Opinión

El futuro solo estará hecho de lo que construyamos hoy. Por Vijay Prashad

Hacia fines de noviembre, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, se dirigió al Bundestag alemán para celebrar el 75º aniversario de la ONU. En el corazón de esta organización está su Carta, el tratado que vincula a las naciones en un proyecto global, que ya ha sido ratificado por todas las 193 naciones miembro. Vale la pena recordar los cuatro objetivos principales de dicha carta, ya que la mayoría de ellos han sido olvidados por la opinión pública:

  1. Prevenir el “flagelo de la guerra”.
  2. “Reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana”.
  3. Mantener la integridad del derecho internacional.
  4. Promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad.

Guterres señaló que los caminos para lograr estas metas están siendo obstruidos no solo por los neofascistas, a quienes eufemísticamente llamó “enfoques populistas”, sino también por el peor tipo de imperialismo, como se expresa en el “nacionalismo de la vacuna” impulsado por países como Estados Unidos. “Está claro que la manera de ganar el futuro es a través de una apertura al mundo”, dijo Guterres, y no de “mentes cerradas”.

En el Instituto Tricontinental de Investigación Social, tomamos la carta de las Naciones Unidas como base de nuestro trabajo. Avanzar en sus objetivos es un paso fundamental en la construcción de la humanidad, un concepto que apela a una aspiración más que a un hecho; aún no somos seres humanos, pero luchamos para serlo. Imaginen si viviéramos en un mundo sin guerras y con respeto al derecho internacional, si viviéramos en un mundo que honrara los derechos humanos esenciales e intentara promover el mayor progreso social. Sería un mundo en el que los recursos productivos no sería usados para construir equipamiento militar, sino para poner fin al hambre, al analfabetismo, a la pobreza, a la indigencia, en otras palabras, poner fin a los aspectos estructurales de la falta de dignidad.

En 2019, las naciones del mundo gastaron cerca de 2 billones de dólares en armamento, mientras las personas más ricas del mundo escondieron 36 billones en paraísos fiscales ilegales. Se necesita solo una fracción de ese dinero para erradicar el hambre, que se estima que requeriría entre 7.000 millones de dólares a 265.000 millones al año. Se requieren cantidades comparables de dinero para financiar la educación pública y la atención primaria de salud universal. Los recursos productivos han sido secuestrados por los ricos, quienes usan su poder económico para asegurar que los Bancos Centrales mantengan la inflación baja, en vez de buscar políticas que tiendan al empleo pleno. Es un fraude, si se mira de cerca.

Dos nuevos estudios del Banco Mundial muestran que, debido a la falta de recursos e imaginación durante esta pandemia, otros 72 millones de niñxs en edad escolar caerán en la “pobreza de aprendizajes”, un término que se refiere a la incapacidad para leer y comprender textos simples a la edad de 10 años. Un estudio de UNICEF muestra que en el África subsahariana otros 50 millones de personas se han sumido en el pobreza extrema durante la pandemia, la mayoría de las cuales son niñxs. 280 de los 550 millones de niñxs subsaharianxs sufren inseguridad alimentaria, mientras el proceso aprendizaje se ha detenido por completo para millones de niñxs que “probablemente no volverán nunca más a clases”.

La brecha entre la crítica situación de miles de millones de personas por sobrevivir y las extravagancias de unos pocos es muy profunda. El informe de UBS sobre riqueza lleva un título incómodo: Manejando la tormenta. Turbulencias en el mercado aceleran la divergencia entre fortunas. Los 2.189 multimillonarios del mundo parecen haber manejado la tormenta de la pandemia en su propio beneficio: su riqueza aumentó alcanzando el récord de 10,2 billones de dólares en julio de 2020 (más de 8 billones en abril).  La cifra más obscena fue que su riqueza aumentó en un cuarto (27,5%) desde abril a julio durante el gran confinamiento. Esto sucedió cuando miles de millones de personas en el mundo capitalista estaban recientemente desempleadas, luchando por sobrevivir con una ayuda muy precaria de parte de sus gobiernos, con sus vidas cabeza abajo.

Nuestro más reciente estudioCoronashock y patriarcado, debiera ser lectura obligatoria, pues provee un análisis agudo del impacto social y de género del coronashock. Nuestro equipo tomó la iniciativa por la grave precariedad en que se encuentran miles de millones de personas y por cómo esas carencias transforman los vínculos sociales básicos en hiperexplotación y opresión de sectores específicos de la población. El informe concluye con una lista de dieciocho demandas que son una guía para nuestras luchas futuras. Sostenemos que los Estados capitalistas son controlados por elites que son incapaces de resolver los problemas básicos de nuestro tiempo, como el desempleo, el hambre, la violencia patriarcal, y la precariedad, subapreciación e invisibilidad del trabajo de reproducción social.

