Opinión

Volver a Palabras a los intelectuales, 60 años después (I). Por Elier Ramírez Cañedo

El paso del tiempo obliga a nuevas lecturas de Palabras a los intelectuales. No son pocos los representantes de las nuevas hornadas de jóvenes que desconocen este memorable discurso del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, pronunciado el 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional, así como las circunstancias en que se produjo, luego de largas jornadas de intercambios los días 16 y 23 entre la dirección del país y representantes de la vanguardia artística e intelectual de la Isla. «Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada», es la frase a la que se recurre en muchos casos como único referente de las históricas Palabras…

Lamentablemente no están publicadas el resto de las intervenciones, en especial de los días 16 y 23, las cuales permitirían poner aún más en contexto las palabras de Fidel, que no fueron un discurso propiamente, sino una intervención construida a partir de las anotaciones que realizó en la medida que escuchaba pacientemente al resto de los participantes, haciendo solo breves preguntas e interrupciones. No obstante, muchos testigos presenciales de aquellas reuniones dejaron a la posteridad sus memorias de aquel encuentro y se conserva también el audio de las palabras de Fidel, el cual nos permite captar el clima y el tono de ellas.

El detonante de la reunión había sido la prohibición de la exhibición del documental pm (pasado meridiano). Aunque el cortometraje, de 14 minutos, ya había sido estrenado en Lunes en tv en los primeros días de mayo, sería desautorizada su presentación en los cines del país, después de que Alfredo Guevara, como presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), comunicara a Edith García Buchaca, secretaria del Consejo Nacional de Cultura, el desacuerdo de la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas del Icaic con la idea de su proyección masiva.

En la película, realizada por Orlando Jiménez y Sabá Cabrera Infante, se mostraban las actividades nocturnas de divertimento en bares, clubes y cantinas de La Habana de una parte de la población, algo intrascendente si lo vemos a la luz de hoy, pero que en aquel contexto de 1961, cuando el país se encontraba movilizado y enfrentando masivamente las agresiones constantes del imperialismo, podía prestarse a otras lecturas, como de hecho ocurrió. El documental, aunque no dejó también de recibir elogios y críticas positivas, fue cuestionado por extemporáneo y nocivo a los intereses del pueblo cubano y su Revolución.

Ante las inconformidades surgidas con la censura de PM, se convocó a una reunión con un grupo de artistas y escritores el 31 de mayo en la Casa de las Américas, pero luego de acaloradas discusiones no se llegó a conclusiones definitivas. Se propuso que el filme fuera analizado por las organizaciones de masas y que estas dieran la última palabra, pero la consulta no llegó a realizarse. El 2 de junio, el periódico Hoy hizo público el acuerdo de la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas del Icaic, lo que enrareció aún más el ambiente. Guillermo Cabrera Infante escribió una carta de protesta a Nicolás Guillén, quien presidía la Asociación de Escritores y Artistas. Fue necesario entonces aplazar el Congreso de Escritores y Artistas, en preparación, y que el Primer Ministro Fidel Castro pidiera al Consejo Nacional de Cultura la convocatoria a un amplio encuentro con los artistas e intelectuales en el que estuvieran presentes todas las tendencias.

Más allá de PM…

Sin embargo, más allá de la censura del documental PM, que sirvió como hecho catalizador, había cuestiones más de fondo que gravitaban en el ambiente y que eran más urgentes atender por la dirección de la Revolución, como era la cuestión de fraguar la unidad dentro del movimiento artístico e intelectual cubano e incorporar ese proceso al que ya se venía siguiendo con otros sectores y las fuerzas principales que habían encabezado la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. Este sería uno de los frutos más inmediatos que se lograría a partir de las reuniones en la Biblioteca Nacional, cuando después de realizarse con éxito el primer Congreso de Escritores y Artistas, en agosto del propio año, quedara fundada la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), cuyo primer presidente sería el poeta nacional Nicolás Guillén. Pocos meses después, desaparecerían Lunes de Revolución y Hoy Domingo como suplementos culturales, dando paso al nacimiento de la revista Unión y el magazine La Gaceta de Cuba, editados ambos por la Uneac.

