De visita nuevamente en Cuba acudí con un viejo colega amigo al Instituto Nacional de Oncología y Radiología  (INOR), un prestigioso centro hospitalario ubicado en La Habana, que en medio del bloqueo que aun le impone Estados Unidos a la mayor de las Antillas batalla sin cuartel contra el cáncer y por el derecho humano a la vida de los habitantes de la Isla.

Impresionante resulta la atención que reciben los pacientes adultos y de la llamada tercera edad en ese  Instituto, uno de los principales del país, y donde diariamente se les devuelve la esperanza de vivir a numerosos ciudadanos de la nación caribeña y también de otros países.

Acompañé al amigo con su padre, de 87 años, quien ha sido intervenido quirúrgicamente en 15 ocasiones en los últimos 10 años, y gracias a la afamada medicina cubana, y a los especialistas y todo el personal del INOR, su estado de salud mejora y su calidad de vida es sorprendente.

Me narró el abuelo que los doctores y los asistentes que le han atendido son todos grandes profesionales, con inmensos valores humanos, y a pesar del intenso trabajo que tienen resaltan por su amabilidad y cordialidad hacia los enfermos, como similar lo hace cotidianamente la primera persona que los recibe, la secretaria de la consulta Andrea Mesa Cuétano, quien labora en el INOR desde hace más de 20 años.

Y lo pude comprobar en la cita con el Doctor Erasmo Gómez Cabrera, especialista de segundo grado de Oncología y subdirector docente del referido centro hospitalario, quien atendió a su paciente como un familiar, y no faltaron en el dialogo entre ambos el humor y el cariño típicos de los cubanos.

El papá de mi colega me explicó minutos después que el Dr. Erasmo lo había operado varias veces, pero igual lo hicieron otros excelentes galenos, como los Oncólogos Edgar Tijerino González y Franklin Alain Abreu Perdomo, este ultimo también especialista en Oftalmología.

Comentó seguidamente que el Dr. Edgar  nació en Costa Rica y vino a estudiar a la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), donde obtuvo Diploma de Oro, y tuvo el honor  de recibirlo de manos del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro.

¡Que orgullo para ese médico!, manifestó el padre de mi amigo al referirse a Fidel, creador de la ELAM y quien convirtió a la mayor de las Antillas en una potencia médica internacional, hecho que es reconocido en todos los rincones de este mundo.

Otra abuelita, paciente de 93 años, escuchaba con atención el relato de mi interlocutor, y nos interrumpió para entre sollozos expresar que “Fidel se nos fue físicamente, pero gracias a él y nuestros médicos hoy muchos vivimos, y mira cuántos años, como yo”, afirmó.

Mi estancia en el INOR terminó en la farmacia, donde  los costosísimos medicamentos para aliviar o curar el cáncer se entregan gratuitamente a las personas aquejadas de ese padecimiento.

Los precios de esos fármacos  se encarecen mucho más para Cuba como consecuencia del feroz bloqueo que durante casi seis décadas le impone Estados Unidos al pueblo del decano archipiélago caribeño.

A pesar de ese cruel cerco económico, financiero y comercial de  Washington, todos los cubanos, niños, jóvenes, adultos y los de la tercera edad, continúan teniendo garantizado el más fundamental de los derechos humanos: el derecho a vivir.