Historia

Juan Pablo y el Che: un ejemplo que interpela. Por Julio Dagnino

Octubre en el Perú es un mes que traspasa coyunturas y queda en la historia. Es un mes de héroes y revolucionarios. En ese sentido se recuerda a uno de los más limpios hombres de la década del 60: Juan Pablo Chang Navarro, quien  desde muy joven dedicó su vida a la causa de los oprimidos hasta ofrendarla junto al Che Guevara y a Simón Cuba un 9 de octubre de 1967, cuando fueron ejecutados clandestinamente por el ejército de Bolivia con la colaboración de la CIA. Así, pues, octubre resulta un mes de homenaje, en estos 52 años, por las sentidas muertes de los tres combatientes internacionalistas. Esas ejecuciones en ese mismo día: de un argentino-cubano, un boliviano y un peruano quedan como un símbolo de la estrategia continental para la liberación latinoamericana.

En busca de la sociedad futura

Los jóvenes de hoy y de mañana se preguntarán como era Juan Pablo. Se le recuerda con su cara de luna llena y contagiosa y amplia sonrisa oriental. (Por algo lo llamaban Chino). Era también de complexión fuerte, pero con una débil visión. Por eso obligadamente usaba lentes gruesos.

La vida de Juan Pablo está llena de acción para construir una sociedad futura, como diría Gramsci. Por esa utopía de joven había sufrido prisión en la Isla del Frontón, frente al puerto del Callao. Luego  padeció destierro en patrias lejanas: Argentina, Bolivia y México desde donde lo expulsaron a  Francia hasta que, ingresó clandestinamente a suelo peruano. Y así en el país militó y formó grupos de izquierda marxista, entre estos -como sanmarquino del Parque Universitario- fundó el Frente Estudiantil Revolucionario (FER), hasta que en 1959 triunfó la Revolución Cubana y empezó a admirarla y emularla..

En esa época en  el interior del Apra y el Partido Comunista Peruano empezaba  a generarse una actitud crítica en su miitancia frente al tránsito político de esas corrientes que ni los convencía ni entusiasmaba. En ese medio surgió la generación del 60 que empezó a construir  organizaciones que encaraban como finalidad  el verdadero cambio socioeconómico que, se da en una nueva sociedad, así como también el camino para llegar a ellas. Es así como Juan Pablo a fines del 61 formó la Asociación Para Unir la Izquierda Revolucionaria (APUIR) y por otra parte integró un grupo político militar conformado por Guillermo Lobatón, Alfredo Verástegui, Héctor Béjar y el autor que escribe este texto. De ese grupo tres integrantes viajaron a Cuba para entrenarse militarmente, mientras Juan Pablo y Verástegui se quedaron en el país para cumplir tareas que ese momento necesitaba de su compromiso político. Pasaron algunos años y en 1965, durante los preparativos del Ejército de Liberación Nacional (ELN) para instalar el foco guerrillero en Ayacucho,  es nombrado responsable de la red urbana. Cuando desempeñaba esas funciones es invitado a la Tricontinental en Cuba.

Efusivo: afable, apasionado, cordial

Un año después: un 2 de diciembre de 1966 Juan Pablo aparece en el campamento guerrillero de Ñancahuzu (Bolivia). Se encuentra con el Che quien en su Diario escribe: “Temprano llega el Chino, muy efusivo”. Ese día marcó el reencuentro de dos andaduras en busca del hecho revolucionario. La primera vez sucedió en México D.F durante 1956, cuando ambos coincidieron. Se dice que en el café Caballito donde se reunían los futuros guerrilleros cubanos. Mientras el Che se preparaba, bajo el mando de Fidel, Juan Pablo soportaba destierro, ya como miembro del Partido Comunista Peruano.

Después de once años este reencuentro del 2 de diciembre se daba activado como desde el mismo interior por el sueño de una utopía y ardiendo en ideales. En este nuevo escenario boliviano de Ñancahuzú.  Juan Pablo se quedó nueve días compartiendo con los compañeros alzados en armas la cotidianidad guerrillera y acordando con el Che los futuros pasos en el Perú. Fue invitado por el Che a viajar nuevamente a Cuba para compartir preparativos.

De visitante a combatiente como ejemplo

En La Paz lo recibí nuevamente de regreso a mediados de la tercera semana de marzo.  En La Habana había presentado un informe oral y escrito firmando Francisco: en el texto daba cuenta del ambiente de la guerrilla y de las necesidades. Igualmente de los preparativos para un foco en el Perú. Cuando partió a Ñancahuzú me dejó el encargo de cuidar celosamente su maleta hasta su retorno. Venía acompañado de Lucio Galván, Uvero –un antiguo compañero- y el médico Restituto Cabrera, Negro; ambose incorporarían a la guerrilla respectivamente como radiotelegrafista y, especialista en cirugía de guerra. (En el ínterin al regreso de Juan Pablo desde Cuba, Juan María Martínez, Papi me había conducido al campamento guerrillero para entrevistarme con el Che, quien me asignó tareas destinadas al trabajo urbano de apoyo a la guerrilla boliviana y también al ELN peruano.) Así quedé en La Paz  esperando el regreso de Juan Pablo hasta abril, cuando él ante algunas alternativas de salir de la guerrilla para viajar al Perú optó por dejar su calidad de visitante en la guerrilla. “El estatus del Chino ha cambiado -escribe el Che en el Resumen del mes de abril- y será combatiente hasta la formación de un segundo o tercer frente.”.

Desde abril hasta su muerte -en octubre- integró  como combatiente el histórico destacamento guerrillero  del Che. En ese trajín lo acompañaron también los peruanos que provenían del ELN peruano: Restituto Cabrera y Lucio Galván. Juan Pablo padeció dificultades por su deficiente visión pero su conciencia revolucionaria era más fuerte. Derramaba tanta entrega que inspiró al Che escribir en su Diario: “Cité ente los hombres ejemplos uno más, el Chino…”.

Un pasado que hoy interpela la conciencia

Hasta abril de 1967 en el Perú los militantes del ELN esperaban su reincorporación, pues después del apresamiento de Héctor Béjar en febrero de 1966 había empezado metódicamente a recomponer la organización. Entregado a esa labor buscó que cada combatiente fuera su mediador como hombre colectivo. Su concepción orgánica le venía de lejos: de su formación marxista. El hecho es que había que continuarse en el Perú lo iniciado por Juan Pablo, como la tercera etapa del ELN en relación con la guerrilla boliviana y se necesitaba una dirección. Así es como en el Perú resultó elegido como Responsable el c. Milciades Ruiz, Cápac.

Hoy en estos momentos como que el pasado viene hacia nosotros en  la actual coyuntura de nuestro país y América Latina. Nuestra memoria se refresca con los más limpios combatientes del ELN, con aquellos que ofrendaron sus vidas en las aguas del río Madre de Dios (Puerto Maldonado), las cordilleras de Tincoj (Ayacucho) y Ñancahuazú (Bolivia). La imagen de esos compañeros: la sonrisa oriental de Juan Pablo Chang, la pureza de Javier Heraud, la frente amplia y filosófica de Guillermo Mercado y el puño y voz vibrante de Luis Zapata Bodero, caídos en armas, interpela nuestra conciencia.

Lima, 28 de octubre de 2019

 

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