Opinión

Cuba. Sobre la contrainsurgencia “soft”. Por Néstor Kohan

Hola, queridas compañeras y queridos compañeros de Cuba:

Por una nota al pie del excelente artículo de Llanisca Lugo, primero, y por un correo electrónico de Fernando Luis Rojas de la revista La Tizza, después, me he enterado que en el añorado con no poca nostalgia Centro de la Cultura Cubana Juan Marinello de La Habana (del cual guardo tan gratos recuerdos, asociados a entrañables amigos y compañeros como Pablo Pacheco López y Fernando Martínez Heredia), se ha organizado y continuará desarrollándose en el futuro un seminario de estudio colectivo que apunta a debatir e intercambiar opiniones sobre el porvenir de Cuba. También Yohanka León del Río me ha comentado, al pasar, que ella asistió a dicho seminario, cuando Llanisca Lugo leyó su excelente texto, más tarde publicado en La Tizza.

No conozco el funcionamiento de dicho seminario. Tampoco se lo he preguntado a ninguna de las personas que han participado en el mismo. Pero en general en los seminarios suelen leerse, exponerse, estudiarse y discutirse diversos textos. Sean escritos por quienes participan del mismo, sean libros y artículos varios que integran la bibliografía de los seminarios. Al menos en Argentina habitualmente funcionan así.

Como la sociedad cubana vive un intenso debate (en realidad varios al mismo tiempo), que al menos desde afuera se percibe estrechamente vinculado a los sucesos del “movimiento” San Isidro; al evento posterior que tuvo lugar frente al Ministerio de Cultura y al difundido artículo “Articulación plebeya” que intentó dotar de una especie de “programa político orientador” a toda la movida (se considere que todo fue una sola y única movida desplegada en varias fases o, por el contrario, se piense que en realidad constituyeron eventos completamente diferentes y distinguibles entre sí), resulta altamente probable que en el seminario del Centro Marinello se discutan temas, autores y problemas de mayor aliento, envergadura y alcance. Ojalá así sea. Bienvenido el debate.

La sociedad cubana vive un intenso debate, que al menos desde afuera se percibe estrechamente vinculado a los sucesos del “movimiento” San Isidro; al evento posterior que tuvo lugar frente al Ministerio de Cultura y al difundido artículo “Articulación plebeya”. Foto: Internet

A partir de estas consideraciones (no estoy seguro si acertadas o erróneas, ya que a la distancia resulta complejo seguir el hilo pormenorizado de todo), se me ocurrió acercar unas breves líneas y opiniones.

No para intervenir ni participar en dicho seminario.

Pero sí, quizás, para intentar aportar un pequeñísimo y microscópico granito de arena en medio de tanto trajín, idas y vueltas. Fundamentalmente porque el porvenir de la Revolución cubana pertenece, obviamente, al pueblo cubano; pero también porque el futuro de lo que suceda en Cuba ha tenido, tiene y tendrá repercusiones muchísimo más allá de los debates “internos” de la Mayor de las Antillas.

No es casual que en esas discusiones y debates hayan intervenido y continúan haciéndolo, de forma abierta e indisimulada, desde el periódico El País del Estado español, pasando por el Departamento de Estado y la Casa Blanca del “gran país del Norte”, hasta varias fundaciones de orígenes estadounidense y alemán, sin olvidarnos de no pocas páginas de internet internacionales. No es ningún secreto. Todo el mundo lo sabe.

Es más, hoy mismo [13 de enero de 2021] me entero de que “la mejor democracia del planeta” ha decidido incluir a Cuba entre los países que propician lo que ellos denominan “el terrorismo” (léase: cualquier tipo de disidencia política o discrepancia cultural frente a las políticas inspiradas en la doctrina Monroe-Adams y en el “Destino Manifiesto” que por obra y gracia de Dios y La Providencia, ya desde la primera mitad del siglo XIX, han elegido a ese país y a ese Estado, para regir los destinos del continente americano y apropiarse de los recursos naturales del mundo).

Por lo tanto, creo no cometer un disparate, si desde Argentina, el Sur del mundo “sudaca”, acerco breves opiniones, sugerencias, bibliografía, etc. a dicho seminario en el Centro Marinello.

