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Opinión

Barcos iraníes asisten al velorio de James Monroe. Por Raúl Antonio Capote

El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, advirtió el jueves, en su cuenta de Twitter, que «resultan peligrosas las recientes declaraciones del Jefe del Comando Sur de EE. UU. cargadas de mentiras y amenazas para la paz y seguridad de América Latina y el Caribe».

El almirante estadounidense Craig Faller acusó el lunes a China, Rusia e Irán de intentar «reescribir el orden mundial», y advirtió que naves de guerra de su país están activas y vigilantes en el Caribe, ante la próxima llegada a la región de buques petroleros de la nación persa.

La trama del valiente gesto solidario iraní con Venezuela se desenvuelve en un escenario cargado de tensiones y peligros.

Washington es retado en lo que han considerado siempre su «patio trasero».

El mundo sigue con atención el avance de los barcos de Irán, unos con esperanza y orgullo, y otros con temor.

Los cinco buques supertanqueros iraníes que están de camino a Venezuela tienen una capacidad aproximada de 800 000 barriles, lo que significa que cargan 127 millones de litros de gasolina.

Un buque carguero trae 800 000 litros de insumos químicos, catalizadores para destilar gasolina, lo que permitiría a las refinerías venezolanas producir dicho combustible para unos cuantos años.

La llegada de este carguero tiene un gran significado para la república venezolana, pues ayudaría a romper el bloqueo energético de Estados Unidos.

Irán advirtió al Gobierno del Norte que responderá con medidas muy fuertes a cualquier acción ilegal contra sus buques cisterna, y que se reserva el derecho a contrarrestar las amenazas de Washington.

En una misiva, publicada el pasado domingo, según Hispantv, el jefe de la Diplomacia iraní, Mohammad Javad Zarif, dejó claro que «las amenazas ilegales, peligrosas y provocativas de EE. UU. son un tipo de piratería que supone un gran riesgo para la paz y la seguridad internacionales».

Jugada Geopolítica

EE. UU. hace redoblar los tambores de la guerra, denosta a unos y a otros, acusa a China, Rusia, Cuba y Venezuela, mueve sus fichas, mientras los barcos avanzan inexorablemente rumbo a la tierra de Bolívar.

Venezuela ocupa un lugar muy importante en el tablero geopolítico mundial y una pregunta queda flotando, en el aire, sobre la cabeza calenturienta de los halcones yanquis: ¿y ahora qué?

El águila imperial frunce el ceño, y los huesos del señor Monroe y compañía se estremecen bajo tierra. ¿Qué sucederá en América Latina?

No les cabe duda a los señores de la Casa Blanca de que Irán está hablando en serio, pues cuenta con el apoyo de un pueblo celoso de su soberanía. No hace mucho, cuando les retuvieron un buque en Gibraltar, en respuesta retuvieron dos navíos británicos y no los liberaron hasta que su barco pudo llegar a su destino.

Como respuesta al asesinato del general Quasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds, Irán bombardeó dos bases militares estadounidenses en Iraq, poniendo en entredicho la capacidad de defensa antimisiles del ejército yanqui y causándoles un número indeterminado de bajas entre muertos y heridos.

Ante el ataque, que quedó sin respuesta, la Casa Blanca pudo apreciar el poder y alcance de la misilística persa, capaz de batir blancos con alta precisión, y lo más importante, la decisión de combate de ese pueblo de milenaria cultura e historia.

Por otra lado, Rusia y China han mostrado su apoyo a Venezuela y su rechazo a cualquier intento de intervención directa de EE. UU.

Pase lo que pase, ya nada será igual.

Fuente: Granma

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