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Opinión

Mi país y mañana. Por Omar Olazábal Rodríguez

Me acusan de chovinismo algunos con los que intercambio a menudo. No me preocupa. Baso lo que digo y escribo en hechos y argumentos. Conozco las carencias y las debilidades. Pero lo que no admito es que solo se vean las manchas. No tengo duda que las virtudes las eclipsan. Cuando se trata en blanco y negro la realidad cubana, cada cual lo ve a su manera. Es como la verdad, que no es absoluta para nadie. Pero en nuestro caso, tan golpeado y vilipendiado, sobre todo en los últimos tres años por la prensa y la fauna olfateadoras y  seguidoras de Washington, nuestra verdad, la que quieren ocultar a todo precio, es posible que se conozca mejor en los tiempos por venir.

Porque las cifras no mienten. Poco a poco, paso a paso, se va cubriendo a toda la Isla de un manto fuerte y protector, que ha hecho disminuir los efectos negativos de una pandemia, esa que día por día sigue arrancando vidas en todo el planeta. Ya los números van demostrando que la estrategia ha sido correcta. Lo que ha obstaculizado su implementación se va corrigiendo. Y las sonrisas van sustituyendo ese miedo inicial ante un fenómeno nuevo para las generaciones actuales. No obstante, las constantes llamadas a no confiarse, nuestra gente comienza a ver con esperanza que mañana será mejor y eso estimula.

Este duro período nos va dejando muchas lecciones. Y medidas que, sin dudas, se quedarán. Día por día vemos las acciones contra la corrupción y el acaparamiento salir a la luz pública. Es un indicador de que los iremos eliminando. No importa dónde se encuentre, ese germen de cáncer hay que arrancarlo de raíz. Ya comienzan a rascarse la cabeza e intentar hacer distrofias de lo que es común en muchos lugares, aquellos que no admiten cualquier paso en el camino del orden y la legalidad. No hagamos caso. Todos queremos un país puro y limpio. El que le dejaremos a nuestros hijos.

La economía se va ajustando a las nuevas realidades. A destrabar es el llamado de nuestro presidente. Cada paso aprobado debe implementarse y quedarse. Y la respuesta a eso debe ser la satisfacción de lograr más y más resultados en la producción de alimentos. Esa tarea pendiente, la de sustituir con nuestros frutos todo lo que tenemos que traer de otros mercados, se hace más imponderable en tiempos de crisis sanitaria mundial. Mañana se verá en más campos verdes, labrados y sembrados.

El uso de las nuevas tecnologías es un paso importante hacia el desarrollo. No por gusto se hace hincapié en ello cada día más. Las nuevas generaciones, a las que llamamos nativos digitales, nos lo exigen. Puede que el impulso inicial haya provocado errores e insatisfacciones, pero no hay marcha atrás. La digitalización e informatización de todos los procesos nos hará menos dependientes de otros y más transparentes. El ahorro de recursos y tiempo que resultará de ello es inestimable. Seremos más rentables en una sociedad que distribuye la riqueza entre todos.

El manejo de la lucha contra esta pandemia abrirá también otros horizontes. Nuestra Isla, bella en su naturaleza y su pueblo, tiene mucho que ofrecer al mundo. Quienes hasta ahora no se habían decidido querrán venir a este remanso de seguridad y salud. Ya se habla en muchos lugares de nuestra capacidad de protección al ser humano. Y de nuestro personal de salud, que va repartiendo vida por el mismo mundo donde otros solo siembran muerte y desesperanza. No importa cuántas medidas contra nosotros sigan imponiéndose. La gente perderá el miedo y deseará conocernos. Estaremos preparados para esa nueva ola. Como siempre.

Nuestra ciencia, la que no se detuvo ni en los momentos más duros de los 90, seguirá abriéndose paso en el planeta con sus aportes. Medicamentos, vacunas y tratamientos con la marca Cuba, se harán comunes en el mundo. Los científicos cubanos serán llamados más que nunca a conferencias e intercambios en muchos países. No pueden ser obviados quienes luchan por una humanidad más sana e inmune. Los intentos de socavar su imagen y la de nuestros médicos, enfermeros y técnicos de la salud chocarán con la realidad y serán vencidos.

En fin, mi país y el mañana están seguros. Me convenzo cada día más de que somos una excepción en este mundo tan lleno de mentiras y sufrimiento. Porque tratamos de crear una sociedad que proteja y no destruya. Que mira de frente cuando dice sus verdades. Que rebate las mentiras con hechos y argumentos. Y que reparte alegría y salud.

Porque yo sigo aferrado a una frase que me enseñaron en mis años universitarios. Un gran poeta y novelista libanés, Khalil Gibran, escribió: “Ayer no es más que la memoria de hoy, y mañana es el sueño de hoy”. Nosotros soñamos y, mejor, lo hacemos.

Más claro, ni el agua.

 

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