Uno de los temas que han circulado en todos estos intercambios y discusiones públicas se encuentra estrechamente atravesado por el vínculo orgánico (entiéndase: dinero de por medio) que algunas personas partícipes del debate “interno” cubano han mantenido con conocidas instituciones de la contrainsurgencia norteamericana.

Cuando utilizo la expresión “contrainsurgencia norteamericana” me refiero a quienes explícitamente en sus estatutos y declaraciones de principios reconocen, abiertamente y sin disimulo, en sus páginas web, que tienen como objetivo prioritario derrocar los gobiernos de Cuba, Venezuela y Bolivia. O, formulado en otro lenguaje, lograr “transiciones” en dichos países hacia formas de gobierno afines a la Casa Blanca.

Cuando escribo “instituciones”, hago referencia, principalmente, a organizaciones que llevan nominalmente el nombre de “Cuba” en sus denominaciones, pero en sus sitios web reconocen explícita y abiertamente estar financiadas, por ejemplo, por la Open Society Foundation [OSF, por su sigla en inglés; Fundación Sociedad Abierta].

Después de enterarme, recorriendo sitios web de dominio público, de este dato fundamental (¡que yo desconocía completamente, al analizar el texto–programa político–manifiesto titulado “Articulación plebeya”!), mi percepción de lo que se estaba discutiendo cambió de forma notable.

Porque, a mi modesto entender, no puede haber un debate real, sincero y genuino (y menos un “llamado al diálogo y a la reconciliación”) si hay dinero de instituciones contrainsurgentes de los Estados Unidos de por medio. No es un dato menor o una nota color de una revista de entretenimiento. Constituye un “dato duro” que debe ponerse en la agenda de discusión sin naturalizarlo como si fuera una anécdota folclórica. Si ocurriera al revés y una institución financiada por una potencia extranjera se animara a intervenir —con pretensiones, además, de marcar agenda— dentro de Estados Unidos, ¿qué sucedería? Se apelaría a la conocidísima expresión “Seguridad Nacional” y todo el mundo sabe cómo terminaría el asunto en dos minutos. No hace falta ser un Premio Nobel. Basta mirar una película de Hollywood para imaginarlo.

“No puede haber un debate real, sincero y genuino (y menos un “llamado al diálogo y a la reconciliación”) si hay dinero de instituciones contrainsurgentes de los Estados Unidos de por medio”. Foto: Alfredo Martirena Hernández / Cubahora)

He leído incluso pretendidas justificaciones del supuesto carácter y rol “progresista” de la Open Society Foundation.

(Estoy tentado de escribir un par de párrafos de humor con ironías típicamente argentinas frente a semejantes justificaciones, pero eludo la tentación. Saben ustedes que en Argentina el humor suele ser irónico, lo cual muchas veces puede interpretarse como agresivo. Es una característica argentina, como el dulce de leche, el mate, Diego Armando Maradona, el tango, etc. Ya en tiempos del Che, sus amigos cubanos se lo hacían notar).

Dejando de lado entonces ironías frente a esta defensa del presunto carácter “progresista” de la Open Society Foundation que en la vida terrenal y mundana se propone contribuir a derrocar los gobiernos de Cuba, Venezuela y Bolivia, por no mencionar lo que han hecho en África, Asia y otros “oscuros rincones del mundo”… me limito a unas pocas referencias teórico-bibliográficas que quizás puedan ser útiles como insumos para el seminario en cuestión.

¿De dónde proviene el nombre de dicha organización? ¿Quién utilizó hasta el hartazgo la expresión “Sociedad Abierta” por oposición explícita y para confrontar contra la bandera roja, la tradición iniciada por Karl Marx, el socialismo y el comunismo durante los años más duros de la guerra fría y el macartismo?

La obra en cuestión se titula La sociedad abierta y sus enemigos [1945] (Londres, Routledge). Tiene por objeto de crítica y polémica principalmente a Platón, Hegel y…, sobre todo, a Karl Marx.

Su autor es Karl Popper (1902-1994), de origen austríaco pero británico por adopción.

