A menos de una semana para las elecciones presidenciales en Ecuador aún existen amenazas sobre la candidatura de Andrés Arauz y el mismo proceso electoral. Se trata de una contienda a la cual se llega con numerosos obstáculos en el marco de una persecución política que ha sido sistemática durante el Gobierno de Lenin Moreno.

Ecuador está a las puertas de una elección presidencial y legislativa determinante. El domingo 7 de febrero se enfrentarán 16 candidatos, de los cuales tres tienen mayor posibilidad según la mayoría de las encuestas: Andrés Arauz, Guillermo Lasso, Yaku Pérez, en ese orden, con una diferencia de cerca de diez puntos entre el primero y el segundo.

Arauz se presenta por la coalición UNES, representa a la revolución ciudadana, el movimiento liderado por el ex presidente Rafael Correa. Lasso, «es el candidato banquero», como lo define Irene León, socióloga ecuatoriana, y representa a su partido CREO en alianza con el partido Social Cristiano. Pérez es candidato del movimiento Pachakutik, que «llegó con muchas dificultades internas en el movimiento, y está lejos de los dos anteriores».

Para ganar en primera vuelta es necesario obtener más del 40% y 10 puntos de diferencia sobre el segundo candidato. De lo contrario, los dos primeros candidatos se enfrentarían en un balotaje. Arauz, que en una mayoría de encuestas se acerca al 40% podría lograr la hazaña. De eso se habla en Ecuador, y sobre esa posibilidad se desatan expectativas y amenazas.

Las amenazas no son nuevas: desde el inicio de la campaña han existido obstáculos, irregularidades, ilegalidades. «La posibilidad de lograr, inscribir las candidaturas del progresismo ha sido difícil, compleja», explica León. «Estamos hablando de un país en el que se ha llegado no solamente a censurar movimientos políticos, candidaturas, como sucedió con la de Rafael Correa, sino que ahora está prohibido nombrarlo en la campaña».

Así, a menos de una semana de la contienda, «todavía se presentan impugnaciones de actores políticos interesados en que la candidatura de Arauz no se presente». Para entender esta situación, es necesario analizar lo que sucedió en los últimos cuatro años, es decir bajo la presidencia de Lenín Moreno.

Desmontaje y persecución

«El meollo central de lo que pasa en Ecuador es un ciclo de desmontaje de la propuesta progresista —los Gobiernos de Correa entre el 2007 y el 2017—, un retorno intensivo al neoliberalismo«, analiza León desde Quito.

Ese proceso «vino acompañado de la desinstucionalización del país, nos encontramos con una Constitución importantísima, sólida, pero que ya no se respeta desde los poderes, una institucionalidad de cinco poderes que funcionan al gusto de las élites, un desmantelamiento de lo público y la privatización de todo lo que significaba el sostén económico de un proyecto diferente».

El desmontaje se produjo en simultáneo con «una intensiva judicialización de la política», donde, durante los años de Moreno —que comenzó su presidencia en el 2017— se activó «el montaje de un aparato de persecución, judicialización y sanciones a distintas iniciativas políticas, dirigentes, principalmente el progresismo y la izquierda».

De esa manera fueron judicializados, además de Correa, dirigentes como Paola Pabón, Virgilio Hernández, y Jorge Glas, quien había sido vicepresidente, se encuentra en prisión desde el 2017. «En el discurso de las élites y de la derecha, de hecho, varios hablan de eliminar al correismo del escenario», explica León.

Lograr inscribir la candidatura de Arauz, en fórmula con Carlos Rabascall para la vicepresidencia, fue particularmente difícil. Una vez lograda la inscripción, la amenaza se modificó: «Ha habido un salto entre que no haya esas candidaturas, a tratar de quitar del escenario las elecciones, y en esta idea de ya eliminarlas o posponerlas, convergen distintos actores».

León señala, por ejemplo, que en días recientes un conserje del Consejo Nacional Electoral (CNE) ha propuesto quitarle los derechos políticos a Arauz y eliminar el binomio Arauz-Rabascall. «El CNE tiene mucha dificultad para mostrar una transparencia en sus actuaciones, de hecho, este CNE tiene actores políticos de la derecha que responden a intereses de otros candidatos y que están actuando y jugando fuerte para que, si no gana sus candidatos, no haya elecciones«.

