Opinión

Confrontando visiones del futuro de los Estados Unidos, en medio de la pandemia. Por José R. Oro

Joe Biden y Bernie Sanders, los aspirantes a ser el candidato del Partido Demócrata que retará a Trump en las elecciones del 3 de noviembre, comenzaron su largo debate sobre “Seguro de salud para todos” con la crisis del coronavirus como protagonista y Biden argumentando que no hay tiempo para esperar la prometida “revolución de la salud pública” de Sanders.

Hay mucho nerviosismo en los estadounidenses, ya que se les ha pedido quedarse en casa en un esfuerzo por frenar la propagación del nuevo coronavirus. Poco antes del debate, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) publicaron nuevas orientaciones instando a cancelar o posponer las reuniones que excedan las 50 personas durante las próximas ocho semanas.

Sanders argumentó que la pandemia ha subrayado la fragilidad de la economía estadounidense y evidenciado la enorme brecha de desigualdad en Estados Unidos. Ahora es el momento, argumentó, para abordar esas cuestiones.

Biden argumentó desde sus posiciones del establishment que la gente “busca resultados, no una revolución” y que no es el momento de un cambio estructural masivo en la economía estadounidense. El exvicepresidente reconoció que hay “preocupaciones legítimas reales” sobre la desigualdad de ingresos.

“Luego seguiremos adelante, cambiaremos la economía de manera más profunda pero hay que responder a las necesidades inmediatas de esta crisis. Lo primero es lo primero”, dijo.

El debate fue trasladado de Phoenix (Arizona) a Washington, y llegó en un punto crucial para el país, en medio de la tremenda crisis de salud por la expansión de la COVID-19.

Biden también afirmó que elegiría a una mujer como su compañera de fórmula: “Si soy elegido presidente, mi gabinete, mi Administración, se parecerán al país, y me comprometo a que, de hecho, nombraré a una mujer para que sea vicepresidenta”. Asimismo, se comprometió a elegir a una mujer negra como jueza de la Corte Suprema.

Por su parte, Sanders afirmó que probablemente tomaría la misma decisión. “Con toda probabilidad, lo hare”.

E introdujo un matiz: “Para mí, no es solo nominar a una mujer. Es asegurarnos de que tenemos una mujer progresista”. También dijo que la mitad de su gabinete serían mujeres y que lucharía por las mujeres, que están bajo un “increíble asalto político por Trump en todo este país”.

“Si tuviera el poder de actuar de inmediato”, Sanders aseguró que se movería agresivamente. “Quiero que todas las personas en este país entiendan que cuando te enfermas, vas al médico. Cuando te enfermes, si tienes el virus, eso será pagado”.

“Tenemos que asegurarnos de que nuestros hospitales tengan todo lo que necesitan, que tengan las unidades (de cuidados intensivos) que necesitan. Ahora mismo tenemos una falta de personal médico. Y me preocupa mucho que tengamos la capacidad real de tratar a cientos de miles de personas que requieran atención en los hospitales si hay una crisis”.

Sanders desafió agresivamente el largo historial reaccionario de Biden en el Senado, sugiriendo que el exvicepresidente había actuado por conveniencia política en lugar de hacer lo correcto al principio de su carrera. Presentó una lista de votos controversiales que ambos candidatos tomaron en el Senado, señalando que él y Biden votaron de manera diferente sobre la Ley de Defensa del Matrimonio y el proyecto de Ley de Bancarrota.

“Voté en contra de la guerra en Irak, pero Biden, usted votó por la guerra”, dijo Sanders. “He votado en contra de la Enmienda Hyde, que niega a las mujeres de bajos ingresos el derecho a abortar. Usted ha votado constantemente a favor. No sé cuál es su posición hoy”.

Biden, quien defendió su historial sobre los derechos LGBTQ al señalar que fue una de las primeras figuras políticas importantes en decir públicamente que apoyaba el matrimonio gay, también recordó que Sanders votó contra la legislación que permitía demandar judicialmente a los fabricantes de armas. “Votó por eso hace años. Ahora dice que fue un error. Me preparé para aceptar que dice que es un error. La pregunta es: ¿Qué hacemos a partir de este momento?”.

Sanders apuntó que, “durante 30 años, he estado con las familias trabajadoras de este país. He asumido todos los intereses especiales que hay ahí fuera. Y eso es lo que haría en la Casa Blanca”.