Tuve la oportunidad de estudiar a fondo a Karl Popper por la sencilla razón de que mi profesor de la materia “Filosofía de la ciencia” (nombre que asumía la disciplina epistemológica en la Universidad de Buenos Aires) era Gregorio Klimovsky (1922-2009). Él seguía al pie de la letra a Karl Popper y fue su principal discípulo argentino (además de ser decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA). Nos dio clases años sobre filosofía de la matemática. Un gran profesor (con el cual discrepábamos). Todo un personaje que amaba a Popper como si fuera de su propia familia.

También fui alumno de otro profesor, Félix Schuster (1935-2007), profesor de “Epistemología de las ciencias sociales” y decano de la Facultad de Filosofía y Letras. Como en Argentina para estudiar hay que trabajar, a diferencia de “la dictadura cubana”, uno de mis primeros trabajos para vivir, fue grabar las clases de Félix Schuster sobre Karl Popper y desgrabarlas. El centro de estudiantes luego las fotocopiaba y el estudiantado podía acceder a dichas clases teóricas. Así que estudié por doble vía a Karl Popper. Principalmente su obra más célebre La lógica de la investigación científica [1934] (1980) (Madrid, Tecnos), aunque también varios otros libros. Más tarde dimos clases sobre Popper a cantidad enorme de estudiantes durante años… Y lo critiqué en varios libros. He estudiado a su vez las críticas que le han hecho desde el clásico Thomas Kuhn hasta Louis Althusser y Adorno. Y también la crítica contra Popper que realiza otro gran profesor argentino de epistemología (el único que figura en la autobiografía de Althusser El porvenir es largo): Enrique Marí (1928-2001), quien seguía primero la estela de Louis Althusser y más tarde la de Michel Foucault.

Años más tarde me tocó comentar para un periódico de Argentina la obra autobiográfica de Popper Búsqueda sin término: una autobiografía intelectual [1976] (2007, Madrid, Tecnos). Recuerdo que Popper confesaba allí su militancia marxista y comunista juvenil, para convertirse luego en un furioso y obsesivo anticomunista.

Al punto que el historiador británico Perry Anderson, en un libro colectivo titulado La trama del neoliberalismo. Mercado, crisis y exclusión social (2003) [Buenos Aires, CLACSO], que Anderson comparte con Atilio Borón, Emir Sader y otros autores, ubica a Karl Popper, junto con quien lo introdujo en la Academia británica, F. A. von Hayek, además de Milton Friedman y von Misses, como uno de los progenitores a escala mundial del neoliberalismo. Corriente que inaugura Popper junto con esos otros fanáticos anticomunistas, muchos de ellos economistas neoclásicos, que recién después de 30 años lograron que dicho programa se plasmara en la realidad a partir del 11 de septiembre de 1973, con el golpe de Estado del general Pinochet en Chile. Primer “experimento neoliberal” triunfante —a sangre, tortura y fuego, como le reprochó André Gunder Frank a su antiguo maestro Milton Friedman— a nivel mundial, que luego fue extendido a la Inglaterra de Margaret Thatcher en 1979 y a los Estados Unidos con Ronald Reagan en 1980. Popper fue uno de los padres fundadores de semejante Frankenstein.

El historiador británico Perry Anderson, en un libro colectivo titulado La trama del neoliberalismo. Mercado, crisis y exclusión social, ubica a Karl Popper como uno de los progenitores a escala mundial del neoliberalismo”. Foto: Internet

Quien no nos crea, podría recordar tan solo este párrafo, uno de los tantos de una obra kilométrica como es La sociedad abierta y sus enemigos. Dice Popper en el prefacio a la edición revisada: “En el libro no se hacía mención explícita ni de la guerra ni de ningún otro suceso contemporáneo, pero se procuraba comprender dichos hechos y el marco que les servía de fondo, como así también algunas de las consecuencias que habrían de surgir, probablemente, después de terminada la guerra. La posibilidad de que el marxismo se convirtiese en un problema fundamental nos llevó a tratarlo con cierta extensión [subrayado N.K.]. En medio de la oscuridad que ensombrece la situación mundial en 1950, es probable que la crítica del marxismo que aquí se intenta realizar se destaque sobre el resto, como punto capital de la obra [subrayado N.K.]. Una visión tal de la misma, quizá inevitable, no estaría del todo errada, si bien los objetivos del libro son de un alcance mucho mayor.