Washington

Lenin Moreno fue a Washington la última semana de enero.

Allí se reunió con representantes claves en lo político y económico:

  • Juan González, el director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional,
  • Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional,
  • Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) señalado por su rol en el golpe de Estado en Bolivia en el 2019.

«Aquí en el país hubo muchos interrogantes acerca de qué hace este señor en los últimos días de su mandato reuniéndose con estos personeros», afirma León. Moreno tuvo, a lo largo de su mandato, «un alineamiento al proyecto hemisférico de Estados Unidos (EEUU)», algo que pudo verse, por ejemplo, en su activa política para desmontar la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).

«Esto es significativo para las elecciones, porque en este momento, independientemente del peso que pueda tener Ecuador en el escenario internacional, para el proyecto estadounidense es importante ese alineamiento que han conseguido de varios países».

Esa importancia del alineamiento no parecería cambiar con el nuevo Gobierno estadounidense de Joe Biden: «EEUU tiene una política internacional de largo alcance, una propuesta estratégica de Estado, entonces esas líneas se mueven muy poco de un gobierno a otro (…) lo que cambian son las modalidades de ejecución de ese proyecto estratégico», señala la socióloga ecuatoriana.

Los mandatos de Correa plantearon, junto con otros gobiernos de la región, «uno de los más grandes desafíos históricos que se han colocado frente a EEUU”, al avanzar en «un proyecto de soberanía regional, de integración latinoamericana», con, por ejemplo, el instrumento de la Unasur.

«Sin duda la propuesta del candidato Arauz es volver a una integración latinoamericana, soberana, que articule a los países en torno a una visión común a este proyecto que puede sintetizarse como proyecto de patria grande, que permita un horizonte común para nuestros países, independientemente de las diferencias políticas que se puedan manifestar, un proyecto común de sostenibilidad de mediano y largo plazo», destaca León.

Disputa continental

La elección en Ecuador sucede en un momento de disputas continentales donde, en los últimos años existió una recuperación de fuerzas de sectores progresistas, de izquierda, expresada tanto en levantamientos populares, como en Chile y Ecuadoren octubre del 2019, como en elecciones presidenciales en México en 2018 con la victoria de Andrés Manuel López Obrador, en Argentina en 2019, con Alberto Fernández, o en Bolivia en el 2020, con Luis Arce.

Una victoria de Arauz en Ecuador sería otro paso en esa recuperación, y, sobre todo, una mayor fortaleza para avanzar en la reconstrucción de instrumentos de integración regional, como la Unasur y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

La contienda del siete de febrero tiene entonces una fuerte impronta latinoamericana, algo que quedó expresado, por ejemplo, en dos noticias falsas vehiculizadas por dos medios de gran dimensión a pocos días de las elecciones: el periódico Clarín, de Argentina, afirmó que Arauz ofrecía 250 dólares a sus votantes antes de las elecciones, y la Revista Semana, de Colombia, escribió que Arauz había recibido dinero del Ejército de Liberación Nacional.

«No hablamos de medios, sino de corporaciones, actúan cada vez más abiertamente y de modo coordinado en las decisiones electorales que se toman en los países. Es decir, buscan que sus gerentes sean los que están en la cúspide del poder, y no actores políticos que corresponden a proyectos propios», señala León.

El rol de esos medios internacionales es parte del escenario de adversidad que ha enfrentado la candidatura de Arauz desde la hora cero: «estamos hablando de una campaña electoral en la que el candidato no tiene acceso igualitario o no tiene acceso a los medios de comunicación, tiene medios internacionales en contra, no ha tenido los fondos de campaña que han sido entregados a la mayoría de actores políticos».

A pocos días de las elecciones, y con amenazas latentes, Irene León afirma que «lo más importante es que las elecciones se realicen, no haya ningún obstáculo, que no se nombre la pandemia a la víspera de las elecciones luego de no haberla nombrado y cuidado durante mucho tiempo, que ningún otro pretexto aparezca, las elecciones se realicen, y se respeten los resultados».

Fuente: Sputnik

Por REDH-Cuba

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