“La personalidad de la nación está en la boleta”, apuntó Biden. “Sanders y yo estamos de acuerdo en que necesitamos que la atención médica sea un derecho, no un privilegio. Ambos estamos de acuerdo en que tenemos que limitar las deudas estudiantiles. Ambos estamos de acuerdo en que tenemos que lidiar con la calidad de la educación y el acceso a la educación. Ambos estamos de acuerdo en que tenemos un Nuevo Acuerdo Verde para hacer frente a la amenaza existencial que enfrenta la humanidad. No estamos de acuerdo en el detalle de cómo lo hacemos. Pero no discrepamos sobre el principio. Estamos fundamentalmente en desacuerdo con este president, en todo”.

Sanders sostuvo que el plan de cambio climático de Biden es insuficiente para abordar la magnitud de la crisis climática, a lo que Biden contestó que “empezamos este debate hablando de una situación de crisis enorme en términos del coronavirus. Dijimos que tenemos que actuar en consecuencia. Usted lo ha dicho. Yo lo dije. Tenemos que actuar dramáticamente, con audacia, si vamos a salvar vidas en este país y en todo el mundo. Miro el cambio climático exactamente de la misma manera”.

Resultados del debate

Después de hacer una crónica sucinta de lo que ocurrió, llega el momento del análisis. ¿Quién fue el principal ganador? El papel de la ciencia predominando sobre la politiquería, ante más de cien millones de espectadores, contra las falsificaciones capitalistas que tratan de negar el cambio climático, contra el retiro del Acuerdo de Paris y por la necesidad de un Nuevo Acuerdo Verde.

Quedaron claramente demostrados los perjuicios que implica el fracking, la falta de preparación para el enfrentamiento a la “globalización” de las epidemias (o pandemias en su forma más extendida y letal) debido a la debilidad del sistema de la salud pública, y la avaricia extrema de las empresas de seguros médicos y de producción y venta de medicamentos. Lo mismo para los productores de combustibles fósiles. Sanders preguntó: “¿Creen que ExxonMobil no sabe el perjuicio que causa?”. Y continuó: “Pero le interesa más la ganancia que el país y que el pueblo”. Es algo que no se escucha comúnmente en la política estadounidense.

¿Otros ganadores?

Bernie Sanders expresó sus posiciones anticapitalistas y dejó claro que no se puede defender la igualdad de la mujer o de las minorías, reducir las desigualdades económicas que han alcanzado su nivel  máximo en un siglo, o tener una política exterior más justa, disminuir y ulteriormente terminar las ventas de armas de fuego de una forma desregulada, más un largo etcétera, sin cambiar el sistema actual.

A quienes lo escuchan les impacta su sinceridad, el no hacer concesiones, “no venderle el alma al diablo” a cambio de votos o de donaciones para la campaña, a pesar (o quizás a causa) de lo cual es quien más dinero ha recibido por sus seguidores.

Joe Biden fue también un ganador, menos que Sanders, pero le fue mejor que en los debates anteriores. Se expresó mucho mejor, ha adoptado algunas matices de lo expresado por Bernie Sanders y Elizabeth Warren (en menor medida).

Su tratamiento de la igualdad de la mujer fue efectivo. En comparación con Sanders, Biden carece de la sinceridad de su oponente, luce oportunista, como cuando mencionó a Cuba (y a otros países como “regímenes autoritarios a los que Sanders defiende”), acto de pueril oportunismo y barato guiño a la ultraderecha de Miami, cuando las primarias de Florida son el próximo martes 17. Sanders, por cierto, le respondió en forma contundente.

¿El principal perdedor?

Sin dudas, y por KO, Donald Trump. Ambos candidatos, en especial Sanders, mostraron estar a años luz de distancia en la capacidad como estadistas para dirigir la nación más poderosa (y con más problemas) del mundo.

Demostraron asimismo una actitud respetuosa, decencia y conocimientos, que los diferencian en gran medida del monstruo que habita hoy la Casa Blanca. Trump perdió asimismo en que no pudo escindir el frente opositor que deberá encarar en las próximas elecciones. Ambos, Biden y Sanders, evidenciaron su completo compromiso para enfrentar a Trump y el fascismo.

Este punto es particularmente importante cuando hablamos de dos candidatos demócratas que parten de visiones del mundo muy diferentes.

Sanders ha ganado la batalla ideológica, ha mantenido sus posiciones progresistas, mientras que Biden ha movido su programa y propuestas mucho más a la izquierda de sus posturas anteriores y que la plataforma de Hillary Clinton en 2016. Biden entendió que para vencer a Trump hay que alejarse significativamente de los preceptos fascistas de este. Mientras más lejos, mejor.

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