El marxismo solamente constituye un episodio, uno de los tantos errores cometidos por la humanidad [subrayado N.K.] en su permanente y peligrosa lucha para construir un mundo mejor y más libre”.

La tesis central de Popper era que Marx nunca fue científico y que El capital. Crítica de la economía política (1867) no era una obra de ciencia sino apenas “una profecía”… Y no cualquier “profecía” sino una profecía… totalitaria [sic].

La sociedad abierta y sus enemigos no solo inaugura el neoliberalismo más belicoso y fanático, que aún perdura. Fue además una de las “Biblias” de la escuela autobautizada “antitotalitaria”. Esa misma en la que militaron Hannah Arendt con su obra Los orígenes del totalitarismo [1951] (1999, Madrid, Taurus), capitulación ideológica que en más de 600 páginas que homologan al comunismo con el nazismo le dedica apenas dos renglones, en una microscópica nota al pie, al macartismo, corriente racista, supremacista, misógina y machista, ferozmente anticomunista desde la cual se persiguió a Charles Chaplin, a Bertolt Brecht, se ejecutó al matrimonio de Ethel Greenglass Rosenberg y Julius Rosenberg en 1953, se censuró ampliamente a todo el mundo en Hollywood, se quemaron libros (como los del psicoanalista Wilhelm Reich, que murió en prisión), se defendió la utilización de la bomba atómica, se hizo propaganda a favor de la guerra imperialista en Corea, etc. Corriente que años después de Popper y Arendt, se nutrió de las obras del alemán Ernst Nolte y el francés François Furet, ambos anticomunistas que pretendieron relativizar el genocidio nazi…

De esa calaña, “antitotalitaria” y macartista, era Karl Popper. Y estaba orgulloso de serlo. Quien lo desconozca… o no ha leído su obra o habla por lo que escuchó que le dijeron.

La sociedad abierta y sus enemigos no solo inaugura el neoliberalismo más belicoso y fanático, que aún perdura. Fue además una de las “Biblias” de la escuela autobautizada “antitotalitaria”. Foto: Internet

Dejando entonces de lado lo que Karl Popper escribió y publicó, que está al alcance de quien tenga ganas de estudiar en serio y no repetir frases trilladas, agrego una anécdota (que solo sirve para alertar, aunque lo principal siguen siendo sus libros).

El psicólogo marxista argentino Carlos Villamor, profesor de la Universidad de Buenos Aires y militante revolucionario, me contó que él fue a la República Democrática Alemana (RDA), la otra Alemania, a dar clases. Y que allí, antes de la reunificación y la caída del Muro de Berlín, Karl Popper ya era venerado en las universidades oficiales. Recuerdo que Villamor me dijo, hace ya muchos años: “Néstor, en las universidades de la Alemania del Este, antes de la caída del muro de Berlín, un segmento importante de la intelectualidad y el profesorado universitario ya estaba ganado por Karl Popper”.

Por mi parte, recuerdo haber leído y estudiado por cuenta propia, un manual soviético editado en Moscú por un autor llamado A. P. Sheptulin: El método dialéctico del conocimiento [1983] (Buenos Aires, Cartago). Es decir, que antes de la desaparición de la URSS, este libro, pasando por alto el inmenso abanico de críticas recibidas por Karl Popper, ya no solo por su anticomunismo militante, sino incluso por las más que endebles dicotomías de su epistemología falsacionista (formuladas por las corrientes más diversas, desde Thomas Kuhn, Theodor Adorno, Louis Althusser y Galvano Della Volpe; hasta Jindrich Zeleny, Karel Kosik e incluso los soviéticos Ilienkov y Andreiev), resumía todos los dogmas del Diamat soviético, pero a la hora de definir cuál era el método correcto para las ciencias, se decidía por el “método hipotético-deductivo” (Sheptulin, 1983: 209-210). Este soviético no citaba a Popper, pero capitulaba ante los dogmas popperianos de la familia neopositivista en su vertiente “refinada”. Lo cual significa que también algunos intelectuales de la ex URSS, antes de su desaparición, ya estaban ganados por Karl Popper.

