Opinión

Disyuntiva entre un “Salvajismo Neoliberal” y “Ama a su prójimo”, modelo de vida solidario. Por Juan Verastegui Vásquez

Esta pandemia no ha hecho sino exteriorizar de manera descarnada y cruel las dimensiones de la solidaridad, hermandad y fraternidad, como en Cuba; pero, también, el voraz apetito de la usura, el lucro y del “Sálvense quien pueda”. Dos expresiones de la vida que marcan, indiscutiblemente, toda la existencia del ser humano. Dos modelos socio-económicos diametralmente opuestos y contradictorios expresados en ¡LA VIDA! o ¡LA MUERTE!.


No es vano, entonces, valorar esta disyuntiva entre un “Salvajismo Neoliberal”, que desprecia a la vida y mata y, por otro lado, un modelo de vida solidario, justo y que “Ama a su prójimo”.

Si quisiéramos sintetizar la esencia misma de estos dos modelos de la vida, en mención, no haríamos sino cotejar la cruda expresión del COVID-19.

En efecto, por una lado, la vida no vale nada, está determinada por un precio y sometida a las más exigentes distorsiones del mercadeo y el dominio del abuso del poder; traficando con los precios de medicamentos básicos con incrementos abusivamente perversos, así tenemos que, por ejemplo, el precio de un OMEPRAZOL en el sector público es de S/ 1.0 mientras que en una clínica privada se eleva a S/ 165.0, es decir, un incremento de 16,400%

El siguiente, también, es el precio para el tratamiento por COVID-19, en una clínica privada, inalcanzables para una familia que su salario es S/ 930.00 o, también, más mensualmente. Podrás pagar esta fenomenal liquidación, por CORONAVIRUS, estimado compatriota?

De manera que frente a estos astronómicos precios para curarse, la muerte se acerca irremediablemente y arrasa con los más pobres. Pero, también, campea la corrupción, en las mismas entrañas de un Estado que desde hace centurias se arrastra.

El sistema de salud pública, en el país, ha colapsado, no tan sólo para la defensa de la vida sino para no ser abandonados en las calles y en bolsas negras de basura, cuando ya muertos.

Pero, qué nos hace merecedores de este trato injusto y cruel, acá en el país; acaso no tenemos ingentes riquezas naturales; somos poseedores, en el mundo, de los primeros lugares en la producción de una serie de metales; ocupamos el primer lugar, a nivel global, en la producción de harina de pescado; nuestras chacras satisfacen los gustos más exigentes del mundo. Somos depositarios de una riquísima herencia incaica. Pero, dónde se encuentra tantísima riqueza.

Pecaríamos de mezquindad sino parangonamos estas miserias del país con otro que no es sino una isla representada por CUBA.

CUBA, tiene, en total, 85 fallecidos por CORONAVIRUS, desde el inicio hasta el 22 junio 2020, mientras Perú, lamentablemente, tenemos 10,952, a esa fecha, y seguimos muriendo. Si comparamos a ambos países en función a la totalidad de su población (Cuba tiene una población de 11.34 millones, Perú 32 millones), Perú debería tener 240 fallecidos, pero tiene 10,952; lo que significa, también, que Cuba debería tener (de acuerdo a fallecidos en Perú) 3,881 fallecidos, pero tiene tan sólo 85. De acuerdo, siempre, a esta proporcionalidad de su población, Perú tiene 4,463.3% (son más de cuatro mil cuatrocientos sesenta y tres) más fallecidos que Cuba. Lo que significa que por cada 10,000 habitantes cubanos no fallece ni uno (0.75) y por cada 10,000 habitantes peruanos fallecen 34.

Pero por qué esta abismal diferencia. Acaso Cuba tiene los primeros lugares, en el mundo, en la tenencia de recursos naturales, es potencia pesquera, etc, etc.? más aún, Cuba,  sufre crueles y despiadadas sanciones económicas desde hace más de 50 años; sin embargo, Cuba destina un cuantioso 10% de su PBI a SALUD, mientras que Chile tan sólo el 3% y Perú 3.3%, lo que significa que CUBA destina 203% más que Perú.

En Médicos por cada 1,000 habitantes, Cuba tiene 6.7 médicos por cada 1,000 habitantes, liderando en toda América Latina y el Caribe; México tiene 2.1; Chile 1.0; Perú tiene 1.1 médicos por cada 1,000 habitantes. Es decir, Cuba, tiene 219 por ciento más que México; 570 por ciento más que Chile y 509 por ciento más que Perú. Extraordinario desempaño de Cuba. (Anuario Estadístico 2015 – CEPAL)

En lo referido a “Camas de hospital por cada 10,000 habitantes”, Cuba tiene una disponibilidad de 59 camas por cada 10,000 habitantes, participando en un envidiable segundo lugar en toda América Latina y el Caribe; México tiene 16; Chile 21; Perú con 15 camas por cada 10,000 habitantes. Cuba, entonces, tiene disponibilidad de camas 269% más que México; 181% más que Chile y Cuba tiene cerca de 300% (293.3%) más de camas disponibles que Perú. Esto es lo que determina muchísimas muertes menos, en Cuba, referido a coronavirus.

El 11 de marzo de 2014 Cuba recibió, de parte de la “Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura” (FAO), un reconocimiento por haber erradicado el hambre en Cuba por medio de su representante Regional de la FAO, Raúl Benítez, señalando que esta experiencia y compromiso de Cuba nos da una hoja de ruta para seguir la meta regional y global de lograr hambre cero.

¿Y acaso, este resultado es casual y es consecuencia del neoliberalismo, en Cuba? ¡NO! estos servicios son “Obligaciones de Estado” ¡ES UN DERECHO! Ni la salud ni la educación están sumergidos en el lucro y en el mercadeo, no están determinados ni por la usura, tampoco por la oferta y la demanda.

Corresponde, en Cuba, a un gobierno con una gran sensibilidad social, con gran amor a su pueblo, que defiende la vida de sus compatriotas; la salud es totalmente gratuita, desde el internamiento, del paciente, hasta su recuperación final. De allí el resultado de esta pandemia.

Pero, también, la fortuna de los 73 milmillonarios de América Latina aumentó en 48,200 millones de dólares desde el comienzo de la pandemia, incluso hoy cuando la región es una de las más afectadas del mundo, de acuerdo a OXFAM. La región ha visto surgir, en promedio, un nuevo milmillonario cada dos semanas desde marzo, mientras que millones de personas siguen luchando contra la enfermedad con dificultades de hambre extremas, cuando no hay que poner algo en la mesa durante este confinamiento.

Econ. Juan Verástegui Vásquez

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