Los textos que publicamos este año —desde las alerta roja sobre el coronavirus hasta los estudios sobre el coronashock— buscan orientarnos para hacer una evaluación racional de estos rápidos acontecimientos, en base a la visión de mundo de los movimientos de masas de la clase trabajadora, el campesinado y les oprimidxs. Nos tomamos con seriedad la perspectiva de la Organización Mundial de la Salud para fundamentar nuestros estudios “en la solidaridad, no en el estigma”. A partir de las cifras impresionantemente bajas de contagios y muertes en países con gobiernos socialistas como Vietnam o Cuba, estudiamos por qué esos gobiernos fueron capaces de manejar mejor la pandemia. Comprendimos que esto sucedió porque tomaron un enfoque científico frente al virus, tenían un sector público al que recurrir para la producción de equipamiento y medicamentos necesarios, fueron capaces de sostenerse a través de la organización popular que articuló a diferentes agrupaciones en torno a la ayuda mutua, y tomaron un enfoque internacionalista —en vez de racista— frente al virus, lo que incluyó compartir información, productos, y —en el caso de China y Cuba— personal médico. Por todo esto, nos hemos unido —junto a otras organizaciones— a la campaña para dar el Premio Nobel de la Paz a las médicxs de Cuba.

Hemos reunido un archivo notable de materiales sobre el coronashock y sobre el mundo que ha comenzado a producir. Esto incluye un programa provisional de diez puntos para un mundo post-covid, documento presentado por primera vez en la Conferencia de Alto Nivel: Economía Post Pandemia, organizada por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). En los primeros meses de 2021, publicaremos un documento más completo sobre el mundo después del coronavirus.

A nivel personal, quisiera agradecer a todo el equipo del Instituto Tricontinental de Investigación Social por su resiliencia durante la pandemia, su capacidad para trabajar a un ritmo mucho mayor que antes, y por el ánimo que nos dimos mutuamente durante este periodo.

Nadamos en las aguas de nuestros movimientos, cuya fortaleza frente al uso oportunista y cínico de la crisis por parte de los gobiernos capitalistas levanta nuestro espíritu y nos da coraje. La semana pasada, el boletín destacó el paciente y dedicado trabajo realizado por jóvenes compañerxs del Partido Comunista de India (Marxista) en Kerala, quienes trabajan para construir una sociedad humana y justa. El mismo tipo de trabajo puede verse en el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) en Brasil; en la región del Cinturón de Cobre en Zambia, donde miembros del Partido Socialista hace campaña para la elección presidencial del próximo año; y en Sudáfrica, donde el Sindicato Nacional de Trabajadorxs del Metal (NUMSA) lucha por defender a lxs trabajadorxs contra las reducciones durante la pandemia y donde Abahlali baseMjondolo construye confianza y poder entre lxs habitantes de barracas. Vemos esta gran resistencia y compromiso en nuestrxs compañerxs del Workers’ Party [Partido de lxs Trabajadorxs] de Túnez y de Democratic Way [Camino democrático] en Marruecos, que están liderando la revitalización de la izquierda en la región de habla árabe; y en el grandioso trabajo de los pueblos de Bolivia, Cuba, Venezuela, China, Laos, Nepal y Vietnam, que buscan construir el socialismo en países pobres que enfrentan ataques sistemáticos contra la alternativa socialista. Nos fortalecemos junto a nuestrxs compañerxs de Argentina, que luchan para consolidar el poder de lxs trabajadorxs excluidos y para construir una sociedad que supere el patriarcado. Somos un instituto de investigación impulsado por los movimientos sociales, dependemos de ellos para todo lo que hacemos.

En el Instituto Tricontinental de Investigación Social albergamos sueños de una vida mejor. Queremos mirar más allá del horizonte para ver qué tipo de sociedad estamos construyendo ahora que pueda sugerir la posibilidad de una vida postcapitalista y no hostil. Para nosotrxs, este nuevo horizonte no es algo que nos esté esperando, completamente formado, en el futuro; es creado en el presente por las luchas de la clase trabajadora y el campesinado contra la gran deprivación material y por los sueños de un mundo fuera de esta vida de miseria y deseo. El futuro, creemos, solo estará hecho de lo que construyamos hoy.

Feliz año nuevo.

Fuente: ALAI

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