El neoliberalismo y sus axiomas epistemológicos no cayeron súbitamente del cielo como un rayo en un mediodía lleno de sol.

Para tenerlo en cuenta en Cuba…, ¿no es cierto?

Pues bien. ¿Quién fue uno de los más renombrados alumnos de Popper en Londres? Un tal George Soros. Exiliado de Hungría a los 17 años. Estudiante de economía en la London School of Economics, reclutado para el elenco del neoliberalismo desde muy joven.

De la mano de Popper se hizo neoliberal. Y desde entonces comenzó a predicar y promover lo que su maestro denominaba “la sociedad abierta” (“open society”).

Luego emigró a Estados Unidos, se dedicó a las finanzas y se convirtió en un magnate multimillonario. ¿Fruto del sudor y el esfuerzo propio? De ninguna manera. Especulando en la bolsa con el trabajo y el esfuerzo de millones de brazos y cerebros ajenos. A tal punto que hizo temblar la libra esterlina. ¡Un tipo solo, ultramillonario, hizo tambalear una de las monedas más poderosas del planeta!

En 1999 George Soros publicó un libro titulado La sociedad abierta en peligro. La crisis del capitalismo global [1999] (Buenos Aires, Editorial Sudamericana). Allí afirma que fundó la Open Society Foundation en 1979, el mismo año que asume Margaret Thatcher en Inglaterra, un año antes de que el talibán anticomunista Ronald Reagan se hiciera con el poder en USA (Soros, 1999: 102).

Textualmente afirma: “En 1979, cuando había ganado más dinero del que podía necesitar, constituí una fundación llamada ‘Open Society Fund’, cuyos objetivos definí como ayudar a abrir las sociedades cerradas, ayudar a hacer más viables las sociedades abiertas y fomentar un modo de pensamiento crítico. A través de la fundación me vi profundamente involucrado en la desintegración del sistema soviético [subrayado de N.K.]” (Soros, 1999: 12].

Más adelante, el mismo George Soros aclara, con todas las letras y sin pelos en la lengua, aunque algunos pretendan engañar y confundir con falacias sobre el carácter supuestamente “progresista” de este excéntrico magnate que le paga buenas sumas de dinero a varios cubanos, que antes admiraban el antimperialismo de Mella y Guiteras; el marxismo rebelde de Fidel y el Che, así como las herejías de Fernando Martínez Heredia y Pensamiento Crítico, ahora convertidos en entusiastas partidarios del “diálogo”, “la república” (neocolonial), “el fin del lenguaje polarizante” y la “sociedad inclusiva más allá de las ideologías”: “Cuando fundé la ‘Open Society Fund’ [Fundación Sociedad Abierta], su misión, tal como la formulé en aquel entonces, era ayudar a abrir las sociedades cerradas, ayudar a hacer más viables las sociedades abiertas y fomentar un modo de pensamiento crítico. Tras un comienzo frustrado en Sudáfrica, me concentré en los países que estaban bajo el régimen comunista [subrayado N.K.]” (Soros, 1999: 102).

George Soros se hizo neoliberal de la mano de Popper, y desde entonces comenzó a predicar y promover lo que su maestro denominaba “la sociedad abierta”. Foto: Internet

¿Cuál es, según este millonario que aspira a ser “un pensador”, la fuente de su tristemente famosa “sociedad abierta”? Pues el movimiento de la Ilustración que él atribuye principalmente a Kant [Soros, 1999: 102]. (Cualquier parecido o similitud con un profesor neokantiano de Madrid ¿será pura coincidencia?).

¿Soros, eufórico con sus millones, solo se remite al pobre Kant? No, por supuesto. También a “La Declaración de la Independencia de Estados Unidos” (Soros, 1999: 120, 127 y 262). Concretamente el multimillonario devenido “pensador” y “filántropo” afirma: “Estados Unidos tiene un compromiso histórico con los ideales de la sociedad abierta, a partir de su Declaración de Independencia” (Soros, 1999: 262).

