Opinión

Retorno al poder del MAS en Bolivia un año después del golpe de Estado apoyado por Estados Unidos. Por Arnold August

Pese a un año de represión estatal desenfrenada, que incluyó masacres perpetradas contra partidarios del expresidente boliviano Evo Morales, depuesto pocas semanas después de haber sido declarado vencedor en las elecciones de octubre de 2019, el movimiento de izquierda Movimiento Al Socialismo (MAS) logró una contundente victoria el 18 de octubre del corriente para el candidato Luis Arce, exministro de Finanzas de Evo Morales.

El MAS ganó por un margen tan amplio que incluso sorprendió a muchos de sus defensores en Bolivia y en todo el mundo. Según las encuestas oficiales a boca de urna, Arce y su candidato a la vicepresidencia, David Choquehuanca, obtuvieron el 52,4 por ciento de los votos en comparación con el candidato de centroderecha Carlos Mesa, que obtuvo solo el 31,5 por ciento.

Para ganar la elección en primera vuelta, un candidato debe asegurar más del 40 por ciento y un margen de al menos el 10 por ciento sobre el rival más cercano para evitar una segunda vuelta. Arce obtuvo un asombroso 20 por ciento.

Ganar las elecciones presidenciales bajo la sombra de un golpe de Estado de derecha respaldado por Estados Unidos (apoyado por Canadá) se hizo aún más notable cuando el MAS obtuvo la mayoría en ambas cámaras del Parlamento boliviano. Fue un verdadero y aplastante triunfo de la izquierda. La participación mayoritaria de la población indígena y de los pobres derrotó a los candidatos blancos de clase alta en toda la línea. Constituyó uno de los capítulos más temerarios de la historia reciente de América Latina.

Incluso la presidenta golpista de facto, Jeanine Añez, admitió su derrota a través de su cuenta de Twitter alrededor de la medianoche.

“Aún no tenemos cómputo oficial, pero por los datos con los que contamos, el Sr. Arce y el Sr. Choquehuanca ganaron las elecciones” —dijo. “Felicito a los ganadores y les pido gobernar pensando en Bolivia y en la democracia.”

Significativamente, fue Evo Morales quien transmitió el primer discurso oficial de victoria desde el exilio en Argentina.

“Hermanos de Bolivia en el mundo, Lucho [Arce] será nuestro presidente” —proclamó. “A nuestra patria, al camino del desarrollo económico, político y social y especialmente aportará al crecimiento económico. A la distancia quiero hacer llegar mis hermanos Lucho y David mis más sinceras felicitaciones”.

A esto siguió un discurso del presidente electo de Bolivia, Luis Arce. “Conocidos los resultados queremos agradecer al pueblo boliviano (…) agradecemos a toda nuestra militancia, hemos dado pasos importantes, hemos recuperado la democracia y la esperanza” —expresó Arce. Asimismo, ratificó su compromiso por cumplir las promesas de campaña, “Nuestro compromiso es trabajar y llevar adelante nuestro programa. Vamos a gobernar para todos los bolivianos. Vamos a construir la unidad de nuestro país” —agregó. “Vamos a recuperar la economía del país. Vamos a reconducir el proceso de cambio sin odio, aprendiendo y superando nuestros errores” —puntualizó.

Retos

Esta victoria ha sido una bofetada proverbial para Estados Unidos y sus aliados, incluido Canadá, que respaldaron el golpe de 2019.

La victoria electoral inicial de Evo Morales en 2005 constituyó un gran cambio de situación de proporciones históricas para América Latina. Por vez primera en su historia, la población indígena mayoritaria tuvo como presidente a uno de los suyos. Más aún, era un socialista determinado a favorecer la redistribución de la riqueza, a ayudar a la vasta mayoría de pobres del país y a nacionalizar industrias clave para recuperar la riqueza de la nación de manos de las corporaciones multinacionales irresponsables.

Este triunfo del 18 de octubre ha reafirmado la fuerza, la conciencia política y el coraje de las poblaciones indígenas y pobres mayoritarias de Bolivia, incluso más que el ascenso inicial al poder de Evo Morales hace más de 15 años. La elección de diciembre de 2005 se libró en un ambiente relativamente tranquilo, mientras que la votación de octubre de 2020 tuvo lugar en un contexto de disturbios continuos después del caos desatado por el gobierno interino de un año.

El objetivo del golpe de Estado era reprimir a la mayoría y arrasar con sus valores y orgullo indígenas, arremetiendo con violencia cuando fuera necesario. Sin embargo, los bolivianos resistieron durante todo un año, fortaleciendo su determinación, así como sus organizaciones sociales y políticas. Las elecciones del 18 de octubre demostraron ser una campaña electoral de facto de un año para el partido MAS.

