Opinión

Los espejismos de James Jesus Angleton. Por Jorge Wejebe Cobo

James Jesus Angleton (1917- 1987) fue el cazador de espías más famoso de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) durante la Guerra Fría pero paradójicamente su actuación estuvo sesgada por su principal adversario la KGB y hasta el día de hoy, su recuerdo no escapa de las más variadas  interpretaciones y teorías de la conspiración.

Fue fundador de la CIA en 1947 y jefe del contraespionaje interno de la organización  responsabilidad que ejerció con una paranoia  que casi paralizo a la agencia. Aunque sus excesos no se debieron a falta de talento. Se formó en  la Universidad de Yale  donde ejerció el periodismo, escribió poesía, ensayos literarios, ficción y se relacionó con intelectuales de la época como William Carlos Williams, Ezra Pound .y sus biógrafos aseguran se hubiera labrado una carrera literaria de no haber encauzado su vida en el espionaje.

La madre, Carmen Mercedes Moreno mejicana y muy devota, le escogió como segundo nombre Jesús, mientras el padre James Hugh Angleton le enseñó a cabalgar por las planicies y montañas del oeste, estadounidense  cazar, pescar. Así creció y tomó el aspecto de rudo cowboy, pero la familia  que prosperó gracias a los negocios del padre de venta de cajas registradoras comerciales le deparó mejor destino

Estudio en  Italia, donde los Angleton vivieron un tiempo.. De entonces sus condiscípulos lo recuerdan por su personalidad  aventurera y compromiso con  la política exterior de su  país.

Según sus referencias más conocidas sus cualidades no pasaron  inadvertidas para Norman Holmes Pearson un académico estadounidense en la Universidad de Yale y oficial de  la contrainteligencia de su pais  quien lo introdujo en Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), antecesora de la CIA, poco antes del ataque de Japón a la Base estadounidense  de Pearl Harbor, y la entrada a la guerra del país.

En Inglaterra con el OSS y el amigo británico

Angleton tuvo como primer destino del OSS Inglaterra  y participó en el envió de agentes a los países ocupados por los nazis en Europa Occidental y la ayuda a la resistencia con armas y medios y en esos episodios, conoció a quien más influenciaría en su personalidad y formación de entonces, el inglés Kim Pillby, oficial de MI 6 servicio de inteligencia de su Majestad británica.

Su amigo, cinco años mayor que él, resumía el intelecto, la sangre fría, los aires mundanos y el empaque de un lord que inspiró al joven estadounidense no solo en el trabajo de inteligencia, también como prototipo de actuación que su preceptor supo pulir en el difícil arte de la contención, al enseñarle a consumir botellas de champan y ginebra , sin perder la compostura, en los más altos contexto de la estirada nobleza o en sórdidas tabernas londinense entre prostitutas y marineros borrachos.

Las confesiones de Philby sobre sus misiones periodísticas durante la guerra civil española hechizaban al joven estadounidense quien seguía al detalle las narraciones de cómo  su amigo salvo la vida de él y sus compañeros cuando gracias a su fino oído acostumbrado al silbido de los aviones, hizo abandonar el vehículo en el que viajaba junto a sus colegas, antes que saltara por los aires bajo el impacto de una bomba soviética de las enviadas por miles por Stalin a los republicanos.

Por supuesto el británico no contó toda la verdad, sobre esa hazaña de la que salió levemente herido y le hizo ganar la consideración y ser condecorado por el General Franco, oportunidad que le pareció propicia para liquidarlo lo que le propuso a su contacto de la inteligencia soviética de la que era un oficial encubierto desde su época de estudiante universitario en la prestigiosa universidad de Cambridge.

Esa admiración por su primer profesor duró hasta que Philby, en 1963, desapareció de Beirut donde se encontraba como periodista y apareció tranquilamente en Moscú  después de desbancar de secretos a la inteligencia norteamericana y al  servicio secreto inglés, por más de veinte años,.

Atrás quedó un Angleton embaucado y sumido en una transformación que lo llevó de sofisticado oficial de contrainteligencia  al duro y amargado sabueso consumidor de whisky por litros  y ante quien todos podían ser traidores al margen de su cargo en la CIA.