Para muestra, es suficiente. Basta contrastar esta vulgar apologética del imperialismo de Monroe-Adams y el Ku Klux Klan con dos libros (para no mencionar bibliotecas enteras): Howard Zinn: La otra historia de los Estados Unidos (2004, La Habana, Ciencias Sociales) y Doménico Losurdo: El lenguaje del imperio. Léxico de la ideología americana. (2008, Madrid, Escolar y Mayo Editores).

En ambos se demuestra exhaustivamente el significado de esa república esclavista, que recién abolió (formalmente) la esclavitud seis décadas después de la revolución de Haití y medio siglo después que Simón Bolívar.

No conforme con dicha apologética, el patrón y mandamás de la Open Society Foundation afirma: “Estados Unidos es cualquier cosa menos un país represivo en su interior” (Soros, 1999: 261].

El pobre hombre tiene tantos millones y está tan ocupado administrando su inmensa fortuna (mientras financia cubanos y cubanas que se dejan comprar) que seguramente por eso no pudo llegar a enterarse del ciudadano estadounidense negro que murió aplastado con una rodilla de un policía blanco en su cuello. Tampoco alcanzó a tomar nota de los niños y niñas de origen inmigrante separados de sus madres y padres en la frontera con México. Podría argumentarse que su libro se publicó antes. Concedamos que así sea. ¿Pero tampoco se enteró del asesinato de Malcolm X, Martin Luther King, de las prisiones de Angela Davis, Mumia Abu Jamal y de todo el control represivo del pueblo estadounidense al que se le controla hasta qué libro retira de cada biblioteca a lo largo y ancho de todo el país, por no mencionar las denuncias de Snowden de vigilancia total del conjunto de la población hasta en los detalles más insignificantes e íntimos de su vida cotidiana?

Supongamos —como simple hipótesis imaginaria— que en Cuba hay una dictadura y un régimen totalitario. Entonces no hay que tomarse el trabajo de leer el Granma ni Cubadebate ni La Jiribilla ni mirar la TV ni creerle una palabra a nadie que pertenezca o haya pertenecido al mundo político de Fidel y el Che. Puede ser, ¿por qué no?

Pero la humilde sugerencia de este simple sudaca del Sur es que si ustedes hacen un seminario en el Centro Juan Marinello incluyan la lectura de: Karl Popper: La sociedad abierta y sus enemigos ([1945] se puede descargar gratis de la web, hay ediciones varias) y George Soros: La sociedad abierta en peligro. La crisis del capitalismo global. (1999, Buenos Aires, editorial Sudamericana).

(Si les sobra tiempo, y tienen ganas, no estaría de más leer y estudiar los libros mencionados de Howard Zinn y Doménico Losurdo).

Ojalá estas modestas líneas inviten a reflexionar y sirvan como insumos para el debate.

Fuerte abrazo y mucha suerte con el seminario.

Salud y revolución.

P.D.: Si no les interesa, borran y listo. Si la consideran útil, pueden utilizar la información como lo consideren mejor. Lo escribo simplemente porque si ustedes reciben una paliza, nos va a doler la espalda a todas y todos los latinoamericanos. Aunque eso sucediera, seguiremos igual hasta el final. Como toda la vida. Pero creemos que ya es hora de dejar de recibir palizas. Se apliquen con un grueso garrote o se ejerzan a través de un dulce seductor y atractivo. Nos peguen con el mal gusto del aliento a ajo en la boca o lo hagan con encantador y seductor perfume francés.

Para quien se sienta con cansancio o aburrimiento de leer materiales del gobierno cubano, que no los lea. Pero sería recomendable, sí o sí, leer las fuentes originales de quienes aportan dinero, pagan blogs de internet, tramitan visas, pasean invitados por Washington y New York, llenan de elogios y alabanzas a gente que se deja seducir fácil y fundamentalmente diagraman estrategias de contrainsurgencia “soft”, “light”, “descafeinadas”, “amables” y “sonrientes”.

Sobre todo ahora que viene el camarada Biden a retomar “el legado de Obama” (para utilizar el título de uno de los cuadernillos de Cuba posible que me descargué de internet, después de haber escrito y publicado en La Tizza “Revolución cultural es lucidez y es socialismo”).

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