Fidel tenía plena conciencia de que se estaba produciendo una fuerte lucha interna por el control del aparato cultural entre tendencias con posiciones diversas e incluso encontradas en la manera de entender la relación entre política y cultura, por lo que era una cuestión impostergable intervenir para zanjar las desavenencias, evitando darle armas a unos contra otros y definir con claridad una posición, no con relación a lo ocurrido con pm, sino sobre los caminos que tomaría la Revolución en materia de política cultural.

El mapeo de las tendencias y grupos con diversas perspectivas y visiones sobre lo que debía ser la relación entre poder y cultura, resulta harto complejo, pero pudieran agruparse en dos grandes bloques a riesgo de esquematizar: un grupo se nucleaba alrededor del magazine cultural Lunes de Revolución y Carlos Franqui –había sido expulsado del psp antes de incorporarse al movimiento 26 de Julio– quien además de algunos canales de televisión, dirigía el periódico Revolución, órgano oficial del Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Revolución publicaba, desde marzo de 1959, su semanario cultural Lunes de Revolución, a cargo de Guillermo Cabrera Infante.

Defendían el compromiso militante del artista con la Revolución, pero también la no intromisión de la política en los asuntos de la cultura y la libertad sin formulaciones clasistas e ideológicas. Mantuvieron una posición crítica hacia figuras que consideraban representantes decadentes del pasado cultural y de la vieja generación, lo que los llevó a cometer errores de sectarismo y ataques innecesarios desde la publicación contra artistas e intelectuales imprescindibles de la cultura nacional, entre ellos: José Lezama Lima, Cintio Vitier, Samuel Feijóo, Alejo Carpentier y Alicia Alonso, lo que lejos de contribuir a la creación de un bloque intergeneracional en el mismo cauce del proceso revolucionario, incidía en la creación de brechas y conflictos generacionales desfavorables para la unidad en el frente cultural.

Realizaron también no pocas críticas al psp desde el magazine, haciendo énfasis en sus errores pasados, lo que atentaba contra la intención del liderazgo de la Revolución de sanear las faltas anteriores y unir hacia delante a las principales fuerzas políticas que habían luchado contra la dictadura de Batista. Insistieron con frecuencia en incorporar más el legado internacional a la cultura cubana, así como la experimentación y búsqueda incesante de nuevos caminos en el arte. Se manifestaron contra cualquier asomo de estalinismo, pero una parte de ellos se escudaba en esa posición para enmascarar su profundo anticomunismo. El incidente de pm les sirvió de pretexto a algunos de este grupo para atizar el temor de que en Cuba se repitieran los excesos cometidos en la urss con los creadores. No obstante, Lunes de Revolución, como publicación impresa, dejó un importante legado histórico al lograr tomarle el pulso al acontecer cultural nacional e internacional de aquella época y realizar una intensa labor divulgativa.

Otro grupo, de manera general, tenía una proyección marxista-leninista exaltadora del compromiso político, aunque sus posicionamientos en la manera de entender la relación entre arte y política también diferían entre sí en no pocos matices. Dentro de este se destacaban figuras como Alfredo Guevara, Edith García Buchaca y Carlos Rafael Rodríguez, desde el periódico Hoy y su magazín cultural del domingo: Hoy domingo. Dentro de este conjunto, fundamentalmente en los redactores de Hoy, se postulaba el rescate y la revalorización del pasado cultural cubano como fortaleza para enfrentar al imperialismo estadounidense, pero algunos de sus miembros ciertamente asumieron o se acercaron a los lineamientos del «realismo socialista» para impulsar esos objetivos. Por supuesto, a nivel de individualidades las posiciones ideológicas eran más variadas.

Fuente: Granma

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