Aunque para 1948 estaba muy lejos ese desenlace y Angleton de 31 años, se anotó su primer triunfo en  Italia donde se desempeñó exitosamente en una gran operación mediática, de acciones terroristas y compra de votos y de políticos que impidió que el Partido Comunista ganara las elecciones de ese año y llegara al poder

En 1954, el entonces  jefe de la CIA, Allen Dolles, lo nombro jefe de  contraespionaje de la  agencia cargo que desarrolló hasta inicios de la década de 1970, como encargado de evitar y descubrir las penetraciones de “topos” de la KGB y durante esos años se consagró como la autoridad infalible para descubrir traidores y la más recóndita estrategia del Kremlin.

El admirador que vino de Moscú

A partir de 1962 tuvo un nuevo encuentro con la KGB, pero esta vez, no sería con un agente encubierto y si con un desertor el mayor Anatoliy Mikhailovich Golitsyn (1926 – 2008); ex diplomático  en Finlandia.

Golitsyn a pesar de su bajo nivel en la nomenclatura de la KGB, se mostró amplio conocedor  de la propia dirección soviética a la que atribuyó todos los males y crímenes incluyendo ser los autora junto con la inteligencia cubana del magnicidio de Dallas, de realizar grandes  penetración en las altas esferas del gobierno estadounidenses, sus aliados y hasta dentro de la propia CIA, teoría que repetían al calco las ideas de Angleton.

Este desertor era implacable en juzgar los reales o supuestos errores de los oficiales de la Agencia que lo atendían, pero excluyendo a Angleton, el cual calificó a Golitsyn como la más importante fuente sobre  la URSS y le allanó el camino  como asesor, conferencista  y escritor de textos sobre las “mega operaciones soviéticas” de las que cada vez el ex KGB aportaba más deducciones y se supone se entrevistó con el Fiscal General  Robert Kennedy  para que le trasladara sus consideraciones a su hermano presidente.

Consideró que las diferencias entre la República Popular China y la URSS, eran falsas y obedecían a un engaño del comunismo mundial y años después consideró otra jugarreta la perestroika y el proceso de distensión mundial de esa política que para él realmente buscaba confundir a los países occidentales.

Para el imaginativo desertor eran agentes de Moscú o eran manipulados por el Kremlin los  los primeros ministros de Canadá Pierre Elliott Trudeau, Harold Wilson de Inglaterra y el presidente de Finlandia Urho Kekkonen.

Golitsyn de esa forma aportó los pretendidos ejemplos que refrendaban la doctrina de Angleton y la extrema derecha estadounidense durante la “Guerra Fría” que llamó “laberinto de espejos”  según la cual los soviéticos y sus aliados perseguían que Estados Unidos caminara  por una “senda distorsionada de falsas imágenes”.

Crepúsculo y fin

Pero la retóricas de Angleton, aunque bien recibida en la política, llegaron demasiado lejos, en su “cacería de brujas” contra la comunidad de inteligencia estadounidense asolada por una ola de despidos, investigaciones internas y demociones injustificadas ante la que resistieron directivos de la agencia que exigieron a la dirección de la CIA que detuviera las purgas ante que fuera demasiado tarde.

Esta “sublevación anti Angleton” denominada así por el investigador Tim Weiner, ganador del premio Pullitzer, se documenta ampliamente en su libro del 2013  “Legado de Cenizas. La Historia de la CIA”, considerado una especie de historia semi-oficial de la agencia.

El desenlace final aconteció en 1974, después de la renuncia del presidente Nixon y ante el inicio de las investigaciones del Congreso de los EEUU sobre las violaciones de la ley y crímenes cometidos por la CIA, la mayoría de los cuales imputaban a Angleton y también lo convertían en un oportuno chivo expiatorio de un pasado incomodo de la Agencia.

Era el momento  ideal  para librarse del veterano, desgastado por la cirrosis a consecuencia de la bebida y los excesos de más de 30 años de servicios y quien con el rostro afilado por la salud en decadencia y una sonrisa irónica recibió una “calurosa despedida”, en el cuartel general de  la CIA en Langley Virginia con discurso incluido de exaltación  y condecoración del más alto nivel del gobierno..

La leyenda gris de la  CIA falleció el 11 de mayo de 1987 para tranquilidad de muchos y se llevó a la tumba sórdidos secretos de la organización a la que sirvió toda la vida y que inspiró e inspira filmes, centenares de artículos y  libros.

Para algunos  Angleton resultó demasiado previsible y conocido para los soviéticos que participaron en su gestación de manos del aristocrático Kim Philby y que recibió el impulso final por Golitsyn de forma consciente o no, para que perdido el rumbo se consumiera como nave desechable  al colisionar contra la institución a la que sirvió con tanto celo. 

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