Opinión

Cosas que no se pueden olvidar. Por Guille Vilar

Cuando revisamos los textos de las redes, hay quienes hablan de tiranías y del culto a la personalidad en nuestro país. En tal sentido, me gustaría precisarles algunas cuestiones para que sepan de que hablan exactamente. Lamentablemente los años pasan rápido y a veces tengo la impresión que se habla de la Revolución como si hubiera sido algo que apareció de repente en 1959 y no como el resultado de la lucha insurreccional del pueblo en contra de la tiranía de Fulgencio Batista bajo la dirección de Fidel Castro.

Recomiendo que se documenten como era la vida del cubano en la década del cincuenta del pasado siglo, de cuantos miles de cubanos perdieron la vida en esa lucha, de cuantos fueron asesinados brutalmente por los sicarios del tirano.

Averigüen como era la vida del campesino, en un nivel de vida marcado por tanta miseria que, si acaso quieren tener una referencia directa, observen las condiciones de pobreza en que viven ahora mismo los campesinos y sus familias en la mayoría de los pueblos de América Latina. Sin escuelas, sin una atención médica respetable y despojados de sus derechos a tener una vida digna con el sudor de su trabajo. Y por supuesto, ni anhelar que sus hijos pudieran graduarse como valiosos profesionales en nuestras universidades.

En esta emotiva descarga, recuerdo que mientras me preparaba para ingresar en la Escuela de Letras en la Universidad de La Habana, eran los tiempos de la Operación Cóndor en el sur de nuestro continente. Auspiciado por el gobierno de los Estados Unidos, el déspota Augusto Pinochet será recordado no solo por haber asesinado a miles de chilenos sino por haber desaparecido a familias enteras como otro tanto ocurrió en la Argentina de la Junta Militar, la Argentina de las Madres de la Plaza de Mayo que todavía hoy en día, reclaman sus hijos y nietos desaparecidos desde hace décadas. Si no quieren ir tan atrás en el tiempo, busquen las noticias más recientes sobre el genocidio que tiene lugar en Colombia, donde cada día es asesinado un líder social o un antiguo miembro de la guerrilla que se desmovilizo por los postulados alcanzados en los Acuerdos de Paz mientras que el gobierno declara que esas muertes son las cifras habituales de los que fallecen diariamente por las causas más diversas.

Averigüen que les está pasando a los campesinos que viven en zonas de gran riqueza minera, averigüen como los obligan a dejar sus viviendas incluso hasta bajo amenaza de muerte. Averigüen que está haciendo el gobierno de Bolsonaro con la selva virgen del Amazonas, al prender fuego intencional para que esos terrenos pasen a formar parte de grandes latifundios, sin importar como se afecta la naturaleza en el llamado Pulmón de la Tierra y mucho menos interesarse por el destino de los indígenas que han vivido por milenios en este territorio.

Todo esto y más, nuestro pueblo lo sabe, pues está informado. Por lo tanto, en un día como hoy, no rendimos culto a la personalidad ni mucho menos. Es sencillamente, el momento preciso que tenemos los agradecidos para reconocer la obra de un líder que por la fe en sus principios, nos legó la sociedad en que nos empeñamos por convertirla en el lugar que todos nos merecemos.

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