No obstante, el tono conciliador expresado por Arce y Morales fue estratégico. MAS ganó las elecciones, pero le esperan grandes desafíos. Es probable que uno provenga del estado racista y militarizado que organizó el golpe de Estado tratando de intimidar a los votantes durante el último trayecto a las urnas. Este aparato militar sigue muy anclado.

Además del reto de mantener el poder político, vinculado a este último, subyace la cuestión del control sobre los recursos de litio de Bolivia. Sobre este particular, muchos observadores dicen que el golpe de Estado estuvo inicialmente vinculado. ¿Quién puede olvidar el infame tuit del multimillonario Elon Musk, cuya firma Tesla depende del litio: “¡Daremos un golpe de Estado a quien nos de la gana!”

El proceso de privatización de las sustanciales reservas bolivianas de litio, que fueron nacionalizadas por Morales, ya está en marcha. ¿Cómo reaccionarán las multinacionales ante el triunfo socialista en Bolivia? ¿Qué hará el nuevo gobierno del MAS para revertir las medidas promulgadas por el régimen interino de Áñez?

Consideraciones geopolíticas

Las consideraciones geopolíticas postelectorales para todo el hemisferio son inmensas. El retorno de Bolivia al campo socialista puede inspirar a los venezolanos en las próximas elecciones a la Asamblea Nacional del 6 de diciembre. No muy lejos, en Ecuador los ciudadanos irán a las urnas el 7 de febrero de 2021, país donde el gobierno cada vez más impopular de Lenín Moreno ha impedido que se postule el expresidente Rafael Correa.

Lo que es más, el autoproclamado presidente interino de Venezuela y líder opositor Juan Guaidó está viendo cómo su apoyo internacional se deteriora. En mi reportaje de agosto mencioné que en un comunicado de prensa reciente emitido por el Departamento de Estado de EE. UU. y por Asuntos Globales de Canadá se presenta un número decreciente de países aliados que siguen “determinados a restaurar la democracia en Venezuela”. Esto dista muchísimo de la extensa coalición inicial de docenas de Estados que hasta la fecha han reconocido y apoyado inequívocamente a Guaidó. El Departamento de Estado de EE. UU. ni siquiera pudo obtener la firma de todos los miembros del Grupo de Lima —el organismo multilateral formado por 14 países, incluido Canadá— que se dedica a facilitar una “salida pacífica de la crisis actual en Venezuela”.

Y aquí no acaba la historia. Bolivia se hizo miembro del Grupo de Lima tras el golpe de Estado del año pasado. Ahora las tornas han cambiado y parece razonable afirmar que Bolivia se retirará del organismo multilateral tan pronto como el nuevo presidente sea juramentado. Argentina también se encuentra ahogada en una polémica respecto de su papel en el apoyo del derrocamiento del régimen en Venezuela. A principios de este mes, su gobierno de centroizquierda ordenó a su representante en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas que votara en contra de Venezuela. En un acto de protesta, dimitió el embajador argentino en Rusia. ¿El resultado de las elecciones bolivianas moverá a Argentina a retirarse del Grupo de Lima?

Al momento de redactar estas líneas, el gobierno de Trudeau no ha emitido una declaración sobre los resultados de las elecciones bolivianas. La administración de Trump tampoco. Independientemente de cuándo se emita una declaración oficial, la respuesta ya es mucho más lenta que la del reconocimiento inmediato de los perpetradores del golpe de Estado el otoño pasado, cuando Trudeau actuó en perfecta complicidad con Trump. Esta será la segunda gran derrota humillante que asume el gobierno de Trudeau en política internacional este año. El 17 de junio, el activismo de miles de ciudadanos canadienses y cientos de intelectuales del mundo contribuyó al fallido intento de Canadá para obtener un escaño en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Esto fue motivado en parte por la lamentable postura del gobierno de Trudeau respecto de América Latina.

Con la remodelación parcial del panorama geopolítico en la región, ¿no sería esta una oportunidad para que Trudeau se retire del Grupo de Lima y reconozca a los líderes legítimos tanto de Venezuela como de Bolivia?

La necesidad de una reevaluación de la política exterior de Canadá —ilustrada por la votación de Naciones Unidas y ahora por el triunfo del MAS— podría obtener cierto apoyo en el Parlamento. Por ejemplo, en cuanto se hicieron públicos los resultados de las elecciones en Bolivia, la diputada del NPD Niki Ashton tuiteó:

¡Felicidades@LuchoXBolivia! ¡Conmueve ver que el Movimiento Al Socialismo ganó la presidencia en Bolivia! El pueblo de Bolivia resistió a los fascistas en su propio país y a los imperialistas, incluido Canadá, y votó por un movimiento que han construido. ¡El pueblo unido jamás será vencido!

Los miembros del Parlamento canadiense bien harían en seguir este ejemplo.

También puede gustarte...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *