por Jesús Dávila

A la cabeza del apoyo diplomático a la independencia de Puerto Rico -que incluyó toda América Latina, Países No Alineados, Siria, China y la Federación Rusa- la embajadora de Cuba ante las Naciones Unidas, Anayansi Rodríguez Camejo, dijo que, a los puertorriqueños, sus largas luchas “le dan derecho a la esperanza”.

El muy aplaudido discurso de la embajadora cubana se produjo poco antes de que el Comité de Descolonización de la ONU aprobara por consenso una resolución en reclamo de la libre determinación e independencia para Puerto Rico, en la que se consignó con bastante detalle el colapso del sistema colonial que domina esa pequeña “nación latinoamericana y caribeña”.

Junto con Cuba, intervinieron en el debate Venezuela, El Salvador, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Siria y China. Además, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) apoyó el documento y Rusia fue coautora y usó también su fuerza diplomática para impulsar la resolución.

Hasta ahora, EEUU se mantiene sin acceder a los reclamos del Comité de Descolonización, que no ha logrado que el tema se discuta como asunto específico en la Asamblea General de la ONU. Sin embargo, las condiciones materiales de descalabro económico y de crisis de gobernabilidad, se están agravando rápidamente en Puerto Rico. La situación hace cada vez más incómoda la posición estadounidense, que insiste en medidas para acelerar el empobrecimiento sistemático de Puerto Rico, sin siquiera reparar en la devastación y los miles de muertos tras el paso del huracán María el año pasado.

De hecho, el comité de la ONU tomó nota sobre el incumplimiento de EEUU ante la crisis humanitaria que sacude Puerto Rico.

La sesión sobre Puerto Rico de este año se produce en el contexto de un incremento en las gestiones de los independentistas puertorriqueños en diversos foros internacionales y de Estados Unidos para impulsar su causa. Poco antes, la presidenta del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano, Wilma Reverón, participó en la reunión de cancilleres del Movimiento de Países No Alineados, efectuada en Azerbaiyán, en la que se reafirmó el compromiso de la organización con esa causa.

En Nueva York, la sección del Partido Independentista Puertorriqueño convocó con éxito la formación de un frente de grupos rebeldes y militantes de la diáspora por la independencia. Además, la vicepresidenta del PIP, María de Lourdes Santiago, partiría de Nueva York hacia Washington, donde un grupo de mujeres que ocupan cargos de dirección política -del PIP, el MINH, el Partido del Pueblo Trabajador, el Movimiento Unión Soberanista, la no afiliada Alexandra Lúgaro, y la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, líder soberanista del Partido Popular Democrático- se proponen cabildear en el Congreso.

Otra gestión pendiente es la iniciada por el presidente del PIP y su vicepresidente ejecutivo, Rubén Berríos y Fernando Martín, quienes gestionan un frente unido con el anexionista Partido Nuevo Progresista y el autonomista PPD, para lograr ir con un reclamo unido a la Casa Blanca para reclamar que EEUU retire de Puerto Rico la junta de control impuesta desde 2016 e inicie un proceso de descolonización.

Los intentos independentistas para aumentar la presión diplomática y el cabildeo se dan, a su vez, en una circunstancia interna que a veces ronda con la rebeldía. Ya en 2017, se produjo un paro general que tuvo el corolario de cristales rotos y otros daños en el distrito financiero conocido como “la Milla de Oro”, cosa que volvió a ocurrir este año, esta vez con una embestida de destacamentos anti motines de la Policía nacional contra una muchedumbre de manifestantes.

Un intento del gobierno anexionista de inclinar la balanza en favor de su causa se produjo también en 2017 con una convocatoria a referéndum para lograr un respaldo claro del pueblo por la anexión, pero lo que ocurrió fue lo contrario y la coalición que llamó al boicot logró que apenas 23 por ciento de los electores participase.

De hecho, el comité también escuchó ponencias de algún que otro defensor de la anexión de Puerto Rico para que forme parte de la Unión, así como de parte del sector autonomista, que pidió que se aclare que la “libre asociación” es una alternativa distinta a la independencia para resolver el problema colonial de Puerto Rico.

Pero, uno tras otro, los embajadores que hicieron uso de la palabra se reiteraron en que el caso de Puerto Rico debe ser atendido a base de los mandatos de la Resolución 1514 (XV), que establece el “derecho inalienable a la libre determinación e independencia”. Hace algunos años, cuando el tema fue discutido en la Cuarta Comisión de la ONU, la embajada estadounidense trató de que al menos se aceptara alguna forma de autonomía, pero sufrió una derrota diplomática aplastante.

En la medida en que los movimientos diplomáticos sirven para calibrar el estado de las relaciones internacionales, el caso de Puerto Rico entra en la agenda de este año en momentos en que EEUU tiene dificultades para imponer su punto de vista en la región latinoamericana.

Entre las señales de eso están el avance de la izquierda que se espera para las próximas elecciones en México, el repunte de la izquierda ahora convertida en la oposición principal en Colombia -con más del 40 por ciento de los sufragios- y la resistencia del gobierno sandinista en Nicaragua a pesar de los sangrientos disturbios. Mientras tanto, la consolidación electoral y política de la Revolución Bolivariana en Venezuela, la creciente popularidad del encarcelado ex presidente Lula da Silva en Brasil y, por supuesto, la forma en que Miguel Díaz Canel se convirtió en presidente de Cuba, son dolores de cabeza para los promotores de la postura hegemonista en Washington.

No se trata, sin embargo, sólo de las situaciones volátiles en la región, sino que ese territorio -ubicado en el noreste del Caribe, equidistante de Guantánamo y Caracas- parece ir en camino de convertirse en un punto de ahogo